Con 153 años de historia, Villa María es una ciudad ubicada a unos 140 kilómetros al sur de la capital de la provincia. Más de 100 mil habitantes viven en uno de los nodos productivos más importantes del país a nivel agropecuario, con una producción centrada fundamentalmente en la industria de la carne y los cereales.
La reactivación de la circunvalación villamariense es una de las apuestas políticas de Martín Gill, que busca crecer en la consideración cordobesa a pesar de su actuación en dos frentes políticos que por ahora no se ponen de acuerdo (PJ cordobés y el kirchnerismo). El doble funcionario obtuvo hace poco más de una semana la renovación de la licencia como intendente de la ciudad de Villa María, que le permite continuar desempeñándose como secretario de Obras Públicas de la Nación.
Gill llegó a la intendencia de Villa María en 2015 como candidato del Frente para la Victoria, y en 2019 con el apoyo del Hacemos por Córdoba de Juan Schiaretti (hoy gobernador de la provincia), renovó su mandato. Por eso, su decisión de tomar el cargo de secretario de Obras Públicas a nivel nacional a inicios del 2020 no cayó bien en en el Panal (Casa de Gobierno de Córdoba).
Anteriormente, el abogado se había desempeñado como diputado nacional por Córdoba del FPV y rector de la Universidad Nacional de Villa María, definiéndose a sí mismo como “un político con perfil académico”. Además, Gill fue noticia a mediados del 2020, cuando fue imputado en Córdoba por incumplir con el Aislamiento Preventivo y Obligatorio al concurrir a una fiesta de cumpleaños.
Si bien el villamariense siempre estuvo alineado con el kirchnerismo, para el PJ cordobés era un actor moderado que bien podría entrar en la consideración de Schiaretti para tener un espacio en el escenario político cordobés, algo que se materializó con el mencionado apoyo. Una vez en los cargos (de intendente y secretario), Gil comenzó a demostrar que su construcción política es, de hecho, bastante autónoma, aunque la naturaleza de su tarea nacional lo acerca mucho al gobierno de Alberto F.
Como un doble agente, Martín Gill se mueve en el limbo de una división que por el momento no parece cerrarse. Fiel al estilo schiarettista, el Intendente se asegura obras “faraónicas” para su electorado “chico”, aunque haciendo partícipe a los jefes nacionales, algo que Schiaretti considera inadmisible.
Su pivoteo entre Nación y Córdoba le permite a Gill construir un perfil de “ejecutor”, ya que no tiene que pasar por la jerarquía política que la mayoría de los intendentes deben sufrir para conseguir un presupuesto para obras. Ese “beneficio” lo posiciona como uno de los candidatos a suceder a Schiaretti con más cercanías al kirchnerismo (al que le deberá varios favores si llega a ser gobernador en 2023).
Si bien su moderación con respecto al accionar del gobierno provincial le da un boleto a la competencia por el mandato cordobés, su incursión nacional lo posiciona por detrás del intendente de Córdoba, Martín Llaryora, quien es hoy el mayor candidato a suceder a Schiaretti, ya que es del “riñón” del ‘Gringo’ y quién menos se mostró con funcionarios del gobierno nacional (algo valorado en Hacemos por Córdoba).
La participación de Gill en el escenario político provincial cuenta entonces con un gran impulso de Nación (se muestra muy cercano del senador Carlos Caserio, el encargado de construir el frente kirchnerista en Córdoba en caso de no lograr un acuerdo con el schiarettismo), algo que a la hora de iniciarse en la carrera por una gobernación puede ser bueno por la exposición, aunque más tarde puede jugar en contra en una provincia naturalmente anti K.
El doble cargo y la crítica de la oposición.
A pesar de que la obra de la circunvalación en Villa María es (independientemente del ejecutor) una buena noticia, los opositores entienden que la posición que ha asumido Martín Gill para lograr dicho proyecto, es impracticable y éticamente cuestionable. Cabe recordar que el peronista se encuentra de licencia como intendente de Villa María (sostiene el cargo) y se desempeña como secretario de Obras Públicas de la Nación.
Al entender de la oposición, esta doble función va en contra de las disposiciones de la Carta Orgánica de la ciudad de Villa María, por lo tanto le exigen a Gill que retome su cargo como intendente o que renuncie al mismo para que algún sucesor pueda encargarse de lleno a la administración de la ciudad. Gill ya obtuvo su tercer renovación semestral de la licencia sin goce de sueldo, aunque ha declarado que en caso de que ello le fuese rechazado en algún momento, volvería a sus funciones como intendente, algo que marca que su intención es sostenerse como figura a nivel provincial.