Ahí empieza la parte más dura del relato. Los accionistas afirman que el acuerdo fue refrendado el 11 de mayo, incluso después de aceptar nuevas peticiones de los compradores, entre ellas un aplazamiento de pago y una reducción del precio. Sin embargo, el 27 de mayo, a pocos días del vencimiento de la exclusividad, Ramos y sus asesores habrían comunicado que no cumplirían las condiciones pactadas y presentaron una fórmula completamente distinta. Para los vendedores, ese movimiento no fue una renegociación de último momento, sino la confirmación de un plan que, según denuncian, “estaba preparado desde hace meses”.
Sergio Ramos y Martín Ink
Sergio Ramos y Martín Ink aparecían como caras visibles de la compra del Sevilla, pero los accionistas sostienen que el respaldo inicial de Five Eleven se diluyó en la recta final y que DMI terminó ocupando el centro de una operación ya rota.
FOTOS: ARCHIVO / CRISTINA QUICLER / AFP
La oferta que dinamitó la venta
El comunicado de los accionistas llega después del giro que ya había dejado la operación contra las cuerdas. Hace apenas unos días, la propuesta de Ramos, Five Eleven Capital y el entorno de Ink había pasado de una compra mayoritaria cercana a los €450 millones a una nueva fórmula de alrededor de €220 millones, repartida entre una compra menor de acciones y una inyección de capital mucho más pesada.
Ahí estaba el centro del conflicto. La operación original apuntaba a una venta directa de los grandes paquetes accionariales, con el grupo comprador pagando por quedarse con el control del Sevilla. La nueva propuesta, en cambio, reducía el dinero destinado a los vendedores y trasladaba buena parte del esfuerzo económico a la ampliación posterior, un camino que podía permitir al grupo entrar con menos compra directa y ganar poder desde dentro del club.
Según lo publicado entonces por ABC Sevilla, Ramos habría planteado comprar unas 32.000 acciones por unos €100 millones, lo que tras la ampliación representaría cerca del 18% de la entidad. El resto llegaría mediante una inyección de aproximadamente €120 millones, con la que el grupo aspiraba a sumar otro 42% y alcanzar una mayoría cercana al 60%.
Para los accionistas, ese cambio rompía la lógica de todo lo negociado. El Sevilla necesita capital, pero esa ampliación no era presentada por los vendedores como una concesión para abaratar la compra, sino como una exigencia posterior para sanear la entidad. Por eso la nueva fórmula fue leída como una rebaja encubierta: menos dinero para quienes vendían sus acciones y más capacidad de control para los compradores.
Cláusula penal, confidencialidad y otros compradores
La ruptura ya entró en terreno jurídico. Los accionistas aseguran que enviaron una comunicación directa a Ramos y Five Eleven para denunciar el incumplimiento del acuerdo, reclamar el pago de la cláusula penal y advertir que podrían exigir otros daños y perjuicios. También exigieron que cese cualquier filtración o uso de información vinculada a las cuentas del club, conocida durante la due diligence y protegida por acuerdos de confidencialidad.
Ese punto es uno de los más sensibles del comunicado. Los vendedores sostienen que desde el entorno de Ramos se estaría difundiendo una versión sobre la situación económica del Sevilla que no se ajusta a la realidad y que daña la reputación de la entidad. Para ellos, la delicada situación financiera del club no puede usarse como argumento para alterar unas condiciones ya pactadas ni como herramienta de presión en el tramo final de la negociación.
Mientras tanto, el Sevilla vuelve a mirar otras salidas. En el comunicado, los accionistas afirman que ya trabajan para recuperar propuestas de grupos sólidos que habían quedado suspendidas durante el período de exclusividad concedido a Ramos y Five Eleven hasta el 31 de mayo de 2026. Esos contactos, según la nota, ya se reanudaron desde este lunes.
La venta, que hace apenas dos semanas parecía encaminada, terminó rota, con amenaza legal y con una herida pública difícil de cerrar. Ramos pasó de ser presentado como garantía emocional de la operación a quedar señalado por los propios accionistas como parte de un presunto incumplimiento. Y el Sevilla, otra vez, queda obligado a buscar comprador mientras intenta sostener una recuperación económica y deportiva que no admite mucho más margen.
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