El cepo del entrenador de los rusos, el estadounidense-israelí David Blatt funcionaba y la sensación era que España había llegado a su techo en los Juegos. De ahí, 20-31 al descanso, se pasó al 67-59 final, 47-28 en el primer tiempo: una monstruosidad del subcampeón olímpico.
Cuando saboreó la derrota España se negó a aceptarla, la escupió y desde la miseria construyó veinte minutos de puro baloncesto, una sinfonía que pareció tan natural, tan sencilla que de repente todo lo anterior no existía. Como si España hubiera aterrizado en Londres justo a tiempo. La defensa se convirtió en cemento ante una Rusia que se desmadejó y acumuló pérdidas y malos tiros.
Shved anotó 2 puntos, Khryapa otros 2 y Kirilenko firmó 10 con 1/12 en tiros de campo y 5/10 en tiros libres. Fridzon no fue esta vez determinante y Ponkrashov se encontró de repente sin orquesta que dirigir, todos huyendo a la carrera.
España firmó sus mejores minutos con Felipe y Llull poniendo energía, defensa y fe fanática y con Pau y Navarro en el banco. Así remontó gracias a los destellos de Rudy y los triples de Calderón, otro que se negó a entregar un mal ejercicio en el mayor de los exámenes.
Los tiros entraron porque creció la confianza pero sobre todo porque España empezó a circular con velocidad, a encontrar buenas posiciones abiertas y jugar en transición desde la defensa.
Todo hace indicar que la selección española volverá a medirse al intratable e invicto 'Dream Team', en lo que sería una reedición de la final de Pekín 2008. Los de Manu y compañía, campeones olímpicos en Atenas, tratarán de dar la sorpresa ante Bryant, James y compañía a continuación de este partido.