Cosmovisión charrúa-guaraní
Según la tradición oral, la flor del ceibo nació cuando Anahí, hija de un cacique guaraní, fue condenada a morir, tras participar en un cruento combate entre su tribu guaraní y el invasor español.
Hasta allí, la niña cantaba feliz en la selva, con una voz tan bella que los pájaros callaban para escucharla. Pero un día resonó el tronar de las armas. Se dice Anahí luchó tanto como pudo pero que fue apresada y condenada a la hoguera.
Los soldados españoles la ataron a un tronco, amontonaron a sus pies pajas y ramas secas, y una roja llamarada la rodeó de fuego. Ante el asombro de todos, Anahí comenzó a cantar. Era una invocación a su selva, a su tierra, a la que le entregaba su corazón antes de morir.
Su voz estremeció a la noche, y consumido el fuego, los soldados se sorprendieron al ver que el cuerpo de Anahí se había transformado en un manojo de flores rojas: la flor del ceibo.
ANAHI La flor del ceibo por Ana María Shua
Simbolización
La flor se convirtió en símbolo de valentía y fortaleza de los pueblos originarios en ardiente lucha contra los invasores y contra el sufrimiento de perderlo todo, hasta el idioma.
Acaso porque es un canto a la resiliencia, la leyenda no ha trascendido por el martirio que trasunta, sino por la entrega y por la lucha; la flor nacional de Argentina y de Uruguay representa el coraje y la capacidad de reinventarse.
Letra de Osvaldo Sosa Cordero, aquí entonada por Ramona Galarza:
Anahí, las arpas dolientes hoy lloran arpegios que son para ti.
Anahí, recuerdan acaso tu inmensa bravura, reina guaraní.
Anahí, indiecita fea de la voz tan dulce como el aguaí.
Anahí, Anahí, tu raza no ha muerto, perduran sus fueros en la flor rubí.
Defendiendo altiva tu indómita tribu fuiste prisionera;
Condenada a muerte, ya estaba tu cuerpo envuelto en la hoguera,
Y en tanto las llamas lo estaban quemando en roja corola se fue transformando.
La noche piadosa cubrió tu dolor y el alba asombrada miró tu martirio hecho ceibo en flor.
Anahí - Y la leyenda de la Flor del Ceibo