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De Telerman a Fidel Pintos: El arte de la sanata

Algunos apuntes que quedaron de la emisión de la semana pasada del programa 'A 2 Voces' (por TN), deberían resultar un llamado de atención para Jorge Telerman.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Fidel Pintos nació el 28 de febrero de 1905 en el porteño Bajo Belgrano. Tenía 6 hermanos, y era simpatizante de Defensores de Belgrano, y de River Plate, que los '30 inauguró su estadio en Nuñez.
Su nariz era llamativa. Él lo explicó así: "Un domingo fui a la cancha de San Lorenzo y al salir un policía me pidió documentos. Le entrego la libreta y me dice 'Éste no es usted, no se parece en nada'. Lo que sucede - le contesté al agente - es que la nariz sigue en la otra página, a la vuelta..."
Fidel comenzó a trabajar a los 14 años, como cadete del Banco Holandés. Pero 2 hermanos eran empleados del Correo Argentino, y se convirtió en empleado público hasta que en 1933 lo despidieron en una "racionalización del personal".
Pintos ya integraba el grupo teatral 'Churrinche', de Domingo Sapelli, y animaba bailes y presentaba orquestas de tango. A veces se olvidaba lo que tenía que decir y salía del paso con las primeras palabras que le venían a la mente, con tono serio, formal: quienes lo escuchaban raramente entendían mucho más que el título del número que seguía a continuación.
Un día de 1938, en uno de esos shows, faltó un recitador que estaba en el programa, y Fidel salió del paso hablando de malvones, de glicinas, de ladrillos, de tango, nadie entendió pero causaron mucha gracia.
Un tiempo después, Fidel presentaba a una orquesta en el auditorio de la entidad gremial de los choferes de tranvías y colectivos, la UTA. A medianoche bajó al bar y se prendió en una conversación en la que no dijo absolutamente nada inteligible, pero parecía que deslizaba conceptos importantes.
A los parroquianos les divertió mucho y el cantinero le ofreció a Fidel pagarle el doble de lo que pagaba por presentar orquestas, a cambio de 1 hora de actuación. Había nacido la 'sanata'.
Fidel defendía su oficio: "Uno pica una cebolla y se pone a llorar; tráigame usted una hortaliza que me haga reír".
Sin embargo, la política y el gobierno del Estado debería ser diferente. Es verdad que a menudo la 'sanata' es utilizada por los gobernantes argentinos, pero esto ha provocado una enorme decadencia de las instituciones en general.
El caso de Jorge Telerman es interesante porque en sus más recientes apariciones públicas se ha dejado ganar por la tentación de la 'sanata'. El jefe de Gobierno porteño es carismático, simpático, más creativo que su antecesor, el pésimo Aníbal Ibarra, pero involucrado en la campaña electoral, Telerman debería resultar más concreto, en especial porque él se encuentra gestionando la Ciudad.
Es obvio que Telerman puede lograr muchos más sufragios que el insulto Daniel Filmus, a quien sólo Alberto Fernández y Víctor Santa María pueden imaginar como candidato, obligándolo a penurias que nunca imaginó que soportaría. Para Filmus resultaría un alivio levantar ahora mismo su precandidatura.
Pero esto no debería tentar a Telerman a apelar a la 'sanata' como recurso político. Luego, debería realizar algún entrenamiento de 'media coaching' porque es insólito que una persona que se ufana de conocer de semiología, apenas mira a su entrevistador y nunca a la cámara, cuando hoy el medio es el mensaje.
Telerman tiene posibilidades de ganar, aún a Mauricio Macri, quien al parecer hoy lidera las encuestas pero luce condenado a la 2da. vuelta, pero deberá ajustar su discurso, sin caer en excesos -frecuentes en Elisa Carrió, otra simpatizante de la 'sanata'-, o repetir el problema que tiene el inefable Macri: las ideas que se pierden entre las frases.
Telerman no debería encontrar en este comentario alguna mala fe. Es mejor que alguien se lo explique a que todos se lo omitan. Y es mejor que lo sepa en la 1ra. quincena de marzo y no el 3 de junio. Luego, ya es grande para resolver por sí mismo.
No es imposible irradiar simpatía y ser concreto, a la vez, especialmente frente a un electorado bastante exigente como es el de la Ciudad mal llamada autónoma. Al fin de cuentas el electorado de las villas de emergencia que abultó Ibarra para ganar comicios, por suerte todavía no es la 'masa crítica' del padrón porteño. Y, en definitiva, ese voto depende -mientras no se lo eduque y dignifique- del clientelismo eficiente. Entonces, Telerman, a trabajar más en el discurso.

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