Es por ello que las especulaciones no paran ni un minuto. Una de ellas habla de la propuesta que sea la propia CFK quien enfrente a Vidal en territorio bonaerense. Y la otra es de aquellos que están convencidos que el único que puede ganarle a la mandataria provincial es Sergio Massa. Con todo el peronismo detrás de él. El problema está en el ex intendente de Tigre, que nada quiere saber de ello. En su espacio hay dirigentes valiosos que lo consideran así. Ideas que sólo reflejan el lío de organizarse cuando aún las reglas de juego no están claras. Sí hay una premisa innegable. Para ser gobernador de la provincia de Buenos Aires se necesita primero ser un dirigente de alcance y volumen nacional. No hay muchos en agenda.
Una reciente encuesta que le llevaron al intendente de La Plata, Julio Garro, arroja que quien más votos a gobernador sumaría en ese distrito, detrás de María Eugenia Vidal, es Axel Kicillof. De ser así en otros distritos sería una muestra cabal que el ex ministro de Economía es quien mejor retiene el voto de la senadora nacional. A los intendentes esta realidad mucho no les cae en gracia, aunque varios de ellos ya lo recibieron en sus distritos. Tampoco es cuestión de cerrar las puertas.
Mientras tanto, el peronismo alternativo trata de romper la polarilación cada uno por su lado. Estaba prevista una reunión en Mar del Plata para enero pero aún no está confirmada. Cada uno de los precandidatos busca sumar por su lado y hasta la Unión Industrial busca un candidato que pueda quebrar esa lógica antagónica. De lo contrario, “habrá que votar al menos malo”, dijeron en las últimas horas. Ese parece ser el camino por delante.
La campaña ya está en marcha. El año nuevo marca dudas e indefiniciones viejas. Lo bueno es que cada vez estamos más cerca de aclararlas.