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Tropas especiales rusas ingresaron al Teatro en Moscú y liberaron a los rehenes
Las fuerzas especiales rusas han tomado el control del teatro de Moscú y han abatido a la mayoría de los terroristas, entre ellos el jefe del comando, después de que el medio centenar de rebeldes chechenos comenzara a disparar contra las 700 personas que mantenían secuestradas. Un intenso tiroteo y varias explosiones se han escuchado durante la operación. Los rehenes han sido liberados, aunque al menos 10 han muerto y otros dos han resultado heridos.
26 de octubre de 2002 - 04:25
La mayoría de los terroristas han muerto durante el enfrentamiento, aunque algunos han sido detenidos y otros han conseguido escapar. Movsar Baráyev, jefe del comando, ha sido abatido. Entre los rehenes también se han registrado al menos 10 bajas.
La operación de rescate comenzó después de que los terroristas cumplieran su amenaza y comenzaran a ejecutar a sus rehenes. Serguéi Ignatchenko, portavoz del mando operativo montado por el Kremlin, declaró que cuando los chechenos empezaron a disparar, los secuestrados "intentaron abrirse paso y huir". Al menos seis personas consiguieron escapar antes de que comenzara el asalto de la policía.
Las informaciones sobre el asesinato de rehenes se difundieron una hora después de que se escuchara un intenso tiroteo y varias explosiones en el interior del teatro. Poco después volvieron a escucharse más explosiones y tiroteos, mientras la cadena NTV informó de que dos mujeres rehenes salieron del interior del teatro.
Las primeras explosiones tuvieron lugar a las 05.35 de la mañana de esta madrugada hora local. Kudriávtsev declaró que en las dos horas anteriores, el comando había matado a dos rehenes y herido a otros dos.
Las explosiones tuvieron lugar veinte minutos antes de cumplirse un plazo inicial dado por los terroristas para comenzar a ejecutar a los rehenes si el Kremlin no cumplía su demanda de poner fin a la guerra de Chechenia. Ese ultimátum expiraba a las 6:00, pero los guerrilleros chechenos lo ampliaron posteriormente cuatro horas.
Minutos antes de las explosiones salió del teatro Dubrovka el ex primer ministro ruso Yevgueni Primakov tras negociar por segunda vez en las últimas horas con los guerrilleros.
Dos ambulancias evacuaron durante la noche dos cuerpos, pero no se informó si se trataba de rehenes muertos o heridos.
El diario digital Gazeta.Ru dijo que los terroristas declararon que habían matado a un rehén que había agredido con una botella en la mano a una de las mujeres suicidas integrante del comando.
La policía rusa ha tomado el control del teatro de Moscú poco después de que el comando checheno hiciera realidad sus amenazas y comenzara a matar a los rehenes en el interior horas antes de lo previsto. Según las últimas informaciones, todos los rehenes han sido liberados aunque diez de ellos murieron en el interior del teatro. También se ha sabido que el jefe del comando y 36 guerrilleros han muerto, aunque algunos consiguieron huir.
Tras la liberación del teatro, las fuerzas de seguridad han comenzado a retirar los explosivos que el comando había diseminado por el patio de butacas. En el exterior del edificio, decenas de ambulancias han prestado ayuda a los centenares de rehenes que consiguieron llegar al final del secuestro.
Varias personas lograron huir del recinto en el momento en que el comando checheno comenzaba a ejecutar a los secuestrados. Poco después, la policía rusa entró en el edificio y lanzó gases que consiguieron paralizar a los guerrilleros, que estaban fuertemente armados y las mujeres se habían adherido cargas explosivas en sus cuerpos.
Durante la noche, los secuestradores repelieron con disparos de fusiles y lanzagranadas un intento de la policía por aproximarse e infiltrarse en el teatro. Sin embargo, la policía consiguió entrar y poner fin a la situación que se había prolongado durante tres días.
Experiencia
Los separatistas chechenos tienen una larga experiencia en la captura de rehenes, ya que comenzaron a emplear esta táctica para conseguir sus objetivos cuando su república estaba dando los primeros pasos independientes de Moscú.
El primer secuestro se remonta a noviembre de 1991, cuando el barbudo estudiante de ingeniería Shamil Basáyev, hasta entonces un desconocido, se apoderó de un avión de pasajeros que había despegado del aeropuerto de Minerálniye Vodi, en el Cáucaso ruso. Basáyev y sus hombres obligaron a desviar el avión a Turquía. Ankara se limitó a devolverlo a la república rebelde, donde el secuestrador fue recibido como un héroe.
El principal objetivo de Basáyev entonces era llamar la atención sobre el peligro de que el estado de excepción, que el Gobierno ruso había declarado en Chechenia, se convirtiera en pretexto para una operación militar de los generales rusos. Éstos querían aplastar a la pequeña república que, aprovechando el proceso de desintegración de la URSS, acababa de autoproclamar su independencia. Después Basáyev dio relumbrón a su fama al dirigir el llamado batallón checheno en Abjazia, es decir la unidad militar que contribuyó a la derrota de las fuerzas georgianas enviadas por Tbilisi a terminar con la región separatista.
El secuestro más logrado fue la audaz y espectacular operación que Basáyev lanzó en la ciudad de Budiónnovsk, en el sur de Rusia. El verano de 1995, más de 100 guerrilleros entraron a sangre y fuego en esa ciudad, arrearon como ganado a los rehenes que iban tomando a su paso y acabaron por hacerse fuertes en el hospital local. Cuando los militares decidieron tomar por asalto el hospital donde había miles de personas, se produjeron escenas desgarradoras: las mujeres rusas se asomaban a las ventanas con sábanas blancas y, temerosas de una carnicería, gritaban a los soldados que no dispararan.
Las exigencias de los guerrilleros entonces eran exactamente las mismas que han planteado ahora los rebeldes encabezados esta vez por Movsar Baráyev. Este sobrino de Arbí Baráyev, comandante que se hizo famoso por los secuestros de extranjeros en Chechenia y que pereció el año pasado, exige hoy en Moscú poner fin a la guerra.
Pero hay una gran diferencia entre entonces y hoy. En 1995, Víktor Chernomirdin, que entonces era primer ministro, accedió a hablar con Basáyev y, en el curso de un diálogo que fue trasmitido en directo por televisión, le prometió que comenzaría negociaciones de paz. Al mismo tiempo, dio garantías a los guerrilleros para que pudieran regresar a Chechenia. Lo hicieron en autobuses llevando consigo los rehenes para usarlos eventualmente como escudos y para evitar que los militares tuvieran la ocurrencia de atacarles por el camino.
Gracias a la incursión en Budiónnovsk, los separatistas lograron un alto el fuego y el comienzo de un proceso que finalmente condujo a los acuerdos de Jasavyurt y a la retirada de las tropas rusas de Chechenia.
Pero los guerrilleros, que en 1996 prácticamente se convirtieron en los amos de su república, independiente de facto, que crearon un Gobierno propio y que a comienzos del año siguiente llamaron a elecciones parlamentarias y presidenciales, fueron incapaces de construir una sociedad democrática y civilizada. Chechenia se convirtió en un agujero negro de la delincuencia.
La guerra había llevado a Chechenia a una serie de aventureros islamistas, que llegaron no sólo a luchar, sino también a hacer negocios, desarrollar la industria del crimen y a divulgar la fundamentalista doctrina wahabí. Jatab, un saudí-jordano fanático del wahabismo, se convirtió en la mano derecha de Basáyev, quien, a su vez, asumió las ideas de esa doctrina. Precisamente para instaurar un estado islámico en Daguestán, Basáyev lanzó una incursión en esa república vecina. Aquella incursión dio pretexto al Kremlin para comenzar la segunda guerra, todavía en curso.
Envenenado por un infiltrado o como resultado de rencillas internas, Jatab ha muerto, pero Basáyev, tras perder una pierna, sigue vivo y activo en Chechenia, como muchos otros líderes independentistas: Aslán Masjádov, el último presidente checheno y militar de carrera del ejército soviético; Ruslán Gueláyev, el ex ministro de Defensa checheno que se hizo fuerte en el desfiladero del Pankisi, y muchísimos nuevos comandantes.
Ahora Baráyev y su comando se han apoderado del teatro en el sureste de Moscú con la ilusión de repetir el éxito de Basáyev en Budiónnovsk. Putin desea aprovechar todas las posibilidades de diálogo, pero era improbable que actuara como lo hizo Chernomirdin.
Baráyev, discípulo de Jatab, era considerado uno de los comandantes más crueles, despiadado incluso con los suyos. Como jefe del Regimiento Islámico, heredado de su tío, tenía fama de salir ileso de las situaciones más difíciles: a pesar de que en dos ocasiones el Kremlin lo habia dado por muerto y en una aseguró que había sido detenido, Baráyev intentó asestar un durísimo golpe a Rusia... pero erró el golpe...
