ver más
POD 4 _336x280_violeta
ARCHIVO

Informe Especial: 11S, la historia oculta

Desde el 11S a la fecha, la década fue terrible. ¿Hay ganadores? Todavía no aparecen. USA mató a Osama bin Laden pero el costo que pagó es extraordinario, dentro y fuera de su territorio: desde pérdida de credibilidad global hasta la pérdida de libertades individuales para sus ciudadanos, sin mencionar US$ 4 billones aplicados en Afganistán y la inútil guerra en Irak, sin haber logrado instalar la democracia en ambos territorios. Hace un siglo, Norman Angell argumentó en The Great Illusion que la expansión militar no podía producir seguridad económica; que sucedería al revés. En realidad, ninguna de las dos es alcanzable sin la política; y en el año de la primavera árabe esa es la lección más importante de todas."Aqui algunos apuntes:

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Kalid Sheik Mohamed nació en Kuwait y estudió Ingeniería Mecánica en USA, antes de unirse en los '80 a los islamistas que combatían en Afganistán. Estuvo en Bosnia, Filipinas y Qatar, hasta que conoció a Osama bin Laden, a quien le sugirió atacar a USA. Él fue uno de los cerebros del atentado del 11S.

 
Fue capturado en Pakistán en 2003 y entregado a la CIA, que se lo llevó a uno de sus centros clandestinos, al parecer en Jordania, antes de ser trasladado a Guantánamo, en Cuba. Reportes de la CIA demuestran que Mohamed fue torturado hasta que confesó su papel en el 11S, el asesinato del periodista Daniel Pearl en Pakistán, la bomba contra el WTC de 1993 y el atentado en una discoteca en Balí. 
 
Mohamed fue acusado del asesinato de 3.000 personas. Él dijo que aceptaría la pena de muerte: "Esto es lo que quiero, ser un mártir".
 
El 11S es una tragedia que ya tiene otros mártires, verdaderos.
 
El 12/09/2001, los estadounidenses se escandalizaron con las fotos de personas que se lanzaban por las ventanas de las Torres Gemelas en un intento desesperado por escapar de las llamas. Algunos familiares de las víctimas no podían tolerar ver a sus seres queridos cayendo por el aire, pues de inmediato lo asociaban con un acto suicida. Desde entonces el tema se volvió tabú y la prensa no volvió a mencionarlo. Solo ahora algunos medios internacionales decidieron contar la historia detrás de esta tragedia humana y publicar imágenes inéditas de los 'saltadores' o 'jumpers'.
 
Un informe científico del National Institute for Standards and Technology (NIST) que explica cómo las torres se derrumbaron incluye un análisis de la hora precisa en que las víctimas saltaron, así como el piso y la ventana desde donde lo hicieron. El estudio reporta 104 muertes de personas que saltaron de los edificios, pero advierte que esa cifra puede ser más alta porque solo está basada en las caídas que quedaron registradas en imágenes y videos. 
 
4 minutos después de que el 1er. avión se estrelló contra la Torre Norte se arrojó la 1ra. persona. 
 
7 minutos más tarde, le siguieron otras 13. 
 
Cada una tardó alrededor de 10 segundos en estrellarse contra el pavimento a una velocidad promedio de 190 kilómetros por hora, dependiendo de la posición del cuerpo. La última víctima en saltar lo hizo justo cuando el edificio se estaba viniendo abajo.
 
Ellos sí fueron mártires. Y cabe preguntarse qué hizo USA desde su martirio y si su memoria es honrada por sus compatriotas.
 
Las dudas y 1 terrible conclusión
 
Nadie duda que 
 
> el 11/09/2001 alguien secuestró 4 aviones comerciales de USA, 
 
> las Torres Gemelas y la Torre 7 del World Trade Center se derrumbaron, 
 
> que el Pentágono sufrió grandes daños por un fuerte impacto, 
 
> un avión que se dirigía a Shanksville, Pensilvania, nunca llegó a su destino final, y 
 
> más de 3.000 personas murieron y más de 6.000 resultaron heridas en estos atentados. 
 
Pero en estos 10 años han surgido toda clase de teorías conspirativas en artículos, libros y documentales que ponen en tela de juicio las explicaciones e investigaciones realizadas por los organismos de inteligencia de USA y de su gobierno.
 
La administración de George W. Bush acusó por los atentados terroristas a la organización yihadista Al Qaeda, dirigida por Osama bin Laden, y justificó así la "guerra contra el terror". ¿Pero podría esto ser falso? 
 
Según la teoría conspirativa más popular, agentes del gobierno estadounidense realizaron los ataques para que la opinión pública apoyara invadir a Afganistán e Irak. Aunque esa afirmación suena fantasiosa y hasta infantil, múltiples investigadores, algunos de ellos muy respetables, mencionan inconsistencias que nada prueban, pero que dejan abiertos interrogantes difíciles de explicar.
 
Por ejemplo, según el documental norteamericano Zeitgeist, dirigido por Peter Joseph, es extraño que el Sistema de Defensa Aéreo de USA (Norad), el más poderoso del mundo, se haya demorado 80 minutos en reaccionar cuando normalmente se demora 10 minutos. También asegura que ese día se estaba realizando un entrenamiento militar en el cual se simulaba el secuestro de aviones, por lo que aparecían puntos falsos en el radar de las pantallas. Lo anterior hizo que quienes controlaban los radares se confundieran con los 4 aviones que realmente habían sido secuestrados y al principio no pudieran diferenciar entre los reales y los del ejercicio. La teoría dice que la intención era confundir a los militares y que esto estaba orquestado desde arriba. Lo anterior se soporta también en que ese día, el entonces vicepresidente, Richard Cheney, estaba comandando el Norad desde la Casa Blanca. Y en que las cintas que contienen las conversaciones de los controladores aéreos fueron destruidas al día siguiente. 
 
Otro ejemplo: Tal como afirma la organización de Arquitectos e Ingenieros para la Verdad del 11S, las Torres Gemelas no colapsaron por el impacto de los aviones, sino como consecuencia de una demolición controlada. En las entrevistas de ese día, los transeúntes aseguraron haber oído explosiones en el momento de los atentados. "Yo estaba hablando con mi supervisor cuando de repente oí una explosión tan fuerte que nos levantó, venía de abajo. Cuando apenas nos estábamos recuperando, oímos el impacto proveniente de arriba, donde se había estrellado el avión", aseguró William Rodríguez, empleado del World Trade Center (WTC), en Zeitgeist. Esto se debería a que en el interior de los edificios alguien instaló previamente explosivos. Además, sostienen que nunca antes un edificio de concreto y acero se había desplomado como consecuencia de un incendio, y que el modo vertical como lo hicieron es característico de las implosiones usuales en las demoliciones controladas. Pero lo más inexplicable es la caída de la Torre 7 del WTC, que quedaba a 100 metros de las Gemelas y no recibió impacto alguno. 
 
Entre otros, un ejemplo más: Muchos creen, tal como el ex agente de la CIA, William Christison, que el daño en las instalaciones del Pentágono no fue hecho por un avión, sino por un misil que solo hubiera podido lanzar el propio gobierno estadounidense. No hay evidencia de que un avión se haya impactado en o cerca del Pentágono, las únicas piezas que han quedado y que se pueden ver se pueden recoger con la mano, comentó en el momento el periodista de CNN que cubrió el ataque. Además, para que la aeronave llegara hasta este lugar se debían realizar maniobras complicadas que el secuestrador, Hani Hanjour, quien tenía fama de ser un mal piloto, no hubiera podido ejecutar. Con respecto a que gran parte del avión se evaporó, se explica que es imposible que un avión de estas dimensiones se desintegrara y que sí se hubieran podido identificar las huellas dactilares de las víctimas. Otros sí creen que el avión se estrelló, pero no que estaba en control de Al Qaeda, sino del Pentágono. 
 
Hay un dato muy importante acerca de la reconstrucción de todo lo que ocurrió el 11S. La Comisión de la Verdad, integrada para esclarecer los hechos ha sido severamente criticada, fue creada recién 1 año más tarde, su presupuesto de US$ 15 millones fue ridículo para la dimensión del trabajo (la que investigó el affaire de Bill Clinton con Mónica Lewinsky recibió US$ 40 millones) y fue integrada exclusivamente por personas muy cercanas a George Walker Bush y sus intereses ideológicos y de negocios. Bush y Cheney solo testificaron bajo la condición de que nunca se publicaran sus testimonios y que no hubiera ni juramento, ni presencia de la prensa, ni de familiares de las víctimas. Y el informe final tiene fallas importantes, tales como que no se investigó quién financió los atentados y ni siquiera menciona el inexplicable colapso de la Torre 7. 
 
En concreto, los atentados permitieron a Bush lanzar 2 guerras ilegales, afectar las libertades individuales de los estadounidenses y darle a la Presidencia poderes cercanos a los de una dictadura. Hoy es posible en territorio estadounidense, para dar unos ejemplos, detener indefinidamente a cualquiera, registrar su casa sin orden judicial y ser torturado por la simple sospecha de ser terrorista. Todo ello correspondería a los planes supremacistas, plenamente documentados, del Project for a New American Century, un think tank de extrema derecha del que habrían formado parte Cheney; el entonces secretario de Defensa, Ronald Rumsfeld, y funcionarios de alto nivel de los años de Bush Jr. 

 
Los años presentes
 
David Miliband escribió para The New York Times, a propósito del 11S, algunos conceptos que demuestra que, pese a todo lo que se firme, USA fue perjudicada y no beneficiada por la tragedia:
 
"La década transcurrida desde entonces ha sido la más traumática para Occidente desde los años '30. Ahora, conforme se acerca el décimo aniversario del 11/09, debemos preguntarnos cómo trazar una línea debajo del mismo y rescatar una posición de estabilidad y confianza. Demandará un cambio radical en la forma en que pensamos.
 
En los últimos siglos ha habido 3 sistemas de orden internacional: 
 
> el dominio económico y militar, 
 
> un equilibrio del poder y
 
> la soberanía compartida. 
 
Pueden coexistir, tal como lo han hecho más o menos en los años transcurridos desde 1945 en diferentes partes del mundo.

Pero, en la actualidad, USA está a la defensiva, económica y militarmente. Están surgiendo nuevas potencias como China e India, y donde se ha adoptado la soberanía compartida, Europa, se está luchando por mantener el control dentro de sus propias fronteras, ya no digamos como participante mundial. Las naciones y los pueblos del mundo están más entrelazados que nunca, ya que la información, las finanzas, los migrantes y los problemas fluyen cada vez con mayor facilidad por todo el planeta.
 
La última década fue de desorden. El 11/09 fue el detonante, pero Irak, la crisis financiera, los desequilibrios económicos globales y la Primavera árabe han desempeñado su propio papel. La debilidad del sistema internacional -en cuanto al comercio, el cambio climático, la situación entre Israel y Palestina- se ha sumado a la creciente sensación de que nadie está a cargo.
 
Las primeras razones para este desorden radican en las asombrosas asimetrías de los últimos 10 años, cuando la confiable métrica del poder y la influencia parece haberse invertido. Un actor que no constituye un Estado, Al Qaeda, hizo convulsionar al Estado más poderoso del mundo. El espacio no gobernado en lugares como Afganistán, Yemen y Somalia repentinamente se convirtió en una amenaza para las sociedades gobernadas. El poder ha pasado de los Estados fuertes a los ciudadanos conectados que usan los teléfonos móviles para exponer la violencia estatal en Siria y organizar a millones de manifestantes en la Plaza Tahrir.
 
El empeño y la capacidad de Al Qaeda para librar una yihad mundial fue (y es) una nueva y grave amenaza. Una de las varias razones de que la idea de una "guerra contra el terrorismo" fuera equivocada fue que permitió a la gente pensar que Al Qaeda era solo otro grupo terrorista como el Ejército Republicano Irlandés. No lo es. Al Qaeda tiene una visión del mundo, no solo una visión local. Aspira no solo al cambio, sino a la revolución.
 
Desafortunadamente, esta nueva amenaza de seguridad dio impulso al esfuerzo militar, cuando la parte predominante de la lucha debería haber sido política y diplomática. No veo que hubiera alguna alternativa a la decisión de Estados Unidos, en 2001, de expulsar al talibán de Kabul. La tragedia es que, una vez que se logró, la paz se perdió en vez de ganarse.
 
USA ha dedicado notables recursos a la lucha contra Al Qaeda. Pero la batalla se volvió un desvío impuesto de la vital tarea diplomática de forjar nuevas reglas e instituciones para un mundo independiente. Y aunque la década empezó con Estados Unidos deseando un descanso del liderazgo mundial, termina en una nota similar. (...)".
 
Lo que no se quiso ver
 
1 mes después del 11S, el entonces presidente Bush dijo: "Estoy sorprendido de que la gente nos odie, no lo puedo creer. Sé que somos buenos". 
 
Poco tiempo después, la Casa Blanca añadió que "nadie hubiera podido saber que el 11S iba a pasar, fue un ataque que no se podía predecir".

Ese discurso no resistió el paso del tiempo, pues, a la luz de la historia y de las investigaciones internas del FBI y de la CIA, es claro que los atentados se hubieran podido evitar. Fue una catástrofe anunciada, un engranaje implacable de 2 décadas de errores estratégicos, oportunidades desperdiciadas, pésimos cálculos políticos, incompetencia y soberbia.
 
La tragedia tuvo su origen remoto en la miopía histórica de los propios estadounidenses, y empezó cuando la Unión Soviética invadió Afganistán en 1979. "El día que los soviéticos cruzaron la frontera, le escribí al presidente (James Earl) Carter: 'Ahora tenemos la oportunidad de darles su Vietnam'", explicó en una entrevista Zbigniew Brzezinski, entonces consejero de Seguridad de la Casa Blanca. 
 
Para que Afganistán se volviera una trampa mortal para los soviéticos, Washington cometió su primer gran error: pactar, financiar, entrenar y alentar a los muyahidines, combatientes islámicos guiados por la fe y la sharia, la ley del Corán, sin miedo a la muerte pues ellos querían ser mártires del Profeta. Washington DC hasta toleró de los afganos el cultivo y exportación de la adormidera de la que se obtiene la heroína, que destroza la vida de miles de personas adictas, incluyendo a muchos estadounidenses.
 
Por cerca de 10 años, USA les envió instructores de la CIA, por lo menos US$ 30.000 millones y un arma que cambió radicalmente el destino del conflicto: los misiles Stringer, lanzados desde el hombro, que acabaron con los helicópteros artillados soviéticos. Después de perder 15.000 soldados en una guerra desgastante y empantanada, Moscú decidió abandonar Afganistán en 1988. En el intrincado ajedrez de la Guerra Fría, Washington había logrado una victoria histórica.
 
Pero los talibanes y sus aliados árabes -un ejército de fanáticos islamistas, no solo equipados, poderosos y organizados, sino convencidos de que derrotar a los imperios era posible- decidieron globalizar su ambición, considerando que USA era "el gran Satán". Y Washington se lo había ganado por su defensa irrestricta de Israel, su manejo de las crisis en El Líbano, en Irán, por la poca atención que les daban a los palestinos. Todo ello los convenció de que acabar con la superpotencia era una "misión divina". 
 
El entonces presidente Ronald Reagan, ridículamente ingenuo, dijo que "ver a los valientes combatientes por la libertad afganos pelear contra modernos arsenales con simples fusiles es una inspiración para los que aman la libertad".
 
En ese engranaje apareció Osama bin Laden, heredero de una multimillonaria familia saudita, el ícono de la lucha contra USA aunque no el único guerrero.
 
Bin Laden creó Al Qaeda o la Base. 
 
Pero los estrategas de Washington nunca pensaron que podía ser una amenaza. 
 
En 1991, después de atacar a Irak para liberar a Kuwait, tropas estadounidenses se instalaron permanentemente en Arabia Saudita. Para Bin Laden y sus seguidores, la presencia de un ejército de cristianos, "infieles y cruzados", profanaba la tierra del profeta Mahoma y de La Meca y Medina, los lugares más sagrados del islam. 
 
La complicidad percibida en la guerra de Rusia contra Chechenia, y en las masacres de musulmanes en Bosnia y la intervención occidental en Somalia, junto con el apoyo de Washington a los dictadores árabes, no hicieron sino reforzar el odio, el resentimiento y las ganas de venganza.
 
En los '90, los extremistas islámicos dejaron cada vez más claro que le habían declarado la guerra a USA. En 1993, un comando detonó 680 kilos de explosivos, camuflados en una camioneta, en un estacionamiento de las Torres Gemelas. En 1995 y en 1996 pusieron bombas en Arabia Saudita contra bases norteamericanas. En 1998 atacaron simultáneamente las embajadas estadounidenses de Tanzania y Kenya. Y en 2000, una lancha bomba casi hunde al buque de guerra USS Cole en la bahía de Adén, en Yemen.
 
Solamente USA no descubrió lo que ya se sabía en todo el mundo.
 
Aunque Bin Laden ya era uno de los hombres más buscados del mundo, las tentativas para neutralizarlo eran limitadas. Según el informe de la Comisión de la Verdad del 11S, "en la primavera de 2001, las agencias de inteligencia recibieron un flujo grande de advertencias sobre un ataque de Al Qaeda". George Tenet, entonces jefe de la CIA, incluso aceptó que "todos los indicadores de peligro estaban en rojo". Por eso es increíble que a pesar de tener la oportunidad de contrarrestar los planes del 11S, ni el FBI ni la CIA reaccionaron a tiempo. 
 
Desde 1998, la CIA intervenía el número telefónico de una casa en Yemen, donde se refugiaban terroristas. A finales de 1999, una llamada de Bin Laden advirtió que Khalid al-Mihdhar, uno de sus hombres de confianza, se tenía que preparar para una reunión en Kuala Lumpur, Malasia. Agentes de la CIA le siguieron la pista y descubrieron que tenía visa para Estados Unidos. Pero decidieron no avisarle al FBI, encargado del control interno del territorio estadounidense. 
 
Al-Mihdhar se reunió en Kuala Lumpur con otros islamistas para coordinar el 11S, pero logró unos meses después aterrizar en Los Ángeles sin que las autoridades se enteraran. En mayo de 2000 tomó lecciones de pilotaje en una escuela en California antes de volver a irse a Yemen y a Afganistán, donde reclutó a los suicidas del 11 de septiembre. El prontuario terrorista de Al-Mihdhar ya era conocido por la CIA. Sabían que había combatido en Afganistán, en Bosnia y en Chechenia, y los servicios secretos saudíes les habían advertido que era peligroso. Sin embargo, no tuvo problema para renovar su visa y volver a Estados Unidos en julio de 2001. 
 
Solo en agosto de ese mismo año la CIA por fin le entregó la información al FBI, que clasificó la investigación como "de rutina". Su nombre nunca estuvo en las bases de datos de seguridad aeroportuaria y el 11 de septiembre logró abordar sin complicaciones el vuelo 77 de American Airlines entre Washington y Los Ángeles.

2 horas después el Boeing 757-223 se estrellaba contra el Pentágono. 
 
En 2001, el FBI también descartó una pista clara. En agosto la oficina de Mineápolis arrestó a Zacarias Moussaoui, un francés de 33 años, por un problema de visado. Llevaba varias semanas entrenándose en una escuela de aviación, pero los agentes no le creyeron cuando les dijo que era un hombre de negocios que solo quería aprender a aterrizar un Boeing 747 para impresionar a sus amigos.
 
Intentaron en varias oportunidades pedir una orden judicial para revisar su computador. Sus superiores siempre se lo negaron. Ni siquiera cuando sus colegas franceses les dijeron que Moussaoui era un recluta de Ibn Omar al-Khattab, un extremista islámico y líder de la guerrilla chechena, lograron que sus jefes en Washington se preocuparan. Uno de los agentes finalmente escribió un memorando en el que dijo que "es imperativo que los servicios secretos sean informados de esta amenaza. Si se apodera de un avión entre Nueva York y Londres, podría llegar a Washington". 
 
El 11 de septiembre a las 8:00, un último mensaje de Washington llegó a Mineápolis, en el que daban detalles sobre la próxima deportación de Moussaoui, no por ser un supuesto terrorista sino por violar las normas migratorias. 12 minutos después, un 1er. avión se estrellaba contra las Torres Gemelas. 
 
Esa tarde al fin llegó la autorización para registrar las posesiones de Moussaoui. Ahí encontraron un plan de Al Qaeda para secuestrar varios aviones. También el número telefónico de Ramzi bin al-Shibh, que le giró dinero a Moussaoui y que pagó todo el operativo del 11S. 


 
La guerra
 
Sin embargo, si este aniversario se analiza respecto a la situación de Al Qaeda, USA ha ganado. La red terrorista vive una especie de desbandada, hoy sobreviven decenas de células pero sin una cabeza visible y desde el colapso de las Torres Gemelas no ha vuelto a cometer un atentado en suelo estadounidense. 
 
De acuerdo a Michael O'Hanlon, investigador de The Brookings Institution, uno de los think tanks más importantes de Washington, "no hemos perdido, y las naciones pacíficas hemos vencido colectivamente al terrorismo". 
 
Charles Krauthammer, considerado por el matutino Financial Times como el columnista más influyente de USA, consideró que "Al Qaeda no se ha debilitado de forma espontánea, sino por una guerra estadounidense masiva y permanente contra el terror y una campaña mundial, sistemática, sofisticada y letal. Según él, esa campaña consiguió que en una década Osama bin Laden pasara de ser "el emir del islamismo radical" a convertirse en "un recluso patético y viejo, incomunicado y dedicado a ver sombras de sí mismo en un televisor viejo dentro de un cuarto oculto".
 
No hay duda de que la muerte de Bin Laden, el 02/05/2011 en una casona amurallada de Abbottabad, una localidad paquistaní, ha sido uno de los mayores éxitos de las tropas estadounidenses en su lucha contra Al Qaeda. Con eso descabezaron la red para luego propinarle otro golpe durísimo al grupo radical cuando hace algunas semanas dieron de baja, también en Pakistán, al Nº2 de la organización, el libio Atyah Abd al-Rahman.
 
Otro aspecto en el que debe reconocerse la victoria de USA tiene que ver con que los sueños de Bin Laden y su red han llegado a su fin. El líder de Al Qaeda pretendía imponer el califato mundial y recuperar tierras que consideraba propias, como Andalucía, región que fue musulmana entre los años 711 y 1492, cuando los reyes católicos derrotaron al emir de Granada. Bin Laden no era el único en Al Qaeda que pensaba así. Su mano derecha y actual jefe de la organización, Ayman al-Zawahiri, escribió en una carta en 2005 dirigida a Abu Musab al-Zarkawi, el líder rebelde iraquí, que Irak debía transformarse en un Estado musulmán y que la capital de un nuevo mundo islámico debía quedar localizada entre "el Levante y Egipto". Nada de eso pasó.
 
En Oriente Medio ha habido cambios, pero ninguno ha guardado relación con Al Qaeda, que está maltrecha. La mecha de la denominada primavera árabe no se encendió para reivindicar el fundamentalismo islámico que pretendían Bin Laden y los suyos, sino para derrotar las dictaduras y promover la democracia. Todo empezó el 18 de diciembre de 2010, con la inmolación en Túnez de Mohamed Bouzazi en protesta por la corrupción del régimen; prosiguió con la renuncia, el 14 de enero, del presidente Zine al-Abidine Ben Alí y continuó con marchas en El Cairo que, 18 días más tarde, el 11 de febrero de este año, desembocaron en la dimisión del presidente Hosni Mubarak, hoy procesado por la justicia. Y eso para no hablar de los disturbios que van desde Yemen, en el sur de la península Arábiga; hasta Libia, donde el dictador Muamar Gadafi se ha derrumbado; pasando por Siria, donde el presidente Bachar al-Assad insiste, literalmente a bala, en aferrarse al poder.

 
Adiós confianza 
 
Sin embargo, en medio de este panorama, y a diez años del 11S, hay voces en USA que sostienen que los estadounidenses no han vencido en la guerra contra el terrorismo y que en cierto modo Bin Laden logró lo que quería. 
 
Daniel Byman, del Centro Saban para Oriente Medio, lo precisó en una conferencia en The Brookings Institution: "Es cierto que en esta década no ha habido ataques terroristas en suelo estadounidense. Pero hasta antes del 11S la percepción más extendida era que en el mundo las cosas funcionaban según 'el modo estadounidense' ('the American Way'). Ahora ya no".
 
Algo similar explicó el ex gobernador de Utah, John Huntsman, en el debate televisado de los precandidatos presidenciales del Partido Republicano que tuvo lugar en California. "El 11S este país perdió la confianza". 
 
En la más reciente edición de la revista Newsweek, con el título 'Did Osama Win' ('¿Ganó Osama'), el analista Andrew Sullivan señala que el deseo de Bin Laden era desatar una guerra de civilizaciones, tal como la que preveía Samuel Huntington, entre el Islam y Occidente. Y asegura: "Y mordimos el anzuelo". 
 
Del 11S a hoy, USA ha perdido inmensamente su credibilidad. 
 
Si hubo alguna justificación para iniciar la guerra contra los talibanes de Afganistán, país que le había dado cobijo a Bin Laden, no pareció haberla en el caso de Irak, pues jamás se descubrió un nexo entre el líder de Al Qaeda y el dictador iraquí Saddam Hussein. 
 
Y uno de los momentos claves de ese proceso tuvo lugar el 05/02/2003, cuando el entonces secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, héroe de la 1ra. Guerra del Golfo, exhibió en una sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas presuntas pruebas de que Hussein poseía armas de destrucción masiva. Con la idea de lograr el respaldo internacional para la invasión de Irak, Powell dejó ver unas fotos y levantó un pequeño frasco de ántrax. Poco tiempo después se descubrió que todo eso era una patraña. 
 
Powell renunció en noviembre de 2004 y, un año más tarde, en una entrevista con Barbara Walters, admitió que su discurso en la ONU había sido "un episodio doloroso en mi vida que quisiera borrar".
 
Derrota moral 
 
Otro revés para la credibilidad estadounidense llegó a principios de 2004, cuando, una vez ocupado Irak por las tropas norteamericanas, el programa 60 Minutes de la cadena ABC y luego un artículo de la revista The New Yorker escrito por Seymour Hersch pusieron al descubierto los abusos cometidos contra prisioneros iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib. Las fotos de una militar estadounidense, Lyndie England, burlándose de reclusos sin ropa, y de los abusos sexuales contra ellos minaron completamente el respeto que por Washington sentían en otras partes del mundo.
 
Pero lo más grave del hecho de que USA hubiera iniciado la guerra en Irak sin el respaldo de la comunidad internacional, como ordenan la Carta de la ONU y otras disposiciones multilaterales (solo el 1er. ministro británico Tony Blair, y el presidente del gobierno español, José María Aznar, respaldaron a Bush en la Cumbre de las Azores), ha sido el número de muertos y de refugiados. 
 
De acuerdo con la Universidad de Brown, los combates, principalmente en Irak y además en Afganistán, han cobrado la vida de 137.000 civiles y han generado 7,8 millones de refugiados, a lo cual cabe agregar los 4.792 soldados estadounidenses muertos en Irak y los 2.706 en Afganistán. 
 
Pero lo más grave, en estos días de crisis económica en USA, han sido los costos financieros de ambas guerras. 
 
La misma Universidad de Brown ha calculado que, si se tienen en cuenta los intereses financieros e incluso lo que cuesta mantener a los veteranos de guerra, USA ha desembolsado a causa de los conflictos en Irak y Afganistán más de US$ 4 billones y todavía no ha alcanzado sus objetivos prometidos a los contribuyentes. Aunque sean menos malos que los talibanes o Hussein, ni el gobierno de Nouri al-Maliki en Irak ni el de Hamid Karzai en Afganistán son modelos de democracia. Para rematar, en estos 10 años Washington no ha podido tampoco forzar un acuerdo de paz estable entre palestinos e israelíes, cuyas diferencias suscitan la debacle de Oriente Medio.
 
Fuera del número de bajas y de la pérdida de la credibilidad, y fuera de que la buena imagen estadounidense no llega al 50% en la mayor parte del mundo y de que los estadounidenses ya no son vistos como una potencia moral ni como los líderes del mundo libre, la vida diaria en USA ha cambiado intensamente desde el 11 de septiembre.

Otra vez vale la pena insistir: Pasar los controles de seguridad en un aeropuerto es vivir una auténtica pesadilla, y estacionar cerca a un edificio emblemático como la Casa Blanca en Washington es visto como una amenaza. Quien camina por las calles de Manhattan y ve un avión sobre el Empire State piensa siempre lo peor, y quien encuentra una maleta sin dueño en una estación de trenes de Amtrak cree que va a volar por los aires.
 
En estos 10 años, USA no cree tanto en sí mismo. El presidente Barack Obama se niega a pregonar a los 4 vientos el "excepcionalismo estadounidense" que constituye uno de los pilares de su conciencia como nación. Arianna Huffington, fundadora del portal de internet The Huffington Post, se apresta a publicar un libro donde argumenta que ella ya vive en un país del 3er. Mundo. El "sueño americano" naufraga en un desempleo del 9,1%, una crisis económica seria y 2 guerras en el exterior, la más vieja de las cuales ha sido también la más larga que ha librado USA, incluso por encima de la 2da. Guerra Mundial y de la guerra civil del siglo XIX.
 
George Will, columnista conservador del The Washington Post, afirmó: "La unidad nacional, que es usualmente una compensación de los rigores de la guerra, ha sido una de las principales bajas tras 2 guerras muy dudosas. Hoy este país está más desmoralizado que nunca desde los años setenta, cuando la sensación de impotencia, vulnerabilidad y decadencia se habían extendido mucho". 
 
Ese es el verdadero enemigo contra el que debe luchar Barack Obama. Esa es la nefasta herencia que le dejó su antecesor Bush. Y esa es la terrible situación que no quieren admitir los del Partido Republicano. Para la Humanidad es muy grave porque significa no solamente que, de regresar los republicanos al poder, podrían cometer tropelías semejantes sino que han barrido los límites de lo posible.
 
Final
 
Volvamos a David Miliband:
 
"(...) Aunque USA ha anhelado volver la mirada hacia sí mismo, y Europa realmente lo ha hecho, el resto del mundo ha estado ocupado haciendo fortuna. En 2000, India y China representaban solo poco más de 4% del comercio mundial; hoy esta cifra es de casi 12%. En la última década, 63% del crecimiento económico mundial ha provenido de economías emergentes. Para las naciones Bric (Brasil, Rusia, India y China), Al Qaeda nunca fue el juego principal. Su atención se centró en el crecimiento económico.

Esto deja una última razón para el desorden: una división filosófica sobre cómo gobernar al mundo moderno. Marshall McLuhan acuñó la idea de una "aldea global" en los años sesenta. Hoy en día su principio central -que somos independientes- es adoptado ampliamente. Pero hay una profunda división en cuanto a las reglas de la aldea.

El asunto central concierne a si la soberanía nacional puede y debería ser calificada. Esto aplica a todos los aspectos de los asuntos internacionales. Todos los Estados miembros de la ONU firmaron la llamada "responsabilidad de protección" en 2005, pero las sanciones de la ONU contra el asesino régimen sirio son bloqueadas por Rusia, China e India con base en que la seguridad interna es un asunto interno.

La idea de que la interdependencia debiera requerir una restricción de la soberanía nacional es, francamente, una opinión de la minoría. La Unión Europea no es actualmente un gran ejemplo de sus virtudes; los estadounidenses están recelosos, y los chinos e indios se muestran profundamente escépticos ante la idea. Tras salir de luchas políticas y económicas a favor de la independencia, lo último que tolerarán es la interferencia en sus asuntos internos. Esta es una razón importante por la cual, desde el cambio climático hasta los derechos humanos, el sistema internacional es incapaz de promover una acción eficaz.
 
Enfrentamos algunas tareas urgentes.

La 1ra. es reafirmar el papel de la diplomacia en la política internacional. Richard Holbrooke, un ex embajador estadounidense ante la ONU, me dijo que desde el 11 de septiembre Estados Unidos ha sufrido una "militarización de la diplomacia". Ahora necesitamos lo contrario.

2do., debemos volver a concebir la idea de un equilibrio del poder: no debiera concernir solo a los Estados, sino a los Estados y los pueblos. Como ha demostrado la primavera árabe, la ubicuidad de la información significa que las coaliciones del futuro necesitan ser formadas por el pueblo, no solo por las élites.

3ro., estamos entrando en una era de escasez de recursos. Aparte de la bomba atómica, este es el acontecimiento económico y de seguridad más peligroso en dos siglos. Si piensa que el juego de echar culpas en Europa contra Grecia es malo, solo espere a las discusiones sobre quién está causando las sequías y la inflación en los precios de los alimentos.
 
Finalmente, Occidente va a tener que redescubrir las bondades del multilateralismo y la soberanía compartida. Eso es difícil cuando, en Europa, nadie quiere pagar las cuentas de Grecia. Pero el multilateralismo es una póliza de seguro global contra la determinación de cualquier Estado de abusar de su poder. El problema no es que la UE y otras instituciones multilaterales sean demasiado fuertes; es que son demasiado débiles. Las instituciones regionales en el mundo árabe, África, Latinoamérica y el este asiático son un progreso obvio y necesario.

Hace un siglo, Norman Angell argumentó en The Great Illusion que la expansión militar no podía producir seguridad económica; que sucedería al revés. En realidad, ninguna de las dos es alcanzable sin la política; y en el año de la primavera árabe esa es la lección más importante de todas."

Más Leídas

Seguí Leyendo