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"¿Cuál es el futuro?", se preguntan en España sobre Kirchner, y responden: "Nadie lo sabe"
POR LORENZO BERNALDO DE QUIRÓS (*)
Pesimista es la visión del economista español autor de la siguiente nota, quien acaba de visitar la Argentina a pedido de varias empresas de su país que le han solicitado que evalúe el rumbo de la política económica de Néstor Kirchner:
07 de julio de 2003 - 07:32
Primacía de la política sobre la economía, tal es la fórmula que define la situación argentina actual.
El presidente Néstor Kirchner se ha lanzado a la conquista del poder institucional y partidario, con la intención de asegurarse una sólida base de apoyo de cara al futuro.
Así cabe interpretar los cambios registrados en las cúpulas policial, militar y judicial del país, cuyos responsables han sido decapitados para poner en su lugar a gente de su confianza, olvidándose de arbitrar mecanismos institucionales que hubieran podido asegurar un funcionamiento profesional e independiente de esas instituciones.
De momento, los argentinos apoyan esas iniciativas, que consideran una depuración de la corrupción. Kirchner tiene un nivel de aprobación popular del 80%, similar al que tuvo De la Rúa en sus primeras etapas como presidente.
En el plano económico, la Argentina vive un ‘veranillo’ económico. La devaluación del peso y la licuación de la deuda tras la depreciación de la divisa han permitido al fin crecer, después de haber registrado la mayor contracción del PIB (un 14%) experimentada por cualquier país desde la Gran Depresión.
Sin embargo, no existe nada parecido a un plan coherente que permita colocar a la Argentina en la senda de un crecimiento sostenido. Es más, algunas iniciativas del gobierno, como la introducción de controles a las entradas de capital, muestran la filosofía cortoplacista del Gabinete, empeñado en una retórica keynesiana sin futuro.
En este contexto, la Argentina se encuentra con un sistema financiero quebrado en su inmensa mayoría, con una deuda externa que no es capaz de financiar ni dentro ni fuera del país y con una pérdida de credibilidad de los agentes económicos nacionales e internacionales provocada por la ruptura de las reglas del juego básicas sobre las que se asienta una economía de mercado –cumplimiento de los contratos, respeto a los derechos de propiedad, etc.-
El problema fiscal es grave, porque la estructura tributaria del país penaliza el trabajo, el ahorro y la inversión, y porque su rígido mercado laboral genera una abultada tasa de paro. Sobre estos puntos, el gabinete carece de programa y las expectativas de crecimiento más allá del corto plazo son inexistentes.
En el plano de la política exterior, los gestos de Kirchner son inquietantes. Recuérdese el recibimiento triunfal dispensado a Castro y la concesión de la medalla de honor del Congreso. O la cercanía que mantiene con Chávez y Lula, en su visión del Cono Sur como una esfera nacionalista y de izquierda populista que debe desmarcarse de los EE.UU. para buscar su propio camino al desarrollo en una línea similar a la de los años sesenta y setenta.
Al mismo tiempo, es un adversario del libre comercio porque, en pura línea CEPAL, considera que beneficia a los países desarrollados a costa de los que están en vías de desarrollo.
De ahí su oposición a que Argentina forme parte del Alca –Asociación de Libre Comercio de las Américas- y su idea de fortalecer el Mercosur con Brasil, que no pasa de ser un acuerdo comercial con aranceles altos. Kirchner cree que el proteccionismo es un camino para el crecimiento.
Ante este panorama, el acuerdo con el FMI parece difícil antes de septiembre.
Por un lado, el gobierno argentino no desea obligarse a aplicar un plan de estabilidad porque no quiere o sabe que no puede pagar la deuda en las actuales condiciones económicas y sin un plan a medio plazo de saneamiento fiscal y presupuestario.
Por otro, las prioridades políticas de Kirchner le fuerzan a postergar cualquier pacto con el FMI hasta que no tenga un mayor control del poder. Desde esta perspectiva, el máximo error del gobierno argentino es pensar que tiene un tiempo del que carece para hacer los deberes económicos.
¿Cuál es el futuro? Nadie lo sabe.
Sin embargo todo parece indicar que el gabinete Kirchner no hará nada en el frente económico que permita restaurar el crédito y la credibilidad en la República Argentina.
En todo caso, esto no supone en el corto plazo, de seis meses a un año, una nueva debacle para un país que tocó suelo hace cerca de un año.
El problema es que la coyuntura económica internacional y la interna de la Argentina no permiten extraer ninguna conclusión positiva para la marcha económica de la república austral en el medio plazo.
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(*) Lorenzo Bernaldo de Quirós es licenciado en Derecho, con PhD en Monetary Theory por la Saint Andrews University, USA. Es asesor económico externo del Instituto de Estudios Económicos, académico adjunto del Cato Institute y Consejero de Autopistas de Galicia, de Bovis Lend Lease, de Séneca Educación y del grupo CEES. Columnista de los diarios La Razón y Gaceta de los Negocios, de Madrid, España, y de la agencia Europa Press; es presidente de Freemarket International Consulting. Acaba de visitar la Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Publicado en ElConfidencial.com/ Madrid, España, 2003.
