Las bases en las que el equipo de Pizzi está cimentando su ilusión a esta altura están claras. Desde el convencimiento fueron apareciendo los resultados en cadena.
Una seguidilla que a esta altura resulta impactante. 7 triunfos de manera consecutiva no es habitual, para ningún equipo ni en ninguna categoría. ¿Alcanza? En absoluto. Ahora vendrá el tiempo de refrendar e ir por más para lograr el objetivo.
A esta altura puede sonar un tanto repetitiva la acción de hacer referencia a esa racha de victorias seguidas. Pero es el punto de partida para entender el porqué de la situación. Y esto es fácilmente de avalar desde los números. Es que Central arrancó el año futbolístico con 31 puntos, a 2 de River y a 4 de Instituto. Pero el punto de inflexión se dio unas cuantas fechas después.
Aquel 2 de abril, cuando el canalla cayó por 2 a 1 ante Almirante Brown (27ª fecha), la diferencia con el líder era de 8 unidades. La Gloria tenía 55 y los auriazules 47. Pero no sólo eso. Porque en el medio aparecían River (52) y Quilmes (49).
Lo de Newell's es impensado. Hoy el equipo es uno de los escoltas de Boca con 28 unidades (una menos que el líder) y lejos quedó el miedo de los Promedios. Sabe lógicamente que no se puede dormir en los laurales y que cocodrilo que se duerme es cartera, como diría el filósofo contemporáneo Diego Maradona.