La menor de las Williams tuvo el mejor año de su extensa carrera (debe recordarse que ella ganó su Grand Slam en 1999), tras recuperarse de una embolia pulmonar por la que tuvo que ser intervenida de urgencia en marzo de 2011.
"Podría haberme muerto de un golpe en los dedos", destacó la tenista, de 31 años, que explicó así por qué disfrutó tanto de su victoria en Wimbledon en 2012, apenas una temporada después.
"En pocos meses pasé de un estado en el que creía que nunca podría volver a jugar al tenis -y ni siquiera tenía ganas, quería solo tener buena salud y salir del hospital- a lograr una victoria en Wimbledon", recordó.
Para lograrlo, tras 10 meses fuera del circuito y con una capacidad respiratoria disminuida respecto a la de una persona normal, Serena Williams tuvo que hacer entrenamientos específicos en una piscina, para mejorar su capacidad pulmonar, relató.
"La parte del entrenamiento que consistía en habituarse a esa nueva respiración fue realmente difícil, probablemente lo más difícil", dijo la tenista, cuyo palmarés luce quince títulos de Grand Slam.
Se trata de la primera vez que la votación propuesta a la redacción de "L'Équipe" elabora una categoría femenina separada de la masculina.