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Propofol, sexo y poder: El tabú silencioso de los hospitales

En diálogo con Urgente24, especialistas analizaron los riesgos del propofol y su vínculo con consumos, ansiedad y búsqueda de desconexión.

El propofol, un anestésico de uso hospitalario, quedó en el centro de debates sobre sexo, poder y consumos fuera del quirófano tras la polémica generada en el Hospital Italiano. Desde Urgente24 hablamos con especialistas para analizar qué revela este fenómeno sobre la sociedad actual y los riesgos posibles de la sustancia.

Para el toxicólogo Carlos Damin, el potente agente anestésico intravenoso “es un depresor del sistema nervioso central” que sólo puede utilizarse de manera segura bajo control profesional. Explicó que, durante su administración, los médicos controlan posibles complicaciones como “depresión respiratoria”, hipoxia o baja saturación de oxígeno, por lo que advirtió que fuera del ámbito médico “puede ser potencialmente mortal”.

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Además, el científico manifestó preocupación por “todo el consumo de sustancias”, desde el abuso de alcohol hasta “la utilización banal de marihuana o psicofármacos”. En ese contexto, alertó que ciertos anestésicos “están destinados a ser utilizados por profesionales de la salud” y sostuvo que, si salieran del circuito hospitalario, “definitivamente podrían generar un desastre”.

Por su parte, el psiquiatra Eduardo Figueroa, consideró que “no se refiere tanto a la salud mental actual, sino a la cultura actual”, con el que “la búsqueda de placer tiene un lugar más aceptado que antes”. En ese sentido, advirtió que ciertas prácticas pueden derivar en “una especie de tecnicismo estimulado por sustancias”, donde “lo emocional no tenga una preponderancia dentro del vínculo sexual”.

Propofol, ansiedad y búsqueda de desconexión en tiempos de agotamiento

Para el psicólogo Luciano Lutereau “la ansiedad es uno de los síntomas contemporáneos más importantes”, entendida como “un modo de inercia psíquica” asociado a “no poder dejar de pensar”. En ese sentido, explicó que muchas personas recurren a soluciones químicas frente a un malestar que no logran resolver por otras vías.

“Muchas veces se buscan soluciones químicas cuando no se las encuentra psíquicamente”, señaló, y agregó que “a un síntoma de época le corresponde también una solución de época”. Para el especialista, así como ante el dolor físico alguien recurre a analgésicos, frente al “dolor psíquico y la ansiedad” aparecen respuestas “de tipo neuroquímico”.

Asimismo, sostuvo que este tipo de consumos revelan “más que el cansancio emocional y social de nuestra época”, y consideró que hoy las personas viven situaciones de “agotamiento o extenuación”. Según explicó, la tendencia muchas veces pasa por “reducir los estímulos a cero”, algo que puede buscarse tanto a través del sueño como mediante distintas formas de anestesia.

Finalmente, lo vinculó con una cultura marcada por “el rendimiento, la hiperexigencia y la autoexplotación”. “Cuando alguien no da más necesita algún tipo de desenchufe”, afirmó, y remarcó que palabras como “desconectarse” o “desenchufarse” reflejan “el carácter maquínico del ser humano” en la actualidad.

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