Un caso paradigmático es el experimento realizado por Google, que logró resolver con un procesador cuántico una operación que habría tomado 10 septillones de años a una supercomputadora tradicional. El tiempo que tardó: apenas cinco minutos.
El ETF de VanEck replica el índice MarketVector Global Quantum Leaders, que selecciona 30 compañías con fuerte participación en el desarrollo cuántico. En lo que va del año, muestra un crecimiento de 18,07%, y en los últimos cinco años tuvo un crecimiento acumulado de 140,89%.
Algunas son pure players, es decir, empresas que ya obtienen la mayor parte de sus ingresos del sector. Las más destacadas son Ionq y D-Wave, que juntas concentran cerca del 30% del índice.
A ellas se suman gigantes tecnológicos como IBM, Alphabet (Google) y Honeywell, que sin ser exclusivamente cuánticas, lideran iniciativas clave en este ámbito.
El interés creciente por el sector se da en un contexto en el que el mercado estadounidense acumula fuertes ganancias: el Nasdaq registró su mejor trimestre desde 2020, y el S&P 500 cerró el primer semestre de 2025 con un alza del 5,5%.
La computación cuántica aparece así como una nueva narrativa para capturar el entusiasmo de los inversores, tras el boom de la inteligencia artificial.
Sin embargo, no todo es euforia. Como en toda tecnología disruptiva en fase inicial, existen riesgos relevantes: la utilidad comercial concreta de los ordenadores cuánticos aún es limitada, y su éxito económico de largo plazo no está asegurado.
Aunque el sector exhibe avances significativos, muchos especialistas coinciden en que la transición hacia aplicaciones comerciales ampliamente adoptadas llevará tiempo y enfrentará desafíos técnicos considerables.
Pese a ello, el capital comienza a posicionarse temprano en una carrera que promete redefinir los límites de la informática y, quizás, del propio mercado financiero.