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Encuesta: Sobre el estado de ánimo actual en una sola palabra.
Una economía percibida desde dos mundos
Esta fractura emocional no solo impacta en el estado de ánimo, sino también en la evaluación concreta de la situación económica personal. El 41% de los encuestados dice estar mejor que el año pasado, pero un 46% considera que está peor. En un país acostumbrado a los vaivenes económicos, esta paridad podría no sorprender, salvo por un detalle clave: el voto vuelve a marcar la diferencia.
Entre quienes apoyan al actual gobierno, la percepción de mejora se vuelve significativamente más alta. En cambio, entre quienes se identifican con la oposición, el 73% dice estar “mucho o algo peor”. Esta divergencia también aparece cuando se consulta por el futuro: el 42% cree que estará mejor dentro de un año, mientras que el 41% anticipa un deterioro. Pero nuevamente, el optimismo es oficialista; el pesimismo, opositor.
Más que una diferencia de expectativas, lo que se observa es una economía vivida desde identidades políticas opuestas, que condicionan las decisiones financieras cotidianas: desde el consumo hasta el endeudamiento, pasando por la disposición a ajustar gastos o postergar inversiones personales.
Impacto emocional de la economía
Si hay un dato transversal que rompe, al menos parcialmente, esta polarización, es el impacto de la crisis económica sobre la salud mental. Un abrumador 86% de los encuestados afirma que los problemas económicos afectan “mucho o bastante” su bienestar emocional. El dato se vuelve aún más preocupante al desagregarlo: el efecto es más severo entre mujeres, jóvenes de entre 18 y 29 años, y personas con nivel educativo medio o bajo. Son los grupos que concentran mayor vulnerabilidad subjetiva, y también los que enfrentan más dificultades para sostener su calidad de vida ante una inflación persistente y un mercado laboral inestable.
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Importancia de la economía en la salud mental.
Frente a posibles caídas en el ingreso, la estrategia de ajuste doméstico es clara: se recortan primero los gastos en ocio, vestimenta y esparcimiento. En cambio, educación y salud aparecen como “líneas rojas”, rubros que las personas se resisten a sacrificar. Esta distinción sugiere que, incluso en contextos de crisis, persisten valores simbólicos que operan como límites al deterioro subjetivo.
Dos modelos de malestar en la encuesta
Incluso al identificar los principales problemas personales, el informe vuelve a encontrar dos relatos distintos. Entre votantes oficialistas, preocupan más la inseguridad, lo económico y la incertidumbre individual. Entre los opositores, en cambio, aparecen con fuerza la pobreza, el desempleo y la desesperanza, con una visión más colectiva del malestar.
Así, la economía no es solo un conjunto de datos macro: es una experiencia vivida, sentida y resignificada desde posiciones emocionales profundamente distintas. Esto plantea un desafío para cualquier política pública: cómo gobernar una economía cuando la población no solo está dividida en ingresos, sino también en sentidos y expectativas.
El Termómetro Psicosocial y Económico N°2 pone en palabras algo que muchas cifras no captan: la crisis económica es también una crisis de interpretación. Lo que para unos es un camino de transformación, para otros es una caída sin red. En este contexto, el pulso económico argentino no se mide solo en puntos del PBI o niveles de inflación, sino también en la subjetividad de quienes lo transitan.