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Arnold Schwarzenegger y el fútbol antes de las pesas

Criado con un padre abusivo, Arnold Schwarzenegger siguió un tiempo sus deseos de ser futbolista. Pero con su entrenador encontró su vocación.

Muchos años antes de que Arnold Schwarzenegger se hiciera famoso por interpretar a Hércules (y antes de la política), era un simple estudiante austríaco que quería complacer los sueños truncos de su padre. Criándose en un hogar estricto, el actor de Terminator y Conan el Bárbaro pronto descubrió su amor por el fisicoculturismo.

Los conflictos con su padre

Nacido y criado en Thal (pueblo cercano a la capital de Estiria), Arnold Schwarzenegger creció en un hogar muy estricto, donde cualquier travesura se castigaba a golpes. El padre de Arnold, Gustav, siempre mostró un favoritismo por su hijo mayor Meinhard, al punto de que incluso afirmaba que Arnold no era su verdadero hijo.

Gustav tenía un pasado muy oscuro: fue el comisario del pueblo hasta que se afilió al Partido Nazi cuando Austria se anexó al Tercer Reich en 1938 (la llamada Anschluss). Desde entonces, se convirtió en policía militar y participó de algunas de las mayores atrocidades cometidas por el nazismo.

Fue recién en 1945 que conocería a Aurelia Jadrny, que apenas había enviudado, y quien se convertiría en madre de sus hijos. Gustav se volvió un padre abusivo y alcohólico, según el mismo Arnold, por la culpa que le provocaban las barbaries que él y otros nazis habían perpetrado.

Arnold Schwarzenegger comenzó a practicar deportes, como el fútbol, en la escuela. Un día en que su entrenador lo llevó al gimnasio descubrió que amaba el fisicoculturismo.

Arnold sostuvo que la carrera militar quebró a su padre y les trajo problemas de dinero (tanto fue así que uno de los momentos más destacados fue cuando compraron un refrigerador). Tampoco pudo perseguir el sueño de su juventud de ser atleta, por lo que instó a sus hijos a practicar deportes como el fútbol.

Aunque Gustav quería que sus hijos fueran campeones de curling bávaro, ambos hicieron variedad de deportes para complacer a su padre. Su hijo Meinhard, que también se volvió alcohólico, murió trágicamente en un accidente a los 25 años. Arnold, por su lado, rompió el molde y se instaló en el gimnasio, no sin antes haber jugado a la pelota.

Arnold se mete en el gimnasio

En la escuela ya destacaba entre sus compañeros por su carácter “alegre, de buen humor y exuberante”. Allí, el futuro actor dio sus primeros pasos por el fútbol, aunque en una oportunidad dada descubrió su amor por el fisicoculturismo y cambió su vida para siempre.

Cuando contaba con apenas 14 años, el entrenador de Arnold lo llevó a él y a su equipo de fútbol a un gimnasio. Allí, quedó fascinado y comenzó su interés de tener un “cuerpo perfecto” (algo que hizo a su padre poner en duda su orientación sexual).

Con este incontrolable deseo, no sólo puso a entrenar su cuerpo sino su mente. Comenzó al poco tiempo un programa de entrenamiento intensivo, estudió psicología para aprender más sobre el poder de la mente sobre el cuerpo y, a los 17 años, inició su carrera competitiva. El fútbol definitivamente había quedado atrás.

Luego de practicar deportes durante años, Arnold empezó a ir al gimnasio e trabajó intensamente para ser fisicoculturista.

Comencé a entrenar con pesas cuando tenía 15 años, pero había estado participando en deportes, como el fútbol, ​​durante años. Así que sentí que, aunque era delgado, estaba bien desarrollado, al menos lo suficiente como para empezar a ir al gimnasio y levantar pesas olímpicas”, afirmó en su propia biografía.

Su otra pasión era la actuación y, al mismo tiempo que visitaba el gimnasio, también frecuentaba un cine que quedaba por el camino donde veía a sus estrellas favoritas. Sus ídolos de las películas le demostraron que el fisicoculturismo y la actuación podían ir de la mano.

Arnold Schwarzenegger podría ser un futbolista retirado, campeón de la Bundesliga, haber ganado fortunas y ser feliz por haber complacido a su padre. Pero al vivir con él aprendió una gran lección: es mejor cumplir tus sueños y no los que te imponen.

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