Tita Merello nació en el barrio de San Telmo y ella cree que debió nacer hombre. Desde los 10 hasta los 12 años fue boyero de una estancia, y después de esa edad se vino a Buenos Aires con su familia. A la escuela no fue nunca y aprendió a leer y escribir a los veinte años, pero sin maestro, ella solita con un diccionario. La instrucción que hoy posee la ha adquirido por sus propias fuerzas.
A su venida a Buenos Aires se dedicó a atender su casa y refirió que entonces lo hacía mejor que ahora. Asegura que discutía los 5 centavos en la feria y agrega que ella sola se bastaba para arreglar todo. Expresó que mientras lavaba los platos cantaba. Un día se le ocurrió cantar un tango y su mamá le reprochó por la clase de música que elegía para cantar, y agregó "pensar que hoy bendecimos al tango las dos".
SU INGRESO AL TEATRO
Lo hizo en el Avenida, en al año 1917, donde fue para cantar, pero a pesar de haber llegado hasta el escenario con un hermoso moño colorado lo tenía de collar. En el año 1919 actuó de corista en el teatro Porteño en una compañía de operetas, ganando 165 pesos mensuales y el primer mes le aplicaron una multa de 20 pesos por salir a escena sin medias, y graciosamente agregó: "Y pensar que hoy nos pagan para que vayamos sin ellas!"
Cuando actuó de bataclana en la compañía de Madame Rasimi, en el Opera, dice que las pintaban de tal manera que nadie podía reconocerlas y el día del debut, a la salida de la función, a la puerta del teatro esperaban a todas las artistas numerosos admiradores... A ella la siguió uno que le hablaba en francés. Así, lo aguantó durante varias cuadras... hasta que en una de esas se cansó y le dijo al conquistador: "Rajá..., si no te hago llevar en cana". Y el tenorio que se las daba de francés resultó un criollo que comprendió rápidamente lo que le contestó y en un abrir y cerrar de ojos desapareció.
Después actuó Tita en una compañía de revistas que fue a Rosario, donde ella se adjudicó el puesto de primera bailarina...y nunca en su vida había bailado.
"Leguisamo", "El ciruja", "Niño bien" y el tango que a ella la consagró fue "Del barrio de las latas" que fue su revelación.
SU AMOR POR EL ARTE
Estando ganando 800 pesos mensuales en el Apolo, dejó ese teatro para ir al Nacional con 400 pesos por vislumbrar que podía hacer arte y no solamente cantar tangos. Al preguntarle Bates con que categoría entró al Teatro Nacional ella respondió que no puede estipularse puesto, cuando se es algo.
Contó que a ella le dicen en el teatro que es insolente y refirió así: "Lo único que yo he hecho y lo único que hago en el teatro es defender la independencia del artista. A mi ninguna empresa me paga... el público al ir a verme es el que me paga, de modo que es el que me manda y si no pruebas al canto: Cuando él, el público, no va a una sala, ¿ésta no cierra sus puertas?... Vale decir que si no hay público no hay empresa... entonces, ¿quién es el que paga?
Vamos a reproducir fielmente lo que declaró Tita Merello: "En el teatro nadie me ha protegido. Me he defendido solita con mis propios méritos y cuando se está catalogada como yo, en el núcleo de las feas, eso es una defensa más contra las bonitas. Yo, en mi afán de encontrarme no me resigné a ser únicamente tanguera, no porque crea que esto desmerece, muy al contrario, creo que hay que tener grandes condiciones para triunfar en esto: pero yo desconozco la palabra constancia. Intenté hacer arte interpretando La Mala Ley, con Arata y recuerdo una sola frase de elogio del periodismo en la que decía: "Arata no podía haber encontrado más digna compañera". Si usted, Bates, toma en cuenta que esto se lo decían a una tanguera, no debe dejar de reconocer que es todo un porvenir". Y luego agregó: "Yo no soy ni buena ni mala, estoy en el término medio como persona".
EL TANGO CÓMICO
Elegí el tango cómico porque es el más difícil y agregó: "Lo cómico y lo ridículo están muy juntitos, no hay nada más difícil que hacer reír".
Es el que ella llegará a ser la gran actriz de Buenos Aires, y dijo: "No sé cuando, no interesa, pero lo seré, y no crea que esto es una insolencia ni una pretensión; no sé si esto será cuando tenga 45 años, pero que lo seré estoy convencida".
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(*) Artículo publicado en la revista Club de Tango, de marzo-abril 1995