Sexo, poder & denuncias: Aquellas noches de Spartacus (La otra vida de Oyarbide)
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El costado más sórdido de aquel famoso caso que involucró al juez federal Norberto Oyarbide explotó con la difusión televisiva del ya célebre video íntimo del juez, en la pantalla de Canal 9, y la declaración ante la Justicia de Luciano Garbellano, receptor de 9 balazos durante una oscura noche en las cercanías de Campana cuando intentaba negociar la venta de unos videos prohibidos
Lo de Garbellano complicó aún más al juez federal. Él acusó a Oyarbide, entre otras cosas, de haberle brindado protección al prostíbulo masculino Spartacus, a cambio de entre US$ 10.000 y US$ 15.000 mensuales (años de paridad US$ = $1), más la provisión gratuita de servicios y champán en el local.
La defensa del juez sostuvo que los dichos de Garbellano fueron producto de una negociación con el grupo de fiscales que encabezaba Norberto Quantín -cuyo objetivo sería mandar a Oyarbide a la cárcel-.
Imputado en la causa por violación a la ley de profilaxis y por cohecho a la Policía para que permitiera el funcionamiento del prostíbulo, José Antonio Soldano -según el expediente que instruyó el juez Fernando Rodríguez Lubary, 1 de los 3 dueños de Spartacus, junto a su hermano Daniel y a Garbellano-, dijo que Garbellano es un delincuente sin códigos. (¿?)
Soldano denunció a Garbellano luego de reunirse con el abogado de Oyarbide.
Soldano sostuvo que él era el único dueño de Spartacus y que Garbellano era un taxi boy que él había contratado, que el negocio primero funcionó en el 7mo. piso del edificio de Anchorena 1684, y que luego, por obvios problemas con el consorcio, se trasladó a Agüero 1916, que en el local trabajaban 20 hombres, que se facturaban US$ 2.000 por día, que con el 40% de ese dinero se les pagaba a los taxi boys y que sus ganancias netas mensuales estaban en el orden de los US$ 6.000 ó US$ 7.000 (paridad 1 a 1).
Soldano negó que hubiese n sistema de cámara de videos instalado en las habitaciones del prostíbulo y que nunca le pagó por protección a la Policía o a Oyarbide.
Y que Spartacus estaba cubierto legalmente porque lo tenía habilitado como un lugar donde se realizaban servicios relacionados con espectáculos teatrales, contratación de actores y modelos.
Sin embargo, el comisario Roberto Rosa -ex jefe de la División de Seguridad Personal- fue sospechado de haber cobrado por proteger a Spartacus.
Ariel Maximiliano Paz, un taxi boy que habría trabajado en Spartacus, denunció ante la Justicia que él personalmente le llevaba el dinero mensual a Rosa.
En la versión de Garbellano, el dueño de Spartacus era él.
Y Soldano, si bien había alquilado el local de la calle Agüero, era un socio minoritario que se llevaba el 28% de las ganancias.
Fuentes judiciales confirmaron que el nombre de Soldano figuraba en el contrato de alquiler del inmueble de Spartacus y en la líneas telefónicas que funcionaban en la calle Agüero.
Según Garbellano, Oyarbide iba a Spartacus todos los viernes y sábados.
Según Soldano, Garbellano vivió durante 6 ó 7 meses en el 3er. piso del edificio donde funcionaba Spartacus.
Y que el juez Oyarbide lo visitó varias veces allí sin saber que en el 1er. y el 2do. pisos funcionaba un prostíbulo, porque entraba y subía por el ascensor hasta el 3ro.
-¿Usted lo vio a Oyarbide allí?
-Alguna vez lo vi. Garbellano me lo presentó como un amigo suyo que era juez. Lo había conocido en el restorán El Mirasol de la Recova (donde Oyarbide supuestamente amenazó de muerte a un recepcionista). Garbellano es un trepador, que quería aprovechar las influencias de un juez federal. A todo el mundo le decía que era sobrino de Oyarbide, incluso después de que se pelearon.
-¿Por qué se pelearon?
-Garbellano le pidió dinero a un amigo de él para poner un prostíbulo de travestis, que llamó Reverse (en Scalabrini Ortiz 670). A este amigo le dijo que él tenía influencias como para no tener problemas con la Policía. Reverse fue clausurado a los 20 ó 25 días. Entonces Garbellano le pidió ayuda a Oyarbide, quien se la negó. Ahí se distanciaron.
Soldano aseguró que en ese 3er. piso del edificio donde vivía Garbellano, se lo filmó con una cámara oculta a Oyarbide cuando le presentaban a un joven musculoso al que saludaba afectuosamente -video que difundió Canal 9 en su momento y que se encontraría en poder del Consejo de la Magistratura de la Nación-.
Soldano dijo tener dudas de que efectivamente se hubiese filmado al juez en una relación sexual con otro hombre.
Cuando intentó explicar las características del negocio que encabezaba, Soldano sostuvo que se trataba de un lugar donde se concertaban citas, pero aseguró que quienes llegaban a entablar una "amistad", se iban a otro lugar.
También dijo que el sitio había sido ambientado como estudio fotográfico.
Cuando se le recordó que Spartacus se promocionaba con avisos en los diarios y que hasta tenía una página en Internet para seducir a potenciales interesados, sólo calló.
Tampoco pudo explicar por qué en el allanamiento realizado en la casa de la madre de Garbellano se secuestró un video filmado en el prostíbulo en el que aparecen 2 hombres mientras mantienen relaciones sexuales.
Aseguró que su familia era propietaria de un supermercado y no dio detalles sobre la forma en que se ganaba la vida.
-¿Soldano, usted a qué se dedica, concretamente? -le preguntaron durante la indagatoria.
-Soy estudiante -respondió sin inmutarse.
-¿Qué estudia? le insistieron.
-Italiano -cerró la cuestión.
Una vida bastante tranquila para un hombre de, por entonces, 31 años.
Una vez que ya se había peleado con Oyarbide -dice Soldano-, Garbellano empezó a negociar el video.
-No sé a quién o a quiénes, pero pidió cifras increíbles. Más de US$ 1 millón. Finalmente, en medio de esa negociación, lo balearon en Zárate. Entonces se decidió a extorsionar a Oyarbide, que hasta ahí no sabía nada de la filmación. Le mandó una carta a la casa, donde inventó que le debía US$ 118.600 por servicios a sus amigos en Spartacus. Y le dijo que nunca iba a llegar a ser camarista federal -agregó el servil Soldano.
Cuando el diario La Nación publicó que Oyarbide había sido denunciado por Zineddine Rachem, el encargado de recibir a los comensales en el restaurante El Mirasol de la Recova, el magistrado tuvo que pedir una licencia.
Según fuentes judiciales, al día siguiente de la publicación del caso en La Nación, se descubrieron contactos telefónicos entre el celular del comisario Roberto Rosa, la secretaría privada de Oyarbide y el teléfono móvil de Garbellano.
"Tengo mucho miedo de que me pase algo", dijo Rachem al juez de instrucción Fernando Rodríguez Lubary.
"(...) El 27 de abril de este año (1998), Zinnedine Rachem, Zino, como ya lo llaman en Tribunales, se presentó ante el fiscal José María Campagnoli.
Pero él no sabía nada de nada, apenas que el juez Oyarbide le había advertido "Zino: te quedan 48 horas de vida".
Es más, Campagnoli le preguntó : "¿Usted sabe dónde está?" y él respondió que no. Campagnoli tuvo que explicarle: "Esto es una fiscalía".
Esa noche, el ingeniero árabe de 39 años, lo suficientemente políglota para conseguir el puesto de recepcionista en un restaurante frecuentado por ricos y poderosos, contó que el juez federal solía concurrir a "un comercio sexual para hombres que regenteaba un amigo del comparente y del magistrado, de nombre Luciano".
Zinnedine agregó que en los primeros días de marzo (de 1998) estuvo en la casa de Luciano Garbellano donde el taxi boy le hizo ver un video en el que aparecía el juez; que ese video podía ser la razón del distanciamiento entre Luciano Garbellano y Oyarbide, pero no tenía idea de si Garbellano lo había extorsionado.
Sí estaba enterado, en cambio, de los dos tiros que le habían descerrajado a Luciano Garbellano durante un viaje a Zárate y que suponía que las amenazas obedecían a que Oyarbide sabía que él conocía la existencia del video. Zino no firmó la declaración, tenía el pavor en el cuerpo, "no sabía dónde estaba parado".
El 8 de mayo (de 1998) el argelino volvió a presentarse en la causa para prestar declaración testimonial. Esta vez su versión fue bien distinta: Zinnedine Rachem sostuvo que conocía a Luciano Garbellano por ser cliente del restaurante y que no mantenía relación con él fuera del local.
Amnésico, el argelino agregó que no recordaba haber afirmado que el juez Norberto Oyarbide iba a El Mirasol y tampoco recordaba haber asegurado que había visto el video. Que jamás había tenido acceso a él y nunca nadie le había hablado de su existencia.
(...) Cuando leyó la breve declaración en la que el recepcionista Rachem optaba por jugar al mentiroso compulsivo, el ex camarista Juan Pedro Cortelezzi, defensor de Norberto Oyarbide, respiró aliviado: su cliente quedaba mejor posicionado en la causa 36.285/98.
Ayer Rachem, quizá convencido de que sus desmentidas sólo beneficiaban a Oyarbide pero no aventaban los riesgos que corría, prefirió volver a la versión que, muerto de miedo, había desplegado en la calle Cerrito ante el fiscal Campagnoli y le dijo al juez Rodríguez Lubary "que la declaración primera es absolutamente real".
(...) Preguntado por los magistrados por qué tenía temor, Zinnedine Rachem contestó sin vueltas que "por las amenazas telefónicas recibidas y por lo que le había sucedido a Garbellano en Zárate". Tenía miedo, en definitiva, "de que le pasara algo igual", que le daba terror haber sido amenazado por un juez federal a quien, creía, le había molestado sobremanera que él le rechazara una oferta sexual.
El argelino hizo saber –ahora a Rodríguez Lubary y con la firma al pie de la declaración– que Luciano Garbellano le fue presentado por Oyarbide como "un empresario de la Bolsa" y que este año fue por primera vez al pequeño departamento de Garbellano en Plaza San Martín porque éste le explicó que quería que conociera su nuevo domicilio.
Allí Garbellano le sugirió que se sentara porque le iba a dar una sorpresa y le hizo ver el famoso video, apenas los primeros tramos, los que se difundieron por televisión.
Zinnedine continuó contando que quiso saber por qué Garbellano tenía esa filmación en su poder y éste le explicó que era para protegerse y porque al juez Oyarbide le gustaba que lo grabaran.
Tres días más tarde, por teléfono, Garbellano le contaría algo más: que Oyarbide era su socio en Spartacus y otros dos locales similares.
De acuerdo al testimonio del argelino, Garbellano le había informado que Oyarbide se llevaba mucha plata de Spartacus o que no quería pagar y por eso el taxi boy lo había echado del lugar.
Poco tiempo después Garbellano fue a buscar a Zinnedine a El Mirasol y le advirtió que las conversaciones habían sido escuchadas por Oyarbide puesto que el magistrado había ordenado "chuparle" el teléfono a su ex amigo de Spartacus, según le había revelado el comisario Rosa.
A esa altura, Rodríguez Lubary quiso saber por qué razón Rachem había negado todos estos hechos en su segunda declaración.
"Porque tenía miedo de que me mataran –replicó el declarante–. Todos decían que me había metido en algo grosso".
En su curioso español, Zinnedine Rachem pormenorizó sus desgracias: había tenido que dejar su trabajo, creía que también sus dos hermanos corrían riesgo y uno de ellos había preferido regresar a Argelia.
También pensaba que todos estaban contra él porque Oyarbide "era un juez federal muy amigo del ministro del Interior, cosa que sabe porque los vio saludarse en El Mirasol y Oyarbide le dijo varias veces que eran muy amigos" y que el ministro "lo llevaría a camarista". (...)"
