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Tiempo de descuento en la ONU: La delgada línea roja de los átomos iraníes
El Investigador jefe del Centro de Seguridad Internacional del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales, Academia de Ciencias de Rusia, ofrece un contexto adecuado acerca de qué se está debatiendo en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre Irán. Un aporte del periodista especializado en temas de Rusia, Hernando Kleimans.
POR VLADÍMIR EVSÉIEV
07 de marzo de 2006 - 12:39
Desde mi punto de vista, la misma continuidad de las negociaciones Rusia-Irán constituye una señal positiva. Además, en el curso de la visita a Teherán del titular de RosAtom (la Agencia Rusa de Energía Atómica, HK), Serguéi Kirienko, la parte iraní propuso construir en Busher (N. de la R.: Allí Rusia construye una central atomoeléctrica) otros dos reactores energéticos, y también se escucharon referencias positivas sobre la propuesta rusa de producción conjunta de combustible nuclear.
Todo esto infunde seguridad en una resolución pacífica de este problema.
Al mismo tiempo, hasta ahora siguen sin resolverse dos cuestiones claves. La primera es definir si la parte iraní tendrá acceso a las tecnologías de enriquecimiento del uranio en la empresa conjunta ruso-iraní.
La parte rusa considera que esto es imposible porque, en este caso, se pierde el sentido de toda su propuesta.
Si los especialistas iraníes tendrán acceso a las tecnologías de enriquecimiento de uranio, desde el punto de vista político no habrá una diferencia sensible en crear la empresa conjunta en el territorio ruso o en el territorio iraní.
La segunda cuestión reside en que, por desgracia, para Occidente la "red line" es precisamente la puesta en marcha por Irán de investigaciones en el ámbito del enriquecimiento del uranio.
Esto tiene una importancia conceptual porque, en la actualidad, precisamente los partidarios del enfoque occidental son los que predominan en el Consejo de Directores (CD) de la AIEA.
En el caso en que Rusia e Irán alcancen un progreso esencial en sus negociaciones, pero que la parte iraní no se comprometa a una moratoria en dichas investigaciones, es posible el siguiente desarrollo: en la votación, por una mayoría de votos la cuestión iraní será elevada a la consideración del Consejo de Seguridad (CS) de la ONU. Y esto será hecho no por culpa de la parte rusa. Así puede conformarse la situación, porque desde el punto de vista occidental, precisamente esto es la "red line".
Según las informaciones que se disponen, Rusia está de acuerdo en mantener negociaciones independientemente de cómo será el desarrollo ulterior de los acontecimientos.
Considero que Rusia debe extender estas negociaciones el mayor tiempo posible. Desde mi punto de vista, lo único que hoy puede detener las negociaciones, y no sólo entre Rusia e Irán sino entre cualquier otra parte e Irán, son acciones de fuerza contra Irán.
Supongo que la adopción de la propuesta rusa habrá de ser positivamente recibida tanto en Rusia como en los demás países. Pero esto, seguramente, no será suficiente.
Esto deberá ser completado precisamente por la moratoria sobre las investigaciones mencionadas.
Ahora bien, incluso en el caso de que la cuestión iraní sea tratada en el CS de la ONU no implica que obligatoriamente sean adoptadas sanciones económicas contra Irán.
En calidad de un primer paso puede ser considerada la adopción de algunas sanciones políticas.
Por ejemplo, será limitado el ingreso a personalidades oficiales iraníes a algunos países, puede ser considerado el bloqueo de las cuentas bancarias iraníes, o adoptadas limitaciones en el campo cultural.
Por eso la consideración de esta cuestión en el CS de la ONU no significa la interrupción de posibles contactos.
Por supuesto, Rusia valora sus relaciones con Irán. Con esto, desde su punto de vista, las cuestiones económicas no son las más importantes, sino la cuestión de la estabilidad en el Cáucaso.
Por eso para Rusia es importante contener a otros países en la utilización de la fuerza contra Irán. En este último caso es posible la desestabilización de la situación tanto en las repúblicas caucásicas como en el Cáucaso del Norte ruso.
Moscú en absoluto está interesada en esto.
Para Rusia, en la actualidad, la cuestión principal dejan de ser los dividendos económicos que puede obtener en caso de una colaboración económica con Irán.
Para Moscú es conceptualmente primordial no obtener un foco de tensión en Transcaucasia y en el Cáucaso del Norte. En este momento la situación aquí es insuficientemente estable.
Existen tres estados independientes de-facto: Abjazia, Ocetia del Sur y Nagorni Karabaj.
Rusia tiene problemas de fondo en la república chechenia, en Daguestán y en una serie de otras repúblicas del Cáucaso del Norte. En el caso de utilizar el territorio de estas repúblicas contra Irán, desde mi punto de vista.
Es posible la desestabilización de toda la región. Por eso me parece que Rusia tendrá que aportar el máximo de esfuerzos para que el territorio, en primer lugar de las repúblicas transcaucásicas, no sea utilizado contra Irán.
Es extremadamente importante no permitir la utilización del territorio de Georgia, además del de Azerbaidzhan (N. de la R.: Los gobiernos de ambos países tienen acuerdos militares con USA).
Por lo visto, es poco probable la utilización de Armenia en esta instancia. En este sentido la declaración del gobierno georgiano sobre la posibilidad de utilizar su territorio contra Irán es de un carácter suficientemente provocativo, como para llevar a la desestabilización de la situación en la propia Georgia.
A propósito de los intentos de agudizar la situación y conducirla a un estadio de acciones decisivas, incluyendo la guerra, existen distintas fuerza que expresan distintos enfoques.
En particular, durante la administración Clinton, Washington intentó mejorar su relaciones con Irán. Ahora este enfoque no es el que prima, pero determinados círculos expresan su interés en él.
Precisamente por esto, desde mi punto de vista, se observa cierta pasividad de la Casa Blanca en relación con Irán. Además, en el momento actual no se excluye la posibilidad de utilizar la fuerza contra Irán, si la escalada del conflicto alcanza un nivel crítico.
En este caso, la "red line" se diferencia tanto en la representación de ella que tienen Rusia y Europa, así como Occidente en su totalidad.
Si para Europa y Occidente en general las investigaciones que Irán puede realizar en materia de enriquecimiento de uranio constituyen la línea roja, para Rusia no es así. Por eso el que Irán las lleve a cabo constituye un fuerte factor que empeora la interrelación entre Irán y Occidente.
Por otra parte, queda abierta una cuestión: en qué medida tales investigaciones son importantes desde el punto de vista del desarrollo por Irán de la energía nuclear, o es posible instaurar una moratoria sobre estas investigaciones por un período limitado.
Esto debe ser analizado. Las conversaciones sobre la posibilidad de utilizar la fuerza, por supuesto, conforman uno de los factores de influencia que se ejercen.
Pero de esto no surge que la fuerza militar será obligatoriamente empleada. Es posible que ella sea uno de los elementos de presión sobre Irán.
Con respecto a la incidencia negativa que Occidente intente aplicar sobre las negociaciones ruso-iraníes, hay que apuntar que Rusia, como China, dependen de Occidente.
A propósito, Occidente también depende de los suministros de los recursos energéticos rusos. Tenemos una colaboración mutuamente ventajosa.
Por supuesto, Rusia habrá de mantener obligatoriamente consultas con sus socios occidentales, en especial con los estados líderes que están representados en el CD de la AIEA.
De sus posiciones, en grado significativo, habrá de depender la decisión final del CD.
En consecuencia, Rusia habrá de considerar forzosamente la posición de Occidente, pero partirá de sus propios intereses. Cabe consignar que con frecuencia Rusia y Occidente tienen distintos intereses con respecto a Irán.
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Investigador jefe del Centro de Seguridad Internacional del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales, Academia de Ciencias de Rusia.
