Esto de manera alguna implica subestimar este grave problema que arroja miles de víctimas cada año donde el impacto psicológico varía para cada mujer. Además, el Chikan constituye un delito grave (cuando este es probado) y algo hay que hacer para proteger a las pasajeras femeninas.
Sin embargo, el chikan también es parte y nicho del comercio sexual lo que hace que muchas mujeres hagan dinero con la participación en videos sexuales, fotos, y clubes sexuales, lo que dio lugar a vagones falsos (imekura - clubes de imagen) donde los hombres pueden ver o tocar a las señoritas para cumplir sus fantasías sexuales. Esto se hace, obviamente, con la ayuda de mujeres que lucran con el comercio sexual.
Dependiendo de su punto de vista sobre el sexo y el comercio sexual, estas personas podrán ser consideradas pervertidas o una triste realidad acerca de los aspectos universales de la naturaleza humana.
Hay que recordar que el consumo de droga es un tema menor en Japón, lo mismo que el desempleo, cuya tasa es muy baja. Además, si bien la pobreza existe, Japón es relativamente rica y la mayoría de las mujeres que cobran para satisfacer la fantasía del "el abusador sexual" han elegido libremente ganarse el dinero con ese tipo de trabajo.
Por contraste, muchas mujeres que han ingresado al comercio sexual en el Reino Unido y USA lo han hecho empujados por el problema de adicción a las drogas u otros factores relacionados con los abusos, la pobreza y otras cuestiones afines.
Por lo tanto, por un lado están las mujeres que han sido víctimas por haber sufrido abusos en los trenes, lo que constituye un problema muy grave. Sin embargo, por otro lado existen mujeres que hacen dinero con las fantasías sexuales de los hombres que practican el chikan. Sin embargo, aunque algunos hombres pueden encontrar satisfacción por tocar las damas pagando dinero en vagones falsos, es evidente que para otros hombres eso no será suficiente porque el chikan se basa justamente en la discreción y en el desconocimiento de la victima.
Por lo tanto, la retroalimentación del problema es evidente: algunas mujeres en el comercio sexual no hacen sino agravar el real problema de las mujeres en los trenes debido a que algunos hombres dejan de conseguir satisfacción en los falsos vagones, lo que puede incrementar aún más sus impulsos sexuales/delictivos.
Es preciso señalar que, para algunas personas, los culpables siempre serán los hombres. Si estos no tuviesen estos impulsos sexuales, ni el chikan ni el comercio sexual serían un problema en la sociedad.
Sin embargo, la historia nos dice que el comercio sexual es parte integrante de los aspectos de la naturaleza humana. Si bien esto no se aplica a todos por igual, solo es una cuestión de grados. El comercio sexual es un factor poderoso en muchos países en mayor o menor medida.
Además, las razones que llevan a los hombres a practicar el chikan son complejas. Para algunos hombres puede representar un mecanismo de liberación del estrés laboral. Para otros pueden ser impulsos sexuales que ocurren en el fragor del momento. Sin duda, también puede responder a una naturaleza criminal cuando de abusar sexualmente de mujeres se trata.
Los factores son sin duda complejos. Tan complejos como los que llevan a a las mujeres a ganar dinero con esa realidad tan “popular” en Tokio.
Existen también casos más peligrosos de grupos de hombres que participan en chikan. Para estas personas que actúan en banda es importante conseguir un aumento de penas de prisión porque magnifica el problema y lleva el factor miedo a sus extremos.
Tokio y otras ciudades cuentan con vagones especiales solo para mujeres en horarios pico. Sin embargo, este servicio no está disponible a la noche por no ofrecerlo la mayoría de las compañías ferroviarias. Este sistema necesita ser modificado. Se hace inexplicable un sistema que responde a una problemática puntal tenga respuestas a la mañana, pero no después de las 5 de la tarde.
La realidad del chikan se la percibe al constatar la instalación de cámara en los trenes, los frecuentes operativos policiales, y una mayor concientización social y normativa que trata al chikan como un delito grave en Tokio y en todo Japón.
Sin embargo, los imekura (los clubes de imagen) también son un hecho como lo son las reuniones de hombres que pagan a mujeres para cumplir sus deseos sexuales y la constante aparición y mejoramiento de nuevas técnicas. La profesión mas antigua del mundo, dicen.
Además, la represión contra chikan no es fácil: causará que inocentes sean victimas por el capricho de un agente de policía celoso, o por falsas aseveraciones donde las mujeres involucradas en verdad hayan tratado de robar dinero u otra pertenencia de una víctima desventurada. Y no se descarta que alguna mujer puede sobreactuar lo que realmente pasó, vaya a saber uno por qué motivos.
Parece un tema menor, pero en el mundo civilizado, los inocentes también necesitan ser protegidos de fraudes y falsas acusaciones.
En definitiva, tanto el chikan como el comercio sexual se retroalimentan. De hecho, la sola existencia de los vagones especiales para mujeres tiene como contrapartida que los hombres que practican chikan, al ver que una mujer no entra a esos vagones especiales, sino a los generales, la consideren “fair play”.