por ISRAEL IÑÍGUEZ
MADRID (
El Confidencial). En abril de 2012, Abidal se sometía a un trasplante que parecía dejarle fuera de combate para el mundo profesional. Prácticamente nadie apostaba porque el francés volviera a jugar, bastante tenía con luchar y volver a tener una vida normal. En el Barça, a nadie le importaba el Abidal futbolista, lo único que prevalecía era él como persona. Pero desde el primer momento, algo dentro del futbolista le decía que lo podría conseguir. El propio vestuario azulgrana, tocado por la noticia, se mostró asombrado ante la fuerza mental del jugador en unos momentos casi dramáticos. “Ha sido el propio ‘Abi’ el que nos ha tenido que animar a nosotros”, coincidían varios compañeros en su última visita al vestuario antes de la operación.
A partir de entonces, meses y meses de duro trabajo y de una enconada batalla por superar una enfermedad tabú en la sociedad actual. Con los mejores servicios médicos a su disposición y una entereza inigualable, el jugador lionés iba quemando etapas, acortando plazos y abriéndose paso ante un futuro esperanzador. Pero no se podían tirar las campanas al vuelo. La evolución de la enfermedad estaba siendo exitosa, según nos iban informando, pero nunca se llegó a aseverar con rotundidad que Abidal pudiera volver a vestirse de corto.
El jugador seguía superando obstáculos a marchas forzadas y la luz al final del túnel se encontraba cada vez más cerca. Entonces llegó la primera gran noticia de la trilogía que anoche culminó con el éxtasis del Camp Nou. El 5 de febrero, el francés se reincorporaba a los entrenamientos con el grupo (ya lo había hecho en solitario en las instalaciones de Sant Joan Despí con anterioridad) y el Barça recuperaba así esa parte importante que el cáncer le había arrebatado casi un año atrás. El primer gran paso estaba dado; a partir de aquí era cuestión de tiempo.
El siguiente era entrar en una convocatoria, y eso se produjo en la pasada jornada, en el duelo que medía al conjunto culé con el Celta, en Balaídos. Quizá por cómo se desarrolló el partido, con un duelo muy apretado y de mucha tensión por lo que se jugaban los gallegos, Tito Vilanova optó por no darle entrada. Su debut estaba al caer. Y tras quedarse fuera de la convocatoria en París, el momento que todos esperaban se produjo ayer. Con un partido solventado para el Barça, con un 5-0 ante el Mallorca, era el momento para ponerle la guinda al pastel. Corría el minuto 69 y Abidal, rezando y visiblemente nervioso, esperaba en la banda a Gerard Piqué. Era su momento, era la recompensa a tanto esfuerzo. El central le daba un emotivo abrazo y el francés pisaba de nuevo el césped del Camp Nou. La afición culé estallaba ante uno de los momentos más importantes de la temporada. La batalla estaba ganada. Había vencido Abidal, había ganado la vida.
Poco importaba ya el resultado. Todos los focos se centralizaban en el futbolista francés, quien a la conclusión del partido se acordaba de su primo, su donante. “Le doy las gracias a mi primo y también agradezco el apoyo de los aficionados, los compañeros y la gente del hospital”, manifestaba todavía sobre el césped. El ejemplo de Abidal puede servir para otras personas, aunque él se muestra humilde y advierte que “puedo ser un ejemplo, sin quererlo, pero mi único consejo es que hay que luchar, creer en Dios y tener fe en que todo es posible”. Sin duda, éste puede ser el mayor título que logre el Barcelona esta temporada. ¡Félicitations, vous avez réussi, Abidal! (¡Felicitaciones Abidal, lo has logrado!)