Estalla la polémica inmobiliaria de Diego Simeone: más de 180 pisos en sociedades

Un reportaje pone bajo la lupa las inversiones que comparte con Carla Pereyra, con cerca de 40 millones de euros en activos en plena crisis de vivienda.

Diego Simeone quedó bajo la lupa por el negocio inmobiliario que comparte con Carla Pereyra, con más de 180 pisos en Madrid y cerca de 40 millones de euros en activos. Un programa de laSexta examinó sus inversiones en plena crisis de vivienda, cuando acceder a una casa concentra el malestar social en España.

La dimensión de esa cartera tiene detrás una carrera situada también en la cima económica del fútbol, porque el argentino figura entre los entrenadores mejor pagados. El relevamiento de L’Équipe publicado en abril, recogido por AS, estimó su salario en 2,17 millones de euros brutos mensuales, unos 26 millones anuales, mientras Pereyra lleva las riendas de una actividad empresarial que pasó de comprar viviendas para alquilar a invertir en edificios completos y nuevas promociones. Las cuentas de 2024 citadas por el reportaje permiten dimensionar esa expansión, aunque los activos declarados corresponden a bienes y recursos de las sociedades y no equivalen a ganancias personales del técnico.

Ese poder económico introduce un contraste incómodo con el relato de resistencia que el entrenador ha construido alrededor del Atlético, cuya identidad reivindica el esfuerzo de disputar títulos frente a rivales con mayores recursos. La diferencia presupuestaria con Real Madrid y Barcelona no convierte al Cholo en un representante de quienes compiten desde abajo en todos los ámbitos, ni la identificación popular de la institución se traslada automáticamente a sus negocios. Mientras en el campo sostiene esa épica de lucha, fuera de él participa de una cartera de propiedades de gran escala, precisamente cuando miles de familias encuentran cada vez más difícil pagar un alquiler. El debate coloca así frente a frente la imagen cercana del referente rojiblanco y su posición como gran propietario en el mercado de la capital.

Carla Pereyra y la expansión del negocio más allá del alquiler

Para entender cómo creció la actividad hay que mirar a Pereyra, esposa del entrenador y administradora única de Carpesim SL, la sociedad mediante la que el matrimonio gestiona parte de sus inversiones. En Equipo de Investigación, la periodista Cote Villar, subdirectora de Vanitatis, la describió como el motor del negocio por su conocimiento del sector, una experiencia que precede a su relación con el técnico. Así, mientras la carrera deportiva aporta una importante fuente de ingresos, las propiedades están bajo la gestión de una empresaria que ya realizaba inversiones desde su juventud, según explicó el programa.

Esa trayectoria ayuda a entender una estrategia que fue cambiando de escala, porque la compra de pisos para arrendar dio paso a operaciones sobre edificios completos, con presencia en zonas como Salamanca y Chamberí. La actividad también tiene una vidriera comercial en MyLocation, el portal desde el que se ofrecen inmuebles en alquiler y se comercializan nuevas promociones, conectando la adquisición de propiedades con su gestión y la búsqueda de clientes.

El salto hacia la construcción aparece en Tres Cantos 1415, otra sociedad con la que adquirieron un terreno de casi una hectárea al norte de Madrid, donde proyectan dos edificios con 140 viviendas. Según la información de Vanitatis, la operación ya habría requerido una inversión superior a 4,8 millones de euros, aunque esas unidades todavía forman parte de una promoción en desarrollo. El proyecto amplía así la actividad del matrimonio hacia la creación de nueva oferta residencial, además de la explotación de los inmuebles que ya posee.

Las cuentas, sin embargo, ofrecen una perspectiva menos espectacular que el volumen de propiedades, porque Carpesim declaró 330.782 euros de ingresos por alquileres y pérdidas de 472.172 euros en el ejercicio 2024. Al corresponder a una sociedad y a un año concreto, ese resultado no permite calcular cuánto obtiene el matrimonio del conjunto de sus inversiones, pero sí muestra por qué una cartera millonaria de activos puede convivir con un ejercicio en números rojos. Para medir la rentabilidad, también cuentan los gastos y las obligaciones asociados a mantener y desarrollar el negocio.

Diego Simeone y Carla Pereyra, juntos en el estadio Metropolitano, donde el argentino dirige al Atlético de Madrid.

Una casa para vivir o cientos para invertir, el cuestionamiento a los grandes propietarios

El negocio del entrenador quedó expuesto en un momento en que el desahucio de Maricarmen había llevado al centro del debate la protección de quienes necesitan una vivienda para vivir. Esa coincidencia dio otra dimensión a las cifras del reportaje, porque permitió contrastar la acumulación de propiedades con la fragilidad de quienes dependen de un alquiler para conservar su hogar. El periodista y analista Antonio Maestre expresó ese cuestionamiento durante el programa al afirmar que “eso no puede ser protegido de la misma manera que el derecho a que una persona tenga una casa para vivir”.

La discusión conecta con las protestas por la vivienda que recorren distintas ciudades españolas, donde el reclamo apunta a las dificultades para permanecer en un barrio o acceder a un alquiler compatible con los ingresos. En ese contexto, disponer de capital para adquirir edificios completos supone una capacidad de negociación muy distinta de la que tiene una familia que busca su primera casa. El colaborador de laSexta describió cómo las compras por paquetes pueden facilitar descuentos y nuevas adquisiciones, aunque los precios que utilizó como ejemplo no corresponden a operaciones acreditadas del matrimonio.

El caso de Maricarmen concentra el otro extremo de esa desigualdad de recursos, al mostrar cómo la pérdida de una vivienda puede comprometer mucho más que un techo, desde el arraigo hasta la estabilidad cotidiana de una persona mayor. No existe un vínculo empresarial documentado entre su desahucio y las propiedades de Simeone; la relación que planteó el programa es social y política, alrededor de cuánto debe pesar la necesidad de conservar un hogar frente al interés económico de quien posee numerosos inmuebles.

Desde ese contraste surge la propuesta de una fiscalidad más exigente para los grandes patrimonios inmobiliarios que defendió el periodista, dentro de una discusión sobre cómo orientar las viviendas hacia su uso residencial. El foco pasa así de la fortuna de un entrenador a las reglas del mercado y a la respuesta de las instituciones, porque retirar del debate a un propietario conocido tampoco resuelve la tensión que Maricarmen y las movilizaciones han hecho visible. Lo que está en disputa es cómo proteger a quienes necesitan una casa cuando su permanencia depende de decisiones tomadas por actores con una capacidad económica muy superior.

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