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De las piñas a la amistad: la increíble anécdota de Masantonio y Fernández

Herminio Masantonio y Lorenzo Fernández protagonizaron una de las peleas más icónicas del clásico rioplatense. Y una amistad surgió allí.

El 27 de enero de 1935 se marcó a fuego, no por la victoria de Uruguay sobre Argentina por 3 a 0 en el marco de la Copa América, sino por la brutal pelea que protagonizaron Lorenzo Fernández y Herminio Masantonio. Los dos jugadores, de temperamentos volcánicos, convirtieron el Estadio Santa Beatriz de Lima en un verdadero ring de boxeo.

La Batalla de Santa Beatriz: goleada y trompadas

El encuentro entre Uruguay y Argentina siempre era especial, una rivalidad histórica que se vivía con pasión y a veces con excesos. En este caso, la fricción entre Fernández, defensor de carácter recio, y Masantonio, figura goleadora de Huracán, se fue intensificando a lo largo del partido. Patadas, codazos, insultos y provocaciones mutuas crearon un clima enrarecido que finalmente explotó en una batalla campal.

Entre juego agresivo y ánimos caldeados, Herminio Masantonio y Lorenzo Fernández terminaron a las trompadas. El uruguayo terminaría con la nariz rota.

Una dura patada de Fernández que terminó con Masantonio en el piso, seguida de un “Levantate maricón bo”, encendió la mecha. El argentino, herido en su orgullo y con la sangre caliente, se puso de pie para responder con los puños. Ambos jugadores se trenzaron en una feroz pelea, intercambiando golpes y patadas mientras el público observaba atónito y la policía intentaba, sin éxito, separarlos.

La reyerta terminó con el albiceleste rompiéndole la nariz a su rival, una imagen que los 30 mil espectadores no se pudieron borrar. Y a pesar de que esto parecía anticipar una guerra entre hinchadas, la historia fue muy diferente: de hecho, los dos hombres hicieron a un lado sus diferencias ese mismo día, con unas copas de por medio.

Masantonio y Fernández, de enemigos a amigos

La bronca se diluyó con el paso del tiempo y la anécdota de la pelea se convirtió en un punto de encuentro entre dos hombres que, en el fondo, se admiraban mutuamente. Lejos de alimentar el rencor, la experiencia forjó una inesperada amistad. Masantonio y Fernández se visitaban regularmente, cruzando el Río de la Plata para disfrutar de largas charlas y asados, reconociendo en el otro a un rival digno de respeto.

Los jugadores hicieron las paces esa misma noche. De esa reconciliación surgiría una amistad que duraría hasta sus últimos días.

La “Batalla de Santa Beatriz” es un recordatorio de que el fútbol, en su esencia, es pasión y entrega. Un deporte que a veces se desborda, pero que también tiene la capacidad de unir personas, incluso a aquellos que se enfrentan con furia. La historia de Masantonio y Fernández es un ejemplo de que, más allá de las rivalidades, el fútbol puede generar amistades y respeto.

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