Como es tradicional en la economía cárnica, la mejora que hubo en los precios y redundó en jugosas utilidades para los traders, la padecieron los consumidores en las carnicerías vernáculas.
El aumento en dólares de la cotización llegó a US$6, con lo cual superó a la de Brasil, que bajó un centavo, mientras Uruguay y Paraguay operaron con alzas y bajas, respectivamente.
La demanda internacional viene cambiando. Si tradicionalmente USA y la Unión Europea eran los mayores compradores de carne en el mundo, con alrededor de un 50%, lejos venían los países asiáticos y muy por detrás los latinoamericanos.
Pero una proyección por 10 años de la realidad actual indicaría que va a bajar a la mitad la demanda de la UE y USA, China superará el 50% y Latinoamérica se situará en el 25%, conforme estimó Fernando Canosa, coordinador técnico de la Mesa de las Carnes.
Teniendo en cuenta que Europa se lleva los cortes de alta calidad, Israel y Chile el cuarto delantero, China el garrón y el brazuelo, Rusia el trimming y Brasil la picaña, que es la parte de arriba del cuadril separada de la riñonada, del diagrama de la media res quedarán para consumo interno más asados, vacíos, matambres y carnaza para milanesa.
El desagregado no se nota, en cambio, en la evolución del precio doméstico de la hacienda en pie, que nada más que en enero subió 14% en relación al mes anterior, lo cual determinó que se rettrajeran aún más las compras internas de cortes vacunos: en el primer mes del año, el consumo per cápita ya se situaba en el equivalente a 55,5 kilos, 3,8% por debajo del correspondiente a igual período de 2018.
Una creciente liquidación de vacas y vaquillonas, que en el arranque del año fue 3,2 puntos porcentuales superior a la de enero de 2018 y sólo se compara a las peores fases de liquidación de hembras, como las de 2008 y 2009, ha sido el resultado de una prolífica venta al exterior, que el año pasado alcanzó 356 mil toneladas de peso producto, un 81,7% más que 2017, equivalente a más de 39 mil toneladas, apenas mitigada por una demanda interna que se fue replegando a medida que afecta más los diezmados ingresos de la población.
El buen clima que vive la ganadería es reflejado por las asociaciones de criadores, en vísperas de Expoagro, feria a la que Braford, Brangus, Angus, Hereford, Limousin, Murray Grey y Senepol ya confirmaron su participación.
En el caso de Angus, aumentaron de 13 a 16 la cantidad de plantas que certifican carne de la raza, lo que representa un alza del 40% interanual. También crecieron en la cantidad de cabañas asociadas y los remates.
Facundo Rivolta, gerente de la Asociación Argentina de Brangus, señaló que “este año los precios se incrementaron un 20% interanual. En el Brangus Show de Palermo, un toro y una vaca de la cabaña Rancho Grande alcanzaron las cifras récord de 2.450.000 y 1.500.000 de pesos respectivamente”.
Por su parte, el gerente de la Asociación Argentina de Criadores de Limousin (AACL), Roberto Bianculli, sostuvo que en 2018 “aumentamos la cantidad de reproductores inspeccionados, que en 2017 ya habían crecido en un 54%. Incrementamos nuestros socios en un 12% y obtuvimos buenos precios. Los toros alcanzaron un promedio de $75 mil”.
Añadió finalmente que, en lo que se refiere a los mercados de exportación ya hace 2 años que venimos cumpliendo con nuestra cuota Hilton tras casi 8 sin poder hacerlo”.
Al incremento en la comercialización de carnes al exterior no le sobra valor agregado, al igual que viene sucediendo últimamente con los despachos afuera del complejo sojero.
La cosecha fina que se levantó en verano: de 19 millones de toneladas de trigo y 4 millones de cebada, deparó US$4 mil millones, cuya mitad se hizo ver más en la liquidación de unos US$1.750 millones en el mercado de cambios, que lo que los granos se pudieron mostrar en la molienda.
Y ahora viene la gruesa, principalmente, la soja, que comienza a recolectarse en marzo. Del maíz se esperan entre US$5 y 6 mil millones, y además están el girasol, el maní, el arroz y por supuesto la soja.
Ejemplos de la primarización
Héctor Huergo publicó en Clarín un draft de la concentración de las ventas al exterior en productos primarios: “en diciembre pasado se exportaron 870.000 toneladas de poroto ´crudo´, contra solo 27.000 toneladas un año antes; un incremento del 3.000%. En todo el año, según el INDEC se molió un 12% menos que en el 2017, y ahora fuentes del sector calculan que en el 2019 sólo se procesarán 35 millones de toneladas. Esto significa una capacidad ociosa del 46%”, describió.
Aún con la primarización que caracteriza a esta etapa agroexportadora, el campo creó la mayor cantidad absoluta de empleos genuinos en un año como el último , caracterizado por una crisis económica que –considerando empleados, autónomos y monotributistas– destruyó 128.226 puestos de trabajo en el sector privado.
A noviembre pasado, la cantidad de empleos formales en empresas del sector agropecuario había sido de 330.389, con un crecimiento de 7.580 que representan 2,3% más que en el mismo mes de 2017, según la Secretaría de Trabajo de la Nación.
En realidad, principalmente gracias a las exportaciones de cereales, biodiesel, harina, aceite y porotos de soja, el rubro oleaginosos y cereales y otras actividades primarias es el que más ingresos generó el año pasado: US$23.676 millones, seguidos por su correlato industrializado: alimentos y bebidas, con US$5429 millones netos, de acuerdo con las cifras del último Balance Cambiario publicado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA).
Más atrás en el ranking vendrían la minería, con US$3653 millones, y los servicios profesionales y técnicos con US$1002 millones.
Vaca Muerta, con los hidrocarburos no convencionales (shale oil, shale gas y tight gas) aún es una promesa en etapa de gestación que requiere de ingentes inversiones, pero por ahora el balance cambiario neto de la actividad petrolera es negativo en US$2010 millones.
Los datos demuestran que las divisas agroindustriales permiten asegurar las operaciones y empleos de la mayor parte de los sectores económicos presentes en el territorio argentino, y, en consecuencia, terminan subsidiando el desarrollo de los más grandes productores de bienes y servicios, que consumen muchos más dólares de los que generan.
Es el caso de las maquinaria y equipos, con un déficit cambiario de US$4634 millones en 2018; la industria automotriz con 4398 millones, la química con 3017 millones, fletes con 1149 millones, metales con 613 millones y textiles, con 248 millones, entre otros, altamente dependientes de los insumos importados, y por ende vulnerables a los crónicos déficits de cuenta corriente del balance de pagos argentino.