La recuperación de las emisiones exigió recurrir a medios alternativos. RTÉ volvió a ofrecer información desde el Roadcaster, su estudio móvil, y el presentador David McCullagh pudo entrevistar por teléfono al primer ministro irlandés. Newstalk retomó posteriormente su programación tras recibir autorización para regresar a sus oficinas. Los distintos tiempos de recuperación muestran que el operativo no tuvo una única resolución para todas las sedes: mientras unas recuperaban el acceso, otras mantenían sus emisiones mediante recursos de respaldo.
Una cuenta atrás para sembrar miedo
El remitente no se limitaba a anunciar una supuesta bomba: presumía de haber convertido las falsas alarmas en una herramienta de desgaste. “Conseguimos provocar un pánico generalizado y obligar a las autoridades europeas a gastar una fortuna en todos estos procedimientos”, sostenía el correo. En esa frase, el coste de los operativos aparecía como un resultado buscado. Su relato presentaba las inspecciones y los despliegues como una victoria propia, independientemente de que los avisos anteriores hubieran terminado sin hallazgos de explosivos.
El texto incorporaba además la palabra inglesa “multithreading”, un término informático relacionado con la ejecución concurrente de tareas, para describir sus supuestos experimentos. En este contexto, parecía aludir al envío de amenazas simultáneas, aunque el correo no explicaba qué procedimiento había utilizado ni aportaba pruebas de una capacidad técnica especial. La elección de ese vocabulario contribuía a construir una imagen de organización sofisticada: el autor quería que los destinatarios interpretaran la sucesión de avisos como una operación planificada, una afirmación que todavía debe comprobarse.
Otro tramo intentaba trasladar la amenaza al interior de los propios países afectados. “Estamos reclutando a residentes de vuestros países que cooperan activamente con nosotros”, aseguraba, antes de atribuirse acceso a dispositivos, servidores y cuentas comprometidos tanto dentro como fuera de Europa. Ningún elemento del mensaje permitía verificar esas afirmaciones. Su efecto intimidatorio consistía en sugerir que el emisor disponía de colaboradores cercanos y recursos distribuidos, capaces de actuar desde lugares distintos y de dificultar la identificación de quienes enviaban los avisos.
La escalada verbal culminaba con amenazas contra aviones, cruceros, estaciones de metro y trenes y una frase dirigida a los viajeros: “Recomiendo tomar unas vacaciones en avión mientras todavía tengáis la oportunidad”. El autor buscaba extender la incertidumbre desde las redacciones hasta actividades cotidianas y desplazamientos futuros. También explicitaba su interés por conseguir notoriedad: “Queremos que todo el mundo sepa de nosotros”. Esa declaración permite leer el correo como un intento de obtener difusión mediante el miedo, sin que su publicación confirme la existencia del grupo ni la capacidad de ejecutar los ataques que anuncia.
Una identidad que sigue sin verificarse
La Policía irlandesa, An Garda Síochána, confirmó que investiga las amenazas y mantiene contacto con los medios afectados, mientras los agentes inspeccionaban sus instalaciones. En el campus de RTÉ, en Donnybrook, participaron integrantes de la unidad de respuesta armada. La cadena explicó que la seguridad de sus trabajadores era prioritaria y que la recuperación de los servicios habituales se decidiría en coordinación con las autoridades. Las evacuaciones están documentadas; la existencia del explosivo anunciado en el correo no quedó acreditada por el mensaje.
Las pesquisas también deben esclarecer el alcance internacional de los avisos. Reuters informó de correos enviados a RTÉ y a la televisión búlgara Nova bajo el encabezado “Mensaje a Occidente”, mientras la cadena británica Sky comunicó haber recibido una amenaza de seguridad. La agencia no pudo verificar quién utilizaba el nombre de “Mikhail Andropov”, desde dónde se enviaron los mensajes ni si procedían de los responsables de las alertas aéreas. La reivindicación del remitente es, por tanto, un elemento de la investigación, no una conexión demostrada entre todos los episodios.
El primer ministro, Micheál Martin, pidió mantener la calma y señaló la facilidad con la que estas acciones pueden interrumpir el funcionamiento cotidiano y generar ansiedad. Su intervención llegó después de que RTÉ recuperara la emisión informativa mediante recursos alternativos. El desafío inmediato es recuperar la actividad con seguridad y esclarecer el origen de los avisos, mientras las autoridades comprueban si las distintas redacciones recibieron una amenaza coordinada o mensajes que imitan los incidentes anteriores.
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