Mucho se puede discutir de los errores que cometió este Gobierno para corregir los desequilibrios macroeconómicos, y alguna consideración también es posible hacer respecto de qué tanto se avanzó al respecto y qué activos (fundamentalmente el desendeudamiento) se invirtieron para realizar ese avance. Pero dejando esa tarea a los economistas, me interesa remarcar que claramente hubo errores políticos que provocaron que, consumida más de la mitad del mandato, el Gobierno esté como está: débil políticamente (bajo nivel de apoyo) y con dificultades económicas.
Y el principal error fue no entender cómo funcionan los ciclos de Gobierno en minoría y la necesidad que ellos provocan de tener una estrategia para incorporar, con algún incentivo, a algún sector de la oposición para garantizarse un proceso de toma de decisiones no muy costoso para encarar las reformas y cambios que había que encarar.
¿Alianza con el Peronismo? ¿Ampliación de la coalición de Gobierno? No, no se trata de eso. Incorporar al proceso de toma de decisión no se trata de integrar, sino de lograr que un actor externo a la coacción de Gobierno colabore con la toma de las decisiones. Para ello es necesario un sistema de incentivos que lo lleven a colaborar. Nadie colabora por el bien de la humanidad, así es la política real. Pero sí es posible pensar en incentivos que permitan integrar a diferentes sectores a la toma de una decisión y poder así lograr los consensos mayoritarios para gobernar en minoría.
Creo que no haber tenido una estrategia para seducir a sectores del peronismo no kirchnerista (porque el kirchnerismo nunca hubiese colaborado), para que colaboren en la toma de las decisiones es el principal error político que cometió este Gobierno a lo largo de todo su mandato. Siempre logró consensos poniendo recursos (Ley de Holdouts, Ley de Blanqueo, Presupuesto 2016, Presupuesto 2017, Reforma Fiscal, Reforma Previsional, etc.), lo que no ayudaba a resolver el problema fiscal sino a agravarlo. Y no decimos que se podía lograr sin recursos, pero sí decimos que la forma en que se hizo fue muy costosa.
En la reunión del martes 11/09, el Gobierno volvió a cometer el mismo error, el de pensar que debe apelar a un sentimiento patriótico para que el Peronismo le apruebe el Presupuesto, más que pensar en cómo integra a algún sector de los Gobernadores a la toma de la decisión. Y para ello, lo que tiene que resolver es qué le da a ese sector a cambio de que colabore con la decisión.
Un desafío cada vez más complejo porque el tiempo se fue agotando, y hoy recrear ese sistema de incentivos es más dificultoso porque el calendario electoral está encima y es difícil competir contra el natural interés de ganar la elección que cada vez más tendrán los actores de la oposición.
Y para los que creen que no se puede estar tomando decisiones sin plata en mano, les digo que no siempre los incentivos son monetarios. Muchas veces pueden incluir acciones orientadas a dotar de poder o de recursos institucionales que mejoren la condición política de determinado actor.
Es cierto que los errores del comienzo fueron achicando el margen de acción del presente, pero eso no significa que hoy no quede más margen de acción para lograr incentivos que generen que algún sector del peronismo colabore con el Presupuesto y con la Gobernabilidad.
Es hora que las necesidades políticas estén por encima de la estrategia electoral. Porque, tener una estrategia para seducir a un sector de la oposición a través de incentivos que permitan que aquellos colaboren con la toma de decisión no atenten contra una estrategia de diferenciación con el Peronismo para poder representar la nueva política en la Argentina, tal como pretende Jaime Duran Barba. Aquello bien pudiera hacerse sin afectar la estrategia de comunicación y de posicionamiento política del Gobierno. No tener esa estrategia es, pensando bien, un error, pensando mal, una estupidez.