Rebeka está en el extremo opuesto. Esta mamá de un niño de cinco años lleva uno haciendo cibersexo también a través de Sexywebcam.com. Su infraestructura técnica es muy básica. "Es una cosa casera: una webcam sobre la silla que voy moviendo". Para Rebeka, "esto es un trabajo, pero divertido. Eso sí, nunca enseño la cara, como mucho la boca, pero jamás los ojos".
Webcam poco profesionales y actores aficionados que ni siquiera muestran su rostro. ¿Puede el porno casero arruinar a la establecida industria pornográfica, con sus chicas despampanantes y su despliegue de medios técnicos? Pues lo está haciendo.
Hace unas semanas, la revista Penthouse se declaró en bancarrota. Según sus editores, Internet es la causa de sus males. Aparecida en 1965, está a medio camino entre el erotismo cuidado de Playboy y los primeros planos de sexo explícito de Private. Pero ninguno de los tres enfoques funciona en la Era Internet. Con 300.000 páginas web pornográficas, muchas gratuitas, no se puede competir. Además, buena parte de ellas se nutre de fotos y vídeos pirateados a la propia industria. "No hay futuro para nosotros", confiesa Bob Guccione, fundador de Penthouse.
# Quenny Love
Es el mejor exponente del impacto de las nuevas tecnologías sobre el negocio del cibersexo. Esta joven alemana de 22 años empezó a colgar en la Red fotos de sus encuentros sexuales en el año 2000. Hoy se la disputan las grandes productoras del Hollywood, de la industria pornográfica.
"No puedo revelar el número de clientes o mis ganancias, pero nunca pensé que mi sitio tuviera tanto éxito". Sus primeros vídeos triunfaron por su carácter casero. Sólo estaban ella y el hombre objeto de su atención. Hoy sus producciones son más sofisticadas, pero sin dejar de tener ese aire amateur. "Internet me permite estar en contacto con mis fans y es mi mejor promoción", afirma.
La multinacional Private es la que más empeño ha puesto en adaptarse. Además de volcar el contenido de sus revistas y vídeos en su página web, ofrece espectáculos en vivo. La compañía anunció pérdidas por un millón de euros. Lo mismo que generó su negocio on line, una de las pocas divisiones rentable. Magro resultado comparado con los 72 millones que, según un informe de NoticiasDot, obtuvo la nueva industria del sexo amateur sólo en España.
"La gente está cansada de ver chicas esculturales, quiere sexo más cercano, como si fuese su vecinita", comenta Ana, que cuenta con su propio canal en Sexyweb cam.com. "Yo soy muy normalita, acabo de tener un hijo, pero la gente me quiere así". Para Ana, el éxito del porno casero se basa en el anonimato y la interactividad que ofrecen las nuevas tecnologías y en la emotividad. "Sabes que hay alguien al otro lado". "Algunos hasta se enamoran, se conectan todos los días, incluso sin pedir que se desnude", apostilla Javier, su marido.
La clientela también cambia. Todos coinciden: cada vez hay más parejas y mujeres solas mirando.
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(*) Ariadna, Madrid, España, 2003.