Como dato de color, la protesta se produjo apenas una semana antes de la quinta Marcha Federal Universitaria, prevista para el 15 de octubre. Es decir, ya hay un conflicto universitario judicializado y con una movilización nacional en puerta. No hace falta inventarle una revolución para entender por qué la temperatura está alta.
Eduardo Feinmann vio una revolución donde hubo una sentada estudiantil
Y entonces apareció Eduardo Feinmann, que vio la sentada universitaria y decidió que el episodio necesitaba, además de estudiantes y policías, una temporada completa de House of Cards. "Esto es Grabois puro", lanzó Feinmann al analizar la protesta, en referencia al dirigente de izquierda.
Aunque el plato más fuerte llegó después: "Para el gobierno este es un acto terrorista y con terroristas no se negocia, con violentos no se negocia". Feinmann aclaró que esa calificación no era propia, sino que estaba transmitiendo la posición oficial. De todas maneras, en el resto de su análisis, se dedicó a construir su propia teoría sobre lo ocurrido.
Eduardo Feinmann calificó la protesta de "antidemocrática", "prerrevolucionaria" y parte del "manual del golpista", mientras transmitió que para el Gobierno se trató de un "acto terrorista". Foto: A24
"Y estas pequeñas cosas que estamos viendo, porque tiene que ver con desordenar para que el gobierno no termine su mandato el 10 de diciembre del año que viene", afirmó. Luego agregó: "Lo quieren sacar a patadas". Ahí directamente mostró el gran descubrimiento de la jornada: "Esto que ocurrió en el Palacio Pizzurno es un ejercicio de tipo antidemocrático y un ejercicio prerrevolucionario, pero en el mal sentido".
Por si faltaba algo, Feinmann lo definió como "artículo 1 del manual del golpista" y describió una supuesta escalera revolucionaria: "Entro en un lugar, tomo y veo cómo reacciona la autoridad. Si no reacciona, me siento en la entrada; sino voy y me meto en el despacho. Veo si la autoridad no reacciona, voy y tomo otro ministerio. Y si no reaccionan, voy y empiezo a tomar las calles".
La secuencia imaginada por el periodista termina, claro, en la Casa de Gobierno: "Veo cómo va reaccionando la autoridad y sino, me meto en la casa de gobierno y lo echo a patadas al presidente. Y le desordeno todo".
Feinmann no se limitó a criticar una ocupación de un edificio público (algo perfectamente discutible y sobre lo que puede haber argumentos jurídicos y políticos de ambos lados). Fue armando una cadena hipotética en la que la sentada de anoche pasa a ser el primer capítulo de una supuesta estrategia para echar a Javier Milei de la Casa Rosada.
La ironía es que hay una ley aprobada y un fallo judicial que ordenó aplicarla, pero el Gobierno se niega a implementarla escudándose en el presupuesto. Con eso alcanza y sobra. No hacía falta convertir a los estudiantes en una columna revolucionaria camino a Balcarce 50.
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