Un estudio publicado el 26 de agosto en Communications Earth & Environment, basado en 156 sitios de monitoreo, encontró un deterioro significativo del permafrost en distintas regiones del planeta. En más del 90% de los sitios analizados en montañas europeas y en zonas asiáticas de gran altitud se registró un aumento del espesor de la capa activa.
Ese proceso importa especialmente en el Himalaya. Cuando el suelo congelado se descongela, puede debilitar las estructuras que mantienen unidas las rocas y facilitar desprendimientos y deslizamientos.
El efecto dominó del calentamiento global
Los científicos observan una cadena de riesgos: retroceso de glaciares, formación y crecimiento de lagos glaciares, descongelamiento del permafrost y mayor inestabilidad de las laderas.
No todos los desastres tienen el mismo mecanismo. Algunos son inundaciones por desbordamiento de lagos glaciares; otros, como el ocurrido en Nepal, están asociados con el colapso de masas de hielo y roca. Pero todos forman parte de un paisaje de montaña que está cambiando rápidamente.
El Himalaya se calienta aproximadamente al doble del promedio global y concentra una enorme cantidad de hielo fuera de las regiones polares. Eso convierte a sus valles densamente poblados en zonas particularmente vulnerables.
El gran desafío: detectar el próximo desastre
La tecnología puede ayudar, pero no elimina el problema. Los satélites permiten observar el retroceso de glaciares y detectar cambios en lagos y laderas. Sin embargo, el permafrost necesita mediciones directas mediante sensores instalados en terrenos remotos.
El monitoreo también resulta costoso y complejo. Muchas de las laderas potencialmente inestables se encuentran en lugares donde no hay población ni instrumentos de vigilancia permanente.
El resultado es una paradoja: los científicos saben que el riesgo aumenta, pero todavía no pueden determinar con precisión dónde y cuándo ocurrirá el próximo colapso.
Nepal como advertencia para el mundo
La tragedia del Himalaya se inscribe en un fenómeno planetario más amplio. El calentamiento global está aumentando la frecuencia o intensidad de múltiples extremos climáticos y alterando sistemas naturales que durante siglos funcionaron como barreras frente a determinados riesgos.
En las montañas, la transformación de la criosfera —el conjunto formado por nieve, hielo y permafrost— puede convertir una alteración aparentemente lenta en un desastre repentino.
El desastre de Nepal deja así una conclusión incómoda: el cambio climático no solo está elevando las temperaturas. También está modificando la estabilidad física de las montañas.
Y los investigadores advierten que el episodio del 26 de agosto puede no ser una excepción, sino una señal de lo que viene.
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