Cleopatra: Nariz griega y “reina ramera”
La creencia de que la última reina del Antiguo Egipto, Cleopatra, debiera su posición de poder y su influencia en tierras lejanas a las pirámides, como en el Imperio Romano, meramente a su belleza, aún persiste.
"La nariz de Cleopatra: si hubiese sido más corta, toda la faz de la Tierra habría cambiado", elucubraba el filósofo francés Blaise Pascal (1623–1662 d.C., Pensées, 162), refiriéndose a su nariz aguileña, distintiva de su linaje ptolemaico, de origen griego macedonio, descendiente de Ptolomeo I Sóter, uno de los generales de Alejandro Magno
Entonces, según varios historiadores, el rostro real de Cleopatra habría sido evidentemente distinto al de la actriz Liz Taylor, quien personificó a la faraona hace 50 años en una película de Hollywood.
Se dice que la belleza real de Cleopatra no era en sí misma tan notable, pero el atractivo de su persona y el carácter que impregnaba todo lo que decía o hacía eran cautivadores (Plutarco: 45–120 d.C) Se dice que la belleza real de Cleopatra no era en sí misma tan notable, pero el atractivo de su persona y el carácter que impregnaba todo lo que decía o hacía eran cautivadores (Plutarco: 45–120 d.C)
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Aspecto real de Cleopatra, según la IA que se basó en monedas, bustos y pinturas de la época | GENTILEZA HISTORIA ANTIGUA
Sin embargo, otros filósofos y biógrafos, como Dion Casio —quien escribió en el siglo III d.C.— se hicieron eco de ideas similares al afirmar que, cuando Julio César (100–44 a.C.) conoció a Cleopatra por primera vez, "ella era una mujer de una belleza incomparable y, para la época [48 a.C.], cuando estaba en la flor de su juventud, era de lo más despampanante" (Historia romana, 42.34.4). Más adelante, cuando ofreció a Marco Antonio un funeral real en Alejandría, escribió que "incluso con atuendos de luto era maravillosamente deslumbrante".
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Cleopatra había heredado el trono de Egipto en el año 51 a.C. cuando tenía 17 años, junto con su hermano Ptolomeo XIII, de sólo 12, quien era además su esposo. | GENTILEZA MUY INTERESANTE
No obstante, basándonos en algunos tetradracmas de plata de la antiguedad que muestran, en el anverso, la imagen de Cleopatra VII y, en el reverso, a Marco Antonio (36–34 a.C.), así como en pinturas halladas en templos egipcios y en diversos bustos, se puede afirmar que la faraona egipcia tenía una nariz aguileña, un mentón prominente y el cabello rizado, recogido en un moño en la base del cráneo. Su belleza, quizá, fue considerada despampanante por romanos o egipcios, pero en la actualidad resulta todo lo contrario.
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