El Ministerio de Salud israelí informó que 12.400 personas dieron positivo de coronavirus después de recibir la primera dosis de Pfizer. A su vez, el laboratorio informó que su vacuna tiene una efectividad de alrededor del 52% después de la primera dosis, que aumenta a alrededor del 95% con la segunda.
La vacuna rusa resultó ser peligrosa para mayores de 60 años, pero luego lo negaron. "El Ministerio de Sanidad aprobó cambios en las instrucciones de uso del medicamento. Así, los ciudadanos mayores de 60 años también podrán vacunarse contra el coronavirus", sostuvo el titular de la cartera sanitaria, Mijaíl Murashko, en declaraciones a la televisión pública del gigante euroasiático, casi sobre el final del año 2020.
En la Argentina, la Casa Rosada recibió un dossier enviado desde Moscú, que fue traducido y analizado en tiempo récord, en el que se garantizaba la efectividad del medicamento desarrollado por el Instituto Gamaleya en mayores de 60, y la ANMAT lo avaló.
En efecto, una vez publicada la recomendación en la página oficial de la ANMAT, el Ministerio de Salud emitirá una resolución oficial que autorizará oficialmente la aplicación de la Sputnik V en el principal grupo de riesgo de la Argentina, que incluye a alrededor de 7.400.000 personas. Entre ellas, el presidente de la Nación, Alberto Fernández.
Ocurre que el mandatario aún no decidió si se aplica la vacuna o si aguardará el momento de mayor conveniencia.
Cierto es que por ahora es el único recurso farmacéutico que tiene el Estado Nacional para enfrentar esta pandemia, que lejos de mejorar, empeora en el mundo, incluso en China, donde todo comenzó.
Joe Biden, quien hoy se convierte en presidente de USA, y la alemana Angela Merkel lo dijeron recientemente: "Los días más oscuros de la batalla contra la pandemia están delante nuestro, no detrás", dijo el primero y "lo peor está por venir", agregó, de manera más breve y contundente, Merkel.
Allí, las vacunaciones ya comenzaron. Incluso, en las últimas horas, Rusia remitió a la UE una solicitud para el registro de la Sputnik V, registrada ya en Rusia, Bielorrusia, Serbia, Argentina, Bolivia, Argelia, Palestina, Venezuela, Paraguay y Turkmenistán, en territorio europeo.
Pero todas las gestiones son lentas e inconstantes. Ocurre que la oferta de vacunas es ínfima frente a la gran cantidad de demanda, que hay avances como también retrocesos en las vacunaciones, y que hay muchas dudas, la primera es, sin dudas, si todas las malas noticias que aparecen son estrategias comerciales de los laboratorios para desacreditar a sus competidores o verdaderos traspiés.
Y si hay dudas en países donde los sistemas sanitarios están en las antípodas del argentino, no hay que hacer mucho esfuerzo para imaginarse hasta dónde pueden crecer aquí.
¿Cuál sería la respuesta de la población si se conoce, por ejemplo, que 23 personas padecen de parálisis facial tras la aplicación de la única vacuna aquí disponible, o si 10 ancianos murieron tras aplicársela?
Ya pesan sobre el gobierno argentino los reclamos por las medidas de confinamiento, los problemas económicos generados por la cuarentena, y los cientos que cargamos desde mucho antes de la pandemia, que ahora no hicieron sino más que recrudecer.
Es conocido que se cayeron muchas negociaciones y acuerdos rápidos para contar con más variedad de vacunas del mundo, pero también, que de concretarse otros, las entregas no podrán hacerse antes de mediados de año.
Las negociaciones con Pfizer se extendieron tanto tiempo cuando estuvo en manos del Ministerio de Salud que ahora ese laboratorio demora una respuesta a la última propuesta que le hizo la secretaría Legal y Técnica, Vilma Ibarra.
Más allá de la capacidad o la voluntad, también es cierto que Pfizer apenas puede cubrir la demanda de los países con los cuáles ya hubo acuerdo. Por eso, aquí hablan poco de su vacuna.
La semana pasada, dijeron que era inminente una reunión del Presidente con ejecutivos del laboratorio norteamericano Moderna, pero luego no se informó si el encuentro se produjo o no.
Parte de la vacuna del laboratorio británico-sueco AstraZeneca, se produce aquí y luego en México se termina de hacer la separación y el envase, pero el producto final lo tomaría AstraZeneca para distribuirlo en América Latina, según el acuerdo firmado por ese laboratorio con la Fundación Carlos Slim, que ayudó a financiar las investigaciones, y aunque la distribución en la Argentina se vería beneficiada por ser un lugar de elaboración de la vacuna, nadie garantiza la cantidad deseada.
El ministro de Salud, Ginés González García, informó que compró 51 millones de dosis de vacunas, pero no dijo a quién o quiénes ni cuándo se vacunará masivamente. Puro anuncios, pocas certezas, mientras los casos siguen en aumento.
¿Se viene la tercera ola para el otoño? En Europa, la segunda ola llegó peor que la primera. Y ya no hay vacuna que de esperanza... Quizás habrá que esperar 10 años y confiar en los expertos que afirman que para entonces el Covid-19 será apenas una gripe. El dilema es que los cuerpos resistan.