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La desaparición de Rubens y la tortura de su hija de 15 años

Demorada pero necesaria revisión de desapariciones forzadas de personas durante la dictadura militar en Brasil. Hay una amnistía vigente pero también hay algunos acontecimientos no cubiertos por la amnistía. Y un relato tremendo, de Eliana Paiva, hija de Rubens Beyrodt Paiva, ingeniero civil y político brasileño, diputado federal por el Partido Trabalhista Brasileiro, integrante de la Comisión Parlamentaria de Investigación de las organizaciones ilegales IPES-IBAD (Instituto de Pesquisas e Estudos Sociais – Instituto Brasileiro de Ação Democrática).

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Rubens Paiva, Mário Alves de Souza, Stuart Angel Jones y Carlos Alberto Soares de Freitas fueron detenidos por los organismos de seguridad brasileños en 1971, y desaparecieron.
 
Paiva y Alves de Souza, de acuerdo a testimonios, fueron torturados y asesinados en el DOI-Codi, en la calle Barão de Mesquita. 
 
Stuart Angel foi atado y arrastrado con su boca en el caño de escape de un vehículo en la Base Aérea do Galeão. 
 
Carlos Alberto, 'o Beto', murió en la Casa da Morte, centro de tortura clandestino de las Fuerzas Armadas en Petrópolis, en la Región Serrana de Rio. 
 
Sus cuerpos nunca aparecieron. Los 4 casos se encuentran entre los 39 que en Rio de Janeiro y Espírito Santo fueron reabiertos por el fiscal militar Otávio Bravo. 
 
"El Supremo Tribunal Federal equiparó la desaparición forzada, cuando fuese hecho por agentes del Estado, y el crimen de secuestro, que permanece mientras no aparezca la persona o su cuerpo. El crimen sucedió antes de 1979 pero ¿acabó antes de 1979? Como esas personas, inclusive Rubens Paiva, siguen desaparecidas, la racionalidad jurídica consiste en que el secuestro continúa en curso. Si el cuerpo apareciera, el crimen sería el ocultamiento de cadáver", explicó Bravo.
 
De acuerdo a estos conceptos, no son hechos cubiertos por la Ley de Amnistía que benefició a todos los crímenes ocurridos antes de 1979.
 
Bravo intenta recuperar los archivos del Supremo Tribunal Militar como el expediente del caso Rubens Paiva, de 1986. Esa documentación fue abierta después del regreso de la democracia. Los militares presionaron y, por decisión de la Procuración General Militar de ese años, fue archivado. Bravo todavía no obtuvo los originales del expediente.
 
Cien oficiales de reserva de las Fuerzar Armadas de Brasil difundieron el 16/02 un documento llamado “Manifesto à Nação” (Manifiesto a la Nación), que se difundió en el website (y luego fue retirado) del Clube Militar, con críticas a la presidente Dilma Rousseff y a sus ministras Maria do Rosário (Derechos Humanos) y Eleonora Menicucci (Secretaria de Mujeres), y a la creación de la Comisión de Verdad ("un acto inconsistente, de revanchismo explícito y de afrenta a la Ley de Amnistía, con el beneplácito, inaceptable, del actual gobierno"). 
 
Celso Amorim ordenó a los 3 comandantes de las FF.AA. que sancionen a los 100 oficiais de la reserva firmantes del documento crítico, por indisciplina.
 
En un comunicado posterior, los oficiales jubilados criticaron que se retirase su manifiesto del website y al ministro de Defensa, Celso Amorim, por haberlo ordenado. Acerca de él, se le negó "cualquier tipo de autoridad o legitimidad".
 
Con Luiz Inácio Lula da Silva en el poder, la izquiera del Partido dos Trabalhadores nunca logró instalar la Comisión de Verdad. Ahora sí lo han logrado.
 
El diario O Globo entrevistó a la hija de Rubens Paiva, Eliana Paiva: 
 
RIO DE JANEIRO (O Globo). Hay muchas historias perdidas y familias sin respuesta en Brasil. Los pedazos de información que se tiene acerca de los desaparecidos políticos muestran la cara de un régimen que torturó, mató y ocultó cadáveres. La democracia, en 27 años, no logró romper el obstáculo de los militares a las investigaciones. En el caso de Rubens Paiva, es evidente la culpa de las Fuerzas Armadas.
 
Día feriado en Río de Janeiro, un día soleado aquel 20 de enero 1971. Rubens Paiva vio a su hija Eliana, de 15 años bajar las escaleras de la residencia junto al mar, en el número 80 de la Delfim Moreira, en Leblon, mientras conversaba con su amigo Raúl Riff. Le pidió un beso a su hija.
 
Eliana iba a vivir su propio horror. Cuando ella regresó de la playa, la casa había sido invadida, y su padre fue arrestado. Fue amenazada por un militar con un cable eléctrico. Al día siguiente fue llevada detenida, encapuchada, con su madre, el DOI-CODI. Ella habló por primera vez después de 40 años con GloboNews.
 
-Eliana, ¿qué recordás de tu padre?
 
-Mi padre era un personaje muy alegre, muy feliz. Él había sido privado de sus derechos en 1964. A partir de ahí, sufrió 9 meses en el exilio. Iban a ser más pero en un momento dado, volvió a casa en São Paulo. Había tomado un avión a través de Buenos Aires o Uruguay, no recuerdo bien, y logró salir con pasaporte de diplomático o inmunidad diplomática, un pasaporte que es de color rojo. Así, de esa manera, él fue pasando por aeropuertos, hasta llegar a São Paulo. Recuerdo que, a finales del '64... Es decir, su anulación de derechos estuvo en las primeras o segundas listas de diputados nacionales. El exilio fue a partir de junio. Después del 31 de marzo, del intento revolucionario o golpe militar, él quedó en la embajada de Yugoslavia hasta junio, julio... Se fue a Yugoslavia, de ahí se fue a otros países europeos. Y 9 meses más tarde llega a casa por la puerta trasera. Las empleadas se asustaron. Él explicó a su manera, que de repente, decidió "volver a casa. Basta, yo estuve exiliado demasiado tiempo, nadie hará nada por mí. Estoy libre de juicios, de todos modos".
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-Sobretodo porque no había ninguna acusación en su contra...
 
-Tenía. Hubo una acusación en el momento de las actuaciones contra el Ibad…
 
(N. de la R.: Instituto Brasileiro de Ação Democrática (Ibad), organização anticomunista fundada en mayo de 1959, por Ivan Hasslocher. Tenía una entidad gemela, el Instituto de Pesquisas e Estudos Sociais (Ipes). En 1998, el general Hélio Ibiapina reveló al diario Folha de São Paulo que el Ibad tenía vínculos con la CIA estadounidense, y que el general Castelo Branco le encomendó corroborar esa sospecha. El Ibad fue cerrado en diciembre de 1963 por orden judicial). 
 
-Fue una actuación parlamentaria...
 
-Parlamentaria. Ahora, actuación política, de izquierda, que realmente agrediera a los militares... a no ser eso, que fue denunciar el Ibad... que fue algo muy serio dentro del gobierno militar porque probaba la aplicación errada de una serie de fondos utilizados por personas que luego lideraron el régimen. A partir de entonces, mi padre tuvo tantos problemas... Su personalidad era vivaz: "Estoy lejos de mi familia en Europa, es todo muy aburrido aquí, voy a volver a casa". Y así fue que sucedió.
 
-Y en casa, ¿como era como un padre?
 
–Papá trabajaba mucho. Él era protagonista de todo grupo social en el que estaba involucrado, incluso en su propia profesión de ingeniero civil. Él tenía una empresa de ingeniería. Y cuando se convirtió en diputado nacional, tenía un grupo de amigos, de diputados muy activos. Como padre, él estaba presente entre nosotros, los 5 hermanos. La vida pública, todo el mundo lo sabe, cualquier político, cualquier diputado, principalmente en los años '60, era muy intensa. Su generación era muy exigente en relación a las discusiones, las conversaciones, los debates. A pesar de la corta edad de todos. Fue una generación muy importante para Brasil. La generación de los años '50 es la de Celso Furtado, de Fernando Henrique Cardoso, en fin, de todas estas personas...
 
-¿Viste el arresto de tu padre?
 
-Sí. Antes me preguntaste acerca de su personalidad... Justamente por ser una persona muy activa, comenzó a sentirse limitado en Sao Paulo. Papá no podía trabajar más de la forma en que estaba trabajando, consiguió un empleo en Río de Janeiro, como ingeniero civil, pero aún así, no podía firmar nada porque era un diputado sin derechos. Todas sus cuentas como ingeniero civil estaban vinculadas al gobierno, porque él hacía puentes y carreteras. Las obras implican fondos federales, entonces él no podía aparecer. Consiguió un trabajo en Río, entró como socio en una empresa. Nos mudamos a Río de Janeiro. Lo primero que hizo fue alquilar una casa frente a la playa de Leblon, y nos mudamos allí. Una vez más regresó la personalidad alegre, las ganas de vivir, la playa, Río de Janeiro, que del '65 en adelante fue una ciudad muy especial. Sucedían muchas cosas en Río de Janeiro, que no sucedían en São Paulo. Para él, era muy importante. Tanto es así que fue detenido en Río de Janeiro. 
 
-A eso es lo que estoy tratando de llegar. ¿Cómo fue esa detención? 
 
-Raúl Ryff, periodista y asesor de prensa de João Goulart, sin derechos también, ya había regresado a Río de Janeiro, después de estar un tiempo en Europa. Raúl Ryff vivía cerca, en el condominio de periodistas, que todavía existe en Leblon. Es decir: algunos periodistas, un número de periodistas que vivían allí, compraron departamentos en ese lugar. Y quedaba a 3 cuadras de casa. Así que Raúl Ryff, por la mañana, salía hasta casa, buscaba a mi padre e iban a la playa a caminar, conversar, conocer gente. Era lo que más les gustaba hacer. Un día me desperté y me levanté, era feriado, estaban los dos sentados en un sillón, una especie de jardín que teníamos. Ryff y mi padre, los dos conversando. Entonces me puse una bikini, una salida de baño, recogí mis cosas. Yo tenía un grupo en la playa, como todo el mundo tenía cuando adolescente, tenía 14 años, 15 años de edad. Recuerdo estar saliendo a las corridas, y que me dijo: "Ué, ¿no me vas a dar un beso?". Yo le dije: "Por supuesto." Le di un beso y Raúl me pidió un beso. Le di un beso a Ryff y me fui de la playa. Me fui a la playa con mi grupo, estuve allí un rato, y cuando volví… ¿Qué hora sería? Diez, once de la mañana... Cuando regresé a la una, dos de la tarde, entré a casa y mamá, lo recuerdo hasta el día de hoy, tenía los ojos saltados, quiero decir, nunca la había visto así. Ella estaba muy acongojada, hablando muy bajo y muy contenida. Le pregunté: "¿Qué pasó?" Ella me dijo: "Tu padre fue arrestado". Me llamó aparte. No había visto a los militares vestidos de civil, que se encontraban allí. Cuando entré a casa parecía que mi madre me estaba esperando. Mi hermana mayor estaba en Londres, yo era la 2da. más grande. Creo que por la edad. Ella me dijo: "Tu padre fue arrestado, vas a tener que salir y decirle a tu tío". Él era el cuñado de mi padre, casado con una hermana de mi madre, Cássio Mesquita Barros, aún hoy es abogado. "Vas tener que llamarlo y decirle a su familia que tu padre fue detenido". Yo jugaba al voleibol para el Botafogo en el equipo juvenil. Así que me vestí de Botafogo, agarré la mochila, me di una ducha, ahí ví, cuando estaba entrando, que tenía 3 o 4 hombres dentro de la casa. Me terminé de vestir el personaje, de jugadora de voleibol, bajé. Dije: "Me voy al club, tengo compromisos que no puedo dejar". Y me fui, no me iban a impedir salir. Y fui hasta el condominio de los periodistas donde estaba la mayor parte de mi grupo, en la casa de Ronaldo Pacheco y pedí el teléfono. Ronaldo Pacheco es hasta hoy día amigo mío. Ronaldo me dejó que llamara a mi tío, y logré hablar con él. Entonces no sabía si volvería a casa, pero tenía que pasar al menos una hora para decir que había ido a Botafogo, jugado y vuelto. Pasó una hora, una hora y media más o menos. No sé si Ronaldo se quedó conmigo, pero estuvimos caminando un poco. Le pedí que no apareciera, inclusive. Le dije poco de lo que sabía. Volví a casa, y cuando llegué a casa, uno de hombres más fuertes, estaba con un cable eléctrico en la mano y preguntó "¿Qué estabas haciendo en la calle". Lo miré y le dije: "Fui a jugar". "No, no estaban jugando, fuiste a avisar que tu padre fue detenido". Mi tío, ingenuamente, había llamado a casa de mi madre, para preguntarle qué había sucedido. Y el teléfono estaba 'pinchado'. ¿Cómo 'pinchaban' el teléfono en esa época? Había varias extensiones de la casa. Cada uno tenía una. En el momento en que sonaba, alguien respondía y alguien escuchaba en la extensión. Todavía era una cosa precaria. Yo no sé si en realidad estaba 'pinchado'. Fue muy duro porque logré sentarme en la habitación con este sujeto que estaba completamente trastornado –ni ví a mi madre en la sala- y traté de calmarlo. Le dije: "Mira, fui a decirle a mi tío, porque no sabemos lo que está sucediendo, por favor, baje ese cable eléctrico, porque no va a hacer nada con eso". Y luego tuve la sensación que se calmó. Yo creo que vio ese ambiente familiar absolutamente libre de militancia. Mamá,  empleadas... en fin, mi padre era un burgués, un empresario exitoso. Y la cosa se calmó. Así que pudimos dormir. Tengo la impresión de que mis 3 hermanos Marcelo y Beatrice. Ana Lucía había ido a casa de unos amigos, creo. 
 
–Llegaste a ser detenida. ¿Cómo fue ese episodio?
 
-Sí. Los días 20 y 21, nos quedamos en casa. Arresto domiciliario. Nadie entraba, nadie salía. 2 amigos nuestros, jóvenes, Nelson Prado, hijo de la señora Yolanda Secchin Prado, además del novio de mi hermana mayor, pasaron por casa y fueron detenidos y llevados. No les sucedió mucho. Parece que solo fueron interrogados. No sé si fue ese día, es un testimonio que me gustaría dar, porque ha habido una serie de consecuencias: Ronaldo Pacheco, quien me recibió en su casa, también fue detenido. Era de mi edad, tenía 15 años. Parece que fue muy mal tratado, que fue muy torturado. A los 15 años. Supe de eso mucho después porque ocurrieron una serie de circunstancias que hizo que no nos encontráramos o que él no lo contara. Esto lo supe hace muy poco, cuando me pidió un documento para ver si podía presentar una demanda. Tuve que documentar que realmente había sido detenido, porque no había testigos. Eso sí, no sé exactamente por qué Ronaldo. Tal vez por las circunstancias de ser un niño grande. Él volvió a casa preocupado por mí, y lo atraparon. No vi cuando lo detuvieron. Creo que fue capturado en la entrada de casa. Y yo me enteré lo que sucedió. Eso fue el 21. Del 20 al 21. Al día siguiente, mi madre se despierta, yo dormí normalmente, no recuerdo si el clima había permanecido tenso, en fin .... yo era una muchacha, no podía encajar muchas cosas... y al día siguiente, mi madre me despierta y me dice, "Vestite que tenemos que tenemos que prestar declaración." Yo le dije: "¿Yo?" ... Sí... Me vestí, recuerdo haberme puesto una túnica bien negra y un pantalones bien discreto. Mamá se puso de nuevo muy nerviosa. A eso más o menos ded las 11, 11:30, nos pusieron en un Fusca (N. de la R.: Volkswagen Escarabajo). Después supe que ellos andaban en esos Fusca de aquí para allá, los fusquinhas. Nos pusieron en un Fusca y nos llevaron a Tijuca, a Barão de Mesquita en Tijuca, donde funcionaba el DOI-CODI en Río de Janeiro. En ese viaje a Tijuca, ellos se detuvieron frente al Maracaná y nos encapucharon. Una capucha que iba de aquí hasta aquí, a la altura del pecho. Estábamos sentados en la parte de atrás, un Fusca azul, y la radio pasando todo el tiempo las conversaciones entre los militares, el código, en fin, la guerra para ellos, que ellos mismo hablan de que la guerra era una guerra, ¿verdad? Que ellos ganaban o no ganaban.
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-¿Te acordás de lo que hablan en la radio?
 
–Hablaban en código. Siempre en código. Había un movimiento paralelo a lo que estaba sucediendo en la casa, había un control dentro de la casa. Ellos por afuera veían movimiento. Pero una cosa siempre me ha parecido muy ingenua. Uno encerrada dentro de un Fusca, encapuchada, parece un teatro, ¿verdad? Bueno, ahí nos detuvimos en el Barão de Mesquita, fuimos llevados al DOI-CODI, y me separaron de mi madre. Estábamos separados. Me registraron de arriba a abajo, en todos los sentidos, muy desagradable. Me revisó incluso un hombre.
 
-¿Él te tocó?
 
–Entera, en todos los rincones posibles. Yo todavía estaba todavía encapuchada. Olía muy mal esa capucha. A partir de ahí, nos separaron, a mi y a mi madre. Vi a a mi madre una vez en las 24 horas que estuve detenida. Nos pusieron en una especie de pasillo, que poco a poco se convirtió en un corredor polaco. Pasaban los policías y, o me daban un golpe en la cabeza, y me decían comunista, o trataban de abusar de mí. Y yo no sabía dónde estaba mi madre. Pero lo más terrible ese momento fue cuando empecé a oír las horribles torturas que tuvieron lugar. La gente pedía por el amor de Dios que dejaran de pegar.
 
-¿Estabas con capucha?
 
-Sí...
 
-Pero estabas escuchando...
 
-Estaba escuchando. Escuchando todo. Y eran torturas, tan monstruosas... Las personas gritaban....
 
-¿Qué escuchabas?
 
-Gritos. "Por el amor de Dios, ya basta", "Por amor de Dios, no me hagas eso". Y gritos, gritos, gritos… Griterío intermitente... Pero lo que más me chocó, me sorprendió también, pero me dejó más anestesiada, fue la violencia frente a mi. Había personas sentadas en el suelo, creo que eran muchachos de la universidad. Cada vez que pasaban un militar les daba una patada. No sé en qué región, pero le daban una buena patada, al punto que gritaban, trataban de controlarse, pero gritaban. Y empecé a ver que el castigo ocurría a mi lado, ya no era un castigo en la habitación de al lado. Después fui llevada para ser interrogada. El primer interrogatorio fue bastante cruel. El interrogador era un hombre que se hacía llamar "El Cirujano". En ese momento había un palo al costado, sangre en el suelo. Era una pequeña habitación de madera, cerrada sin ventanas. Había una mesa entre mí y él. Tenía una planilla grande frente a él, donde organizaba, tal vez, las vidas de todos lo amigos de mi padre y mi madre. Así que él me iba preguntando de algunos amigos de mi padre, entre ellos Waldir Pires, Raúl Riff, el grupo de mi padre en Río de Janeiro, o Bocayuva Cunha, si mal no recuerdo... estos tres eran los más cercanos a mi padre: Waldir, Bocayuva y Ryff. Había algunas otras personas "¿Quiénes son estas personas? ", preguntó. Yo le dije:"Son amigos de mi padre"… "¿Son terroristas", "No, no son terroristas", le contesté. "¿Vos sabías que tu padre es comunista?" “No sé si mi padre es comunista, pero debe conocer alguna cosa de Marx". Recuerdo que el interrogatorio fue en ese nivel. Hasta que se aparecieron con algo absolutamente absurdo, un trabajo mío. Yo había tenido una muy buena profesora de Historia, en Notre Dame de Sion, una escuela muy cara en Río de Janeiro, muy tradicional. Y en ese momento, estaba la revolución Checa. Así que yo había hecho un trabajo inmenso sobre la revolución en Checoslovaquia, sobre la liberación de liberación o juicio de Checoslovaquia, que por cierto fue una cosa muy hermosa, la Primavera de Praga... Lo hice junto a Raúl Ryff en el departamento de investigación del Jornal do Brasil… Ryff me abrió un montón... Ellos tomaron ese  trabajo y vinieron hacia mí y me preguntaron: "Así que vos también sos comunista". En primer lugar, preguntaron si mi padre era un comunista. Ellos pusieron el trabajo frente a mí y dijeron eso.
 
-¿Un trabajo escolar?
 
-Una obra de alguien de15 años de edad, en la escuela secundaria, acerca de la Primavera de Praga, que en realidad es algo muy romántico, muy interesante, que todos los periódicos informaron. No había secretos sobre la Primavera de Praga. Miré al interrogador. Recuerdo que yo estaba realmente muy enojada, muy humillada, fue una serie de sensaciones que mientras yo estaba anestesiada en aquel pasillo, esta vez la cosa me atrapó personalmente, porque ya estaba metiéndose con una obra que yo había hecho.
 
-¿Te sentiste amenazada personalmente?
 
-No llegó a eso en ese momento. Era una amenaza en relación a mi profesora, al conocimiento que yo estaba adquiriendo y a las cosas que estaba aprendiendo. Era la primera vez que empezaba a ver cuál era la realidad de la cárcel, la tortura y, finalmente, de la restricción de la expresión. Ellos estaban tomando mi trabajo escolar, hermoso, muy bien hecho. ¿Por qué no podía hablar si eso ya había salido en todos los periódicos?
 
–Usaron un trabajo escolar como prueba en su contra.
 
-En mi contra. Yo me quedé quieta. Todo lo que estoy diciendo era mi pensamiento de muchacha en ese momento. Pensé ¿cómo voy a responder? Era una sensación que venía directo a la garganta. ¿Cómo voy a responder algo que es parte de mi vida? Una cosa absolutamente natural en mi vida. La segunda reacción fue imaginar qué pasaría con Ilma, mi profesora. Me quedé preocupada y en silencio. Es decir, no dije nada más, decidí no decir nada más, porque yo no sabía las consecuencias. Y el clima fue empeorando hasta el momento en que alguien vino y le dijo al interrogador: "Médico Cirujano, lo necesitamos en la otra habitación..." Entonces él me miró y me dijo: "Sí, vete..." Yo me fui de nuevo. Me encapucharon. Luego, creo que actuó el Cirujano porque los gritos de la habitación eran enloquecedores...
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-¿Y vos cerca?
 
-No estaba tan cerca. Pero los gritos eran tan fuertes que lo podía oír.
 
-¿Eran gritos de voz masculina o femenina?
 
-Masculina. Voz femenina no escuché, en ningún momento. Salvo la mía. Después hubo un segundo interrogatorio, y empecé a llorar. Las lágrimas comenzaron a correr. Ya era demasiado violento. O porque ya había entendido dónde estaba, no sé...
 
-Pero vos sabías dónde estabas, que tu padre estaba allí, tu madre estaba allí...
 
-Una niña de 15 años de edad quería entender dónde estaba. De mamá y papá, no sabía. Mis padres tenían discernimiento para saber dónde se encontraban. Yo no.
 
-¿Pero no los viste allí?
 
-Encontré a mi madre una vez, te cuento. Pero, durante ese primer instante, hasta ser trasladado a una celda, yo no sabía dónde estaba, lo que me estaba pasando. ¿Por qué estoy recibiendo golpes en la cabeza? Cuando estás con capucha, trabajan los otros sentidos. Así que uno hace que sus otros sentidos funcionen y queda a merced de ellos. Me puse a llorar. Un cierto tiempo después, creo que una hora y media o dos, tuve un segundo interrogatorio. Me llevaron de nuevo. Entonces me crucé con mi madre, yo encapuchada y ella encapuchada en la puerta de la habitación, me dijo: "¿Todo bien, hijita?". "Todo bien, mamá, ¿y vos?". "Todo bien, cariño...". Y entonces salió cuando yo entré. Yo no vi a mamá, porque estaba encapuchada... Y no sé si me vio. Ella ni siquiera llegó a tocarme... Fue una voz mi mamá: "Hijita... ¿Todo bien?" Una voz muy dulce y luego me senté en la mesa ahora con una segunda persona, una segunda persona mucho más tranquila, agradable, más maduro… El pelo más blanco. No tenían ninguna identificación, tenía una placa de metal blanco.
 
-¿Para ocultar su nombre sería?
 
-Estaba vestido de civil y la insignia sugería una identificación, algo. Es decir, que ellos tenían una identificación de interrogador. No sé, y hasta es bueno saber qué tipo de identificación tenía el interrogador. Era una curiosidad. Entonces, en ese momento le dije al sujeto: "Escuchá, tengo 15 años de edad, la única cosa que sé de esta historia es que ustedes no tienen derecho a detenerme, y ustedes pueden detener hasta 24 horas. (Yo ignoro de dónde sabía eso). A partir de entonces no existe tal detención. Me gustaría que me sacara la capucha, porque me está molestando", me quejé. Me quejé durante 15 minutos y el sujeto me escuchó. Él era mucho más suave que el anterior. Le dije que me estaban tocando, que me golpeaban. Prometió que haría algo. Y me escuchó. Mi trabajo escolar todavía estaba en la mesa. Una vez más tuve miedo por mí y por mi profesora. Entonces comenzó una conversación: "¿Quién es tu padre? ¿Quiénes son los amigos de tu padre? ¿A quienes recibe en tu casa?". La cosa fue mucho más agradable. Yo no podía decir quién era amigo y quién no frecuentaba mi casa. Eso era una locura.
 
–Eso era una cuestión pública, además...
 
-Era una locura. No lo pude ocultar. Después de salir de la cárcel, le conté a todas las personas que había pronunciado sus nombres. Les dije: "Hablé de ustedes porque fui interrogada y tenía que recordar de quién se trataba…" Me volví por el pasillo. Me quitó la capucha, y me puso una venda en los ojos. Fue la mayor felicidad del mundo porque pude respirar mejor y pude comprender dónde estaba. Veía las botas o zapatos pasando, quién estaba de uniforme y quién no... Vi el tamaño del pasillo... Vi las piernas de los muchachos, universitarios, jóvenes que estaban sentados, y tuve la sensación de que la vida había vuelto un poco... Quiero decir, yo no estaba en una situación de muerte. Si andás con esa capucha, andás con una sensación de muerte. En ese momento, en ese corredor, hasta las seis de la tarde, más o menos, los gritos comenzaron de nuevo. Por tercera vez y con basatante violencia. Cada vez más violento..
 
-¿Qué sentías al escuchar esos gritos?
 
-Horrible. No sé la sensación ... Yo no podía entender lo que estaban gritando.. Pero podía sentir que las cosas estaban muy feas. Que era una cosa muy mala. Yo nunca había visto a nadie... No logro ver películas de violencia, nada, creo que desde esos gritos... Y luego comencé a llorar de forma compulsiva. Esa vez realmente me puse a llorar y me alguien pasó y avisó que yo estaba llorando... Una niña llorando, ¿verdad? Rubia, vida de playa, sin embargo... creo que alguien se dio cuenta de que algo andaba mal. Entonces me agarraron y me llevaron a una celda... me sacaron las vendas, me quedé adentro de una celda. Eran varias celdas... Todas medio abiertas, solo estaban cerradas un poco arriba... Tenía un baño y un colchoncito asqueroso en la cama... Permanecí en la celda de las seis de la mañana hasta el día siguiente. No fui interrogada. Y durante la noche se convirtió en una especie de dispensario, en frente... No podía ver porque estaba oscuro, pero tenía la impresión de que la gente tenía las manos atadas, encapuchadas y se colocaba en ese tipo de clínica. Como no había celda para todo el mundo, doy gracias a Dios que yo estaba sola en esa celda... No estoy segura si gracias a Dios o no, pero aquello era un dispensario de personas que habían sido detenidas ese día. No sé si me dormí, no me acuerdo... Sé que de mañana despierto con una cosa muy simbólica, porque comenzaban a cantar la canción de Roberto Carlos… "Jesucristo... Yo estoy aquí". Todo el mundo se despertó con esa canción... Mi sector se despertó con esa canción. Una locura, total y absoluta. Y en ese momento empecé a ver... Yo creo que llevaban a las personas que se encontraban en frente de la celda, se puso de manifiesto cuando el día se despejó un poco, y pude ver a los guardias, y yo no tenía capucha, no tenía nada de nada... Los guardias que patrullaban... No sé si las celdas... no volví nunca al lugar para saber. No sé si todavía existen... pero esas celdas estaban siendo vigiladas por jóvenes rubios, de ojos azules. Incluso después me dijeron que eran todos reclutas de Paraná y de Santa Catarina. Todos rubios de ojos azules... Alguien me habló de eso después de salir de la cárcel, que todos los reclutas que estaban en el DOI-CODI eran de otros estados, para evitar líos. Y esos guardias... Yo era una niña ... Ellos debían tener 18, 19 años, vaya uno a saber... Nos pusimos a hablar y yo le dije: "Escuchá, ¿vos sabés dónde está mi madre?" Él dijo: "Esperame que veo". Y fue y me dijo que mi mamá estaba acostada en el colchón. Ella no se movía. Así es mi madre, cuando está en peligro o cuando tiene a alguien de la familia. Le dije: "¿Ella no se mueve?" "Ella no se mueve, está muy extraña tu madre, está completamente quieta..." "Bueno, ¿sabés mi padre?" "Ah, de tu padre no sé nada". "Pero, ¿tenés idea dónde estuvo?"  “Mirá, voy a peguntar pero me parece que era...”. En ese momento tuve la sensación de que mi padre había muerto. Quiero decir: La sensación de que él ya no tenía vida... Parece una cosa medio esotérica, medio mística... La sensación que tengo es que ya no sentía su vida. Y de ahí mi gran preocupación pasó a ser mi madre. Quiero decir, yo estaba como borrando la figura de mi padre... Y muy preocupada por mi madre., porque más allá de haberse convertido en una persona muy fuerte, tenía la fragilidad de una madre de familia de 5 hijos, que se dedicaba a su marido. A pesar de que mi madre tenía título universitario, de ser una persona culta, en fin, de ser una persona estrechamente relacionada con su marido y vivir su vida, es decir, era un ama de casa. Y yo estaba detenida, tenía 15 años. En estos momentos, uno se imagina qué puede haber pasado por su mente. Todo, ¿verdad? Entonces llegó el mediodía, momento en el que entré en el DOI-CODI, me llevaron encapuchada a otra habitación, una habitación que no era una sala de interrogatorios. Me hicieron sentar y fueron muy sarcásticos. Entonces empecé a tener la sensación de que mi padre ya no estaba vivo, o le había sucedido algo. Porque la sensación que ellos tenían era "la cosa ya fue..."
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-¿Ellos hablaban de su padre? Pero ¿cómo hablaban?
 
-No, para mí es como "listo", simplemente, como quien dice: "La historia terminó". La sensación de que mi padre había muerto era cada vez más fuerte, porque unos guardias dijeron que había sucedido algo durante la noche, parece haber sido transportado de mañana... escuché fragmentos de lo que ellos podían decir... Bueno, también fue una escena muy fea. Es decir, fue en esa escena que, al dar mi testimonio en favor del doctor Bravo, me puse a llorar y ellos me llevaron la cartera de mi madre, cartera de mujer con todo adentro. Mamá fumaba, cigarrillos, documentos, me entregaron y me hablaron. "Vos te vas..." Yo le dije: "No me voy". Abrazada a la cartera de mi madre, dije que no me iría. "Yo no me voy de aquí con esa cartera". Esa cartera era de color blanco, beige, no me acuerdo. Todo de ella: anteojos, protector solar, cigarrillos...
           
-¿Crees que ellos querían decir con eso que él había muerto?
 
-Sí. ¿Podés ver la secuencia de hechos? Está a la vista.
 
-¿Tortura psicológica?
 
-También. Pero la sensación que me da la cartera de mamá es la de "Vos no tenés nada más aquí, terminó... Lo que teníamos que tomar, lo agarramos... Ahora, lo que estamos tratando de resolver es lo que quedó". Y de verdad esa fue la cronología de los hechos que a continuación sucedieron. El intento de despistar todo el tiempo, la entrega de la cartera de su madre, ¿entendés? Recuerdo que me senté y hablé: "No salgo. La cartera de mi madre no se va conmigo. Ella se queda con la cartera". Él dijo: "No, vos te llevás esa cartera". Le dije: "Pero, ¿ni los cigarrillos? Mamá fuma..." "No, ni los cigarrillos". "¿Dinero?" "No, no podés." Aquí viene la cosa chica de 15 años: "Está bien, me voy", porque no podía soportar más estar allí. Otra media hora, me volvería loca. No sé lo que pasaría. Querían que me fuera con la cartera, que me la llevara, que me vaya... Salí y me pusieron de nuevo la venda. Salí y firmé cualquier cosa, en la misma sala en la que me habían interrogado. Volví a entrar al Fusca. Y si alguien se movió hacia nosotros, que siempre eran 2, el conductor y el otro. Me dejaron en praia Saens Peña, en Tijuca. Recuerdo que miré para un lado, para el otro y había una panadería enfrente. Entré a la panadería.
 
-¿En ese momento te sentiste desamparada? ¿Qué sentiste?
 
-No, no me siento desamparada en ningún momento... Desde el principio hasta hoy... me sentía fuerte. Porque yo había tenido un padre y una madre muy fuertes. Podés verlo, eran una pareja muy feliz, muy unidos... Era una estructura que utilicé. Tanto es así que entré en esa panadería, llamé a Bocayuva Cunha para que veniera a buscarme porque era el mejor amigo de mi padre. Me senté en el mostrador y pedí un milk shake. Un sundae, pedí un helado ... me encantaba el helado ... Sundae es una cosa ... Yo estaba con la cartera de mi madre, con su dinero, podía comer un helado... ¿Entendés? Recuerdo que me lo comí... me lo comí todo, llegó el sundae, me tomó una cuchara, porque estaba así.. De repente había dejado un lugar horrible, el infierno... y con la cartera de mi madre amarrada a ella, sin soltar la cartera de mi madre y había llamado a un amigo de mi padre, que venía a recogerme. Allí vi algo que ya sabía, que los cosas estaban caminando, que yo estaba libre, estaba comiendo un helado, estaba comiendo, yo tenía algo, ¿verdad? Ahí vino Bocayuva con un médico, que era un médico de familia... me olvidé de su nombre, creo que ya falleció....
 
-Luego llegás a casa y no tenías ni padre ni madre.
 
-Bocayuva fue a buscarme. Él me preguntó "¿Estás bien?" Ellos vieron que yo estaba bien y me llevaron directo, no recuerdo si él me llevó directamente a su casa. La casa de Bocayuva, el apartamento de Bocayuva, estaba a pocas cuadras de la playa de Leblon, cerca del final de la playa de Leblon. Creo que me llevó a casa. Mis abuelos maternos estaban en casa, yo no entendía nada, pero alguien había avisado, porque tenía 2 hermanos menores en casa. Marcelo tenía 10 años y Beatriz tenía 9 años, Babiu. Y estaba mi abuela materna, que es una dulzura y mi abuelo también estaba. Me fui a casa y entré, asustada, con la cartera de mamá agarrada...
 
-¿Y ellos qué te dijeron?
 
-No puedo... Yo creo que es la razón de los bloqueos entre hermanos, porque yo no tengo recuerdos de la conversación con ellos.
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-Pero ¿la policía te dijo algo de lo que le sucedió a tu padre?
 
-No, sólo me dijeron: "Llevá la cartera de tu madre"... Mamá estuvo detenida 12 días .... Yo dentro de la cárcel logré que un guardia le llevara mensajes de yo estaba bien. Parece que ahí se relajó. Cuando salió de la cárcel, supe que ella se enteró 2 días después de que yo estaba libre. Así que durante 2 días mi madre habría estado sin saber lo que había sucedido con su hija, de 15 años...
 
Luego vinieron doce días, que me gustaría contar esa parte, me gustaría dar las gracias a estas personas ... aunque salvo Waldir Pires, que está vivo... ex gobernador de Bahía. Pero este grupo de mi padre se reunía en la casa de Bocayuva Cunha, que era también diputado nacional, y trató de sacar a mamá y papá de la cárcel. La primera acción fue en la prensa internacional, donde con Raúl Riff escribimos una carta. Vi esta carta después de mucho tiempo. Yo escribí tres o cuatro veces. Ryff fue  leyendo y diciéndome : "No, aquí es necesario explicar mejor". Fui explicando mejor, lo que ocurrió. Esta carta fue publicada en la prensa internacional. Raúl Ryff fue un héroe todo el tiempo... Waldir Pires y Cunha Bocayuva intentaron movilizar a embajadores estadounidenses y personal en el extranjero. Por lo pronto, era la única manera de tratar de que se supiera en el exterior lo que estaba sucediendo. Lo que era importante fue su estrategia, muy buena, tratar de liberarlos tan pronto como fuese posible. Sigo diciendo que a partir de ese momento no me preocupaba más mi papá, no sé por qué. Mi principal preocupación era mi madre. Yo durante esos doce días quedé en suspensión... No me acuerdo de haber dormido, no recuerdo haber hablado con mis hermanos... Me acuerdo sí de ponerme mi traje de baño, e ir a la playa a la casa de Bocayuva, teníamos  una reunión y volvía. Casi nunca salía de la casa, con mis abuelos. Hasta que un día mi madre aparece en la puerta del hotel, muy delgada, sentí el olor de la cárcel, uno siente ese olor. Subió, se duchó y me relajé. Me volví una persona de 15 años otra vez, y desde allí y comenzó la larga espera, más por los padres de mi padre, que se dieron cuenta de que la cosa iba en serio, que podrían perder a un hijo, y fue muy triste para ellos, fue muy difícil. Y comenzaron a movilizarse tanto que seis meses después nos mudamos a Santos, donde los padres de mis padres y mis abuelos me recibieron en una especie de palacio, alquilaron, compraron una casa enorme. Y mi abuelo, llamado Jaime de Almeida Paiva, intentó por todos los medios comprar informantes dentro del Ejército, lo que podía, lo que conseguía. Yo sé que él pagó un montón de dinero porque era rico, para obtener información.... La respuesta era "Esperá... Tu hijo será puesto en libertad, no te preocupes". Y vi a mi abuela, que era muy alegre también, al igual que mi padre. Abuela Cici... Uaraci Beyruth... era de origen alemán, muy alegre, muy inteligente... como era mi padre... cuando vi a mi abuela llorando por mí era una cosa rara... y volvió la vida familiar, pero con mi abuelo... que no era desconocido, tenía una hacienda en el Vale de Ribeira y pasamos las vacaciones enteras con él. Mi abuela y mi abuelo, así que fue fácil.
 
-¿Tuviste en algún momento la esperanza de ver a tu  padre de nuevo?
 
-Ellos tenías mucha esperanza. Yo no sabía muy bien, en realidad yo estaba muy confundida. Esa sensación de que mi padre murió fue muy, muy personal, muy intransferible. Yo no podía decirle a la gente. Lo cuento en la actualidad. Le he dicho a algunos amigos, pero nunca a mis hermanos. A mi madre, nunca le dije esto. Tanto es así que en el momento en que la información provino pensé para mí misma, "Esto es inútil, es inútil", pero una cosa de sensación. No había realidad. No había ninguna realidad. La realidad fue construida con mi abuelo, es decir, cuanto más trataba de penetrar en ese mundo, él tenía más información cruzada, información que no era cierta.... 
 
-¿Cuando realizaste el luto por su padre?
 
-Nunca lo hice... Lo iba a hacer a principios de este año cuando Vladimir Sacheta creó la exposición, aquí  donde estamos haciendo la entrevista, que es el antiguo DEOPS São Paulo. Y todas las fotos de mi padre, mi madre y todas las cosas que sucedieron fueron puestos en las paredes y en los muros de este lugar... Fue muy duro... Tanto que no vi la inauguración, lloré tanto. Yo estaba en Río de Janeiro y lloraba mucho. Y mis hermanos, mis tíos, todo el mundo me llamaba.. Vamos, vamos, vamos ... Y no tuve las agallas para venir... porque yo lloraba mucho, en Río de Janeiro, lloré 24 horas del día, sin haber visto la exposición, porque... creo que a partir de los 15 años, tuve una resistencia que adquirí... la resistencia se rompe ahí, en un terraplén de llanto de muchacha... no pude... sólo puede venir el último día de la exposición. Continué de la mano de mi hermana y lloraba mucho. 
 
Pero Vladmir, que es el curador de la exposición, hombre muy en serio, estaba presente y fue mostrándome algunas de las cosas. Las cosas, documentos, incluso muy importantes, que pudo conseguir y yo fui entendiendo la historia... entender la historia, la historia contada de una manera objetiva, que me iba calmando... Fue entonces cuando me di cuenta de que nunca sabría lo que había pasado. Como no tenemos su cuerpo, nunca tuvimos su cuerpo, ni información, no vi a mi padre muerto. Ninguno de nosotros vio a mi padre muerto, mis abuelos no vieron al hijo muerto. Así que ninguno de nosotros realizó el duelo hasta hoy. El duelo para cada uno se lleva a cabo de una manera muy particular. El mío fue en la exposición cuando salió a la luz la carta que escribí... Y mi madrina, que tiene una historia... sólo logramos probar que mi padre había sido detenido, debido a que papá fue con su propio vehículo al DOI Codi y su auto estaba en el estacionamiento. Mi madrina, Renee Paiva Guimarães, su hermana mayor, fue a buscar el auto y tuvo que firmar un recibo que se había llevado el coche... Y con esa copia de un recibo fue capaz de demostrar que mi padre había sido detenido. Es la única prueba que existe. Todo esto, Vladimir, como curador colocó en esa exposición-epitafio. No sé si se puede llamar duelo, porque es cuando vemos a la persona muerta y enterrada...

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