Sin embargo, el espacio para el periodismo crítico se redujo durante el gobierno de Vladímir Putin. La invasión rusa de Ucrania, iniciada en febrero de 2022, aceleró ese proceso y estableció nuevas restricciones para los medios que no reprodujeran la versión oficial del Kremlin.
Censura, investigaciones y presión económica
Novaya Gazeta suspendió su edición impresa en marzo de 2022, después de recibir advertencias por su cobertura de la guerra. Las nuevas disposiciones legales establecieron penas de prisión para quienes difundieran información considerada falsa por las autoridades sobre las Fuerzas Armadas o desacreditaran al Ejército ruso.
El periódico intentó continuar su trabajo dentro de esos límites, pero enfrentó nuevas medidas. Las autoridades bloquearon sus plataformas digitales, revocaron su registro como medio de comunicación y confiscaron sus instalaciones de impresión. También perdió la posibilidad de recibir aportes de sus lectores, una de sus principales fuentes de financiamiento.
La presión se intensificó durante 2026. En abril, las fuerzas de seguridad realizaron un operativo en las oficinas del diario y detuvieron al periodista y editor Oleg Roldugin, acusado de acceder y difundir información informática que contenía datos personales. El periodista quedó bajo arresto domiciliario mientras avanza la causa judicial.
En septiembre, las autoridades incorporaron a Novaya Gazeta a la lista de organizaciones consideradas agentes extranjeros. La clasificación también alcanzó a periodistas y colaboradores vinculados con la publicación.
En octubre, el director de la redacción, Serguéi Sokólov, fue sometido a un interrogatorio después de que la policía registrara su domicilio. A esto se sumó la notificación de desalojo de la sede histórica del periódico, ubicada en el centro de Moscú.
El cierre de las vías de financiamiento y la pérdida de las oficinas terminaron de comprometer la continuidad de la redacción.
Dmitri Muratov y la libertad de expresión
Uno de los nombres centrales de Novaya Gazeta es Dmitri Muratov, cofundador y antiguo director del periódico. En 2021 recibió el Premio Nobel de la Paz, compartido con la periodista filipina Maria Ressa, por sus esfuerzos en defensa de la libertad de expresión.
El reconocimiento internacional no impidió que continuaran las amenazas contra el equipo. En abril de 2022, Muratov fue atacado durante un viaje en tren, cuando un agresor le arrojó pintura roja mezclada con una sustancia química. El episodio le provocó lesiones oculares.
La historia del periódico también está atravesada por el asesinato de seis de sus periodistas y colaboradores. Entre ellos se encuentra Anna Politkóvskaya, reconocida por sus investigaciones sobre la guerra de Chechenia y las violaciones de derechos humanos. Fue asesinada el 7 de octubre de 2006 frente a su departamento en Moscú.
Otros periodistas vinculados con la publicación, como Ígor Domnikov y Yuri Shchekochijin, también fueron asesinados. Sus muertes convirtieron a Novaya Gazeta en un símbolo de los riesgos que enfrenta el periodismo de investigación en Rusia.
Al anunciar el cierre, Muratov cuestionó el cumplimiento de la Constitución rusa, cuyo artículo 29 establece la prohibición de la censura. «No morimos, nos mataron», afirmó, en referencia a la responsabilidad que atribuye al Estado en la desaparición del periódico.
Qué queda de la prensa independiente en Rusia
El cierre de Novaya Gazeta no implica la desaparición de todos los proyectos periodísticos vinculados con su historia. En 2022, después de la invasión de Ucrania, parte de su equipo abandonó Rusia y fundó Novaya Gazeta Europe, con sede en Letonia. Esa redacción continúa trabajando desde el exilio, aunque las autoridades rusas también la declararon una organización indeseable, lo que impide su actividad legal dentro del país.
La diferencia entre ambas publicaciones es importante: la edición de Moscú, que mantuvo durante años una presencia dentro de Rusia pese a las restricciones, dejará de funcionar, mientras que el proyecto europeo continuará fuera del territorio ruso.
La clausura se produce en un contexto de persecución judicial, restricciones legales y exilio de periodistas independientes. Organizaciones internacionales de defensa de la libertad de prensa vienen documentando el encarcelamiento de trabajadores de medios y las limitaciones impuestas a las publicaciones críticas.
Con su última edición y el cierre previsto para el 9 de noviembre, Novaya Gazeta termina una trayectoria de 33 años. Su desaparición deja un interrogante sobre las posibilidades de sostener un periodismo independiente dentro de Rusia y sobre el alcance de las garantías constitucionales de libertad de expresión en el país.
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