La exactriz porno, hoy día bailarina en barras americanas (pole dance), mantiene un contencioso por difamación con Trump, quien niega haber mantenido una relación con ella durante algunos meses de 2006.
En un escrito ante el juez federal S. James Otero, del Distrito Central de California, Avenatti pidió que Trump y Cohen no “salgan del caso sin afrontar ninguna consecuencia real o una indagación significativa sobre la verdad”.
Cohen primero y Trump después propusieron al magistrado Otero desistir de la demanda dando así la razón a Daniels, en una nueva estrategia para evitar que se les llame a declaración.
El caso tiene su origen en el pago de US$ 130.000 de Cohen a Daniels antes de las elecciones presidenciales de 2016 a cambio del silencio de ella sobre un presunto intercambio de sexo que mantuvo con el ahora Presidente una década atrás.
Al filtrarse ese pago a medios estadounidenses a principios de este año, Daniels llevó el caso a los juzgados para invalidar el pacto, alegando que era nulo porque Trump nunca lo firmó e hizo público el idilio.
Cohen, de hecho, se declaró culpable de haber violado las reglas de financiación de campañas políticas por los pagos tanto a Daniels como a la ex modelo de Playboy, Karen McDougal, en los que implicó a Trump.
Cohen dijo que actuó bajo las órdenes de Trump, aunque el Presidente afirma que se enteró de los pagos después de las elecciones y ha negado cualquier relación con Daniels, ya que podría ser utilizado en algún momento por Melania Trump como motivo para pedir el divorcio.
“Cohen es un delincuente. Y Trump es su cómplice. Suscribieron el acuerdo y pagaron US$ 130.000 para beneficiar la campaña de Trump y esconder información a los votantes durante las elecciones de 2016”, indicó Avenatti en su escrito.
“Terminar ahora con el caso después de todas las mentiras, engaños y artimañas expuestas anteriormente sería prematuro y erosionaría la confianza pública en los tribunales”, agregó.
Michael Avenatti siempre quiso trascender pero su proyección pública estaba limitada a la defensa de personajes como Paris Hilton y Christina Aguilera. Pero el 'caso Daniels', que afecta de a la Casa Blanca y a algunas inconfesables actividades ocurridas en la Trump Tower, le ha abierto una ventana de oportunidad.
Avenatti, con la misma afición a vivir peligrosamente que le ha llevado a disputar como piloto 33 pruebas, incluyendo las 24 Horas de Le Mans y las 24 Horas de Daytona, se ha lanzado contra Trump, reconociendo que su objetivo es derrocarlo.
"Se ha catapultado a sí mismo para convertirse en protagonista de la historia", dijo Stephen Gillers, profesor de Leyes en la Universidad de Nueva York, en declaraciones al The Washington Post. Y agregó: "Cuando un abogado adquiere tanto protagonismo público, hay muchos peligros".
De todos modos, su cliente se encuentra en nuevos problemas. Por ejemplo, enfrenta su 3er. divorcio, esta vez de alias Glendon Crain (Brendon Miller), con quien se casó en 2010 y padre de su hija de 7 años.
Según Avenatti, Crain ha acusado a Stormy de adulterio y presentó la demanda de divorcio el 18/07 en Texas, donde reside la pareja. Además, él solicitó la custodia de su hija (para evitar que la actriz se llevara a la pequeña de gira con ella por varios locales de striptease de USA donde realiza su show. Precisamente al pasar por Ohio, Stormy fue detenida cuando hacía su show. Según el reporte del incidente, publicado por un medio local, 2 detectives de policía y 1 oficial detuvieron a Daniels -quien se encontraba en topless- en el escenario luego de que ella "usara sus senos desnudos para golpear a clientes" y "tocara los senos de mujeres clientes". Daniels supuestamente puso sus senos en la cara de una policía de civil, antes de "forzar" la cara de otro agente policial hacia su pecho y "abofetear su cara con sus senos desnudos": ¡¿?!).
Crain conoció a Daniels filmando porno. Ella ya estuvo casada con los actores porno Pat Myne (entre 2003 y 2005) y con Mike Moz (entre 2007 y 2009).
Una buena: Stormy Daniels fue retratada por la legendaria fotógrafa de modas, Annie Leibovitz, lo que anticipa la publicación de una entrevista en una importante revista estadounidense.
En tanto, la gran pregunta: ¿está Trump más cerca del impeachment o juicio político?
Aquí un interesante punto de vista de Jorge Díaz-Cardiel, autor de "Clinton vs Trump" y "Trump, Año 1", en el madrileño CincoDías:
El 2% de los estadounidenses está satisfecho con la situación económica actual y es optimista respecto al futuro (Gallup, 1 de septiembre). En abril de 2016 el porcentaje fue del 25% y en enero de 2009, del 7%. ¿Va la economía mejor con Trump que con Obama? En el segundo trimestre de este año, el PIB anualizado creció un 4,2%, idéntico porcentaje al del mismo período de 2014, mitad del segundo mandato de Obama. ¿Se crea más empleo con Trump que con Obama? En los 19 meses que Trump lleva como presidente, se han creado 3,58 millones de empleos. En los últimos 19 meses de la presidencia de Obama se generaron 3,96 millones. Gana Obama.
La economía no va mejor con Trump que con Obama, pero el primero saca pecho de ser el artífice de la “mayor expansión económica de nuestra historia”. No es cierto: la economía americana, en toda su historia, creció más con Ulysses Grant, Eisenhower, Johnson y Clinton, que con Trump. No es menester pedirle conocimientos de historia a Trump. También le dijo en junio de 2016 a su amigo de Fox, Sean Hannity, que su libro The art of the deal es “el más vendido de la historia” y, Hannity, que es amigo del presidente, pero no es tonto, respondió con una pregunta retórica: “No cree que quizá sea la Biblia el libro más vendido?”. Trump dudó, pero sabiendo que Hannity es muy culto, contestó: “Probablemente sí; amo la Biblia, me la sé de memoria”.
Hannity, que apoyaba –como su cadena Fox- al candidato Trump– pensó en 90 millones de católicos y 80 millones de evangélicos como posibles votantes, así que preguntó: “Siendo así, ¿cuál es el pasaje que más le gusta?” “Son tantos los pasajes que soy incapaz de elegir uno solo”, señaló Trump. Hannity cambió de tema y dio por terminada la entrevista. Una semana después, Fox entrevistaba de nuevo a Trump: el primer bloque de preguntas era religioso, cristiano, y Trump se “manejó con maestría”…
The Washington Post –pertenece desde agosto de 2013 al dueño de Amazon, Jeff Bezos, quien es muy crítico con el presidente; la hostilidad es mutua– ha detectado más de 50.000 mentiras dichas (en prensa, radio, TV, Internet, redes sociales, etc) por Donald Trump desde que tomó posesión en enero de 2009. Y, en lo que a la marcha de la economía se refiere, el presidente se está arrogando enteramente el mérito de una recuperación que, dicen los datos, empezó con Obama en junio de 2009. Entre esa fecha y enero de 2018 se crearon 14,5 millones de empleos, media mensual de 185.000 durante 90 meses; esa creación de empleo media mensual coincide con la de 2018, siendo Trump presidente.
Pero, ¿es atribuible toda la bonanza económica a un Presidente? Hay cuestiones (inflación, tipos de interés, marcha de economías emergentes, evolución de las tecnologías de la información y digitalización en la vida social y empresarial, etc) que no dependen enteramente de un dirigente. En el primer año de mandato de Barack Obama puso los fundamentos de la expansión que, iniciada en 2009, estalla muy positivamente entre 2014 y 2016.
El expresidente heredó un infierno económico que convirtió en el cielo que ha heredado Trump y que, en palabras del presidente de la Reserva Federal (de Trump, pero opuesto a sus políticas y proclive a las de Obama), Jerome Powell, consiste en que “casi cualquier americano que quiera encontrar un empleo, lo consigue”. En agosto, la tasa de participación laboral fue del 62%. Venía del 58. Esto significa (ejemplo), que un hombre que trabajó hasta 2016 en IBM y fue despedido con 55 años, tras dos años de agónica búsqueda de empleo sin resultados, hoy se apunta al paro porque cree que puede haber oportunidades laborales para él.
El empleo se crea, esencialmente en tres ámbitos: servicios profesionales, tecnologías de la información y sanidad. Mineros esperanzados por la retórica de Trump, desgraciadamente ven sus expectativas incumplidas. Al igual que la manufactura. Un día es Harley-Davidson y otro es Ford: no quieren fabricar en USA, sino en China, donde con la “recesión encubierta que vive el país asiático” los costes laborales son hoy todavía más bajos que en 2016. Al final, el “presidente amigo de los negocios” anda a la gresca todos los días con los empresarios, a quienes las políticas comerciales proteccionistas de Trump causan problemas.
Las exageraciones y mentiras de Trump le están pasando factura. Hay decenas de libros que exponen varias cuestiones espinosas con cientos de ejemplos: la trama rusa existe y el fiscal especial Robert Mueller III está avanzando en su investigación, que pinta mal para Trump; una mayoría de líderes republicanos no traga al presidente, pero el régimen de terror que ha impuesto les hace estar callados antes de las elecciones de mitad de mandato este noviembre. Quien apoya a Trump, recibe su apoyo; quien no, cae en desgracia y es arrojado “a las tinieblas exteriores”, sin financiación ni apoyo del partido.
El último libro importante, que sale a la venta hoy, 11 de septiembre, fecha sagrada en el calendario norteamericano, es Fear de Bob Woodward, famoso con Carl Berstein por sacar a la luz gracias a una fuente (Garganta profunda, quien en 2005 supimos que fue el director adjunto del FBI entre 1972 y 1974) el escándalo de Watergate, que le costó la presidencia a Nixon.
Y hay similitudes entre Nixon y Trump: para ambos, el comportamiento del presidente está por encima de la ley o al margen de ella. En la tercera entrevista de David Frost a Nixon, este baja la guardia y, convencido, hace una declaración que lleva al periodista a preguntar: “¿Está usted diciendo que cualquier orden que dé el presidente, por el hecho de que la ordene el presidente, no es ni inmoral ni ilegal?”. Nixon responde: “exactamente eso”. Ya en los setenta, sin internet ni redes sociales, aquello fue un escándalo, pero hoy, cuando sabemos mucho más, las 50.000 mentiras acreditadas de Trump cantan por bulerías.
Woodward cuenta que su jefe de gabinete –Kelly, general Marine retirado e íntegro– opina que Trump es “idiota” y que la Casa Blanca “es un país de locos”; James Mattis, también Marine y secretario de Defensa dice que “Trump tiene el conocimiento de política internacional y seguridad nacional propias de un niño de quinto o sexto grado”. Y lo dijo en el contexto de las negociaciones con Corea del Norte. Las personas sensatas que pasaron por la Casa Blanca, fueron despedidas: Gary Kohn, asesor principal económico del presidente, ocultaba a Trump papeles para que no los firmara, en connivencia con el secretario de Estado Rex Tillerson; por ejemplo, documentos en que se finiquitaba NAFTA o el acuerdo comercial con Corea del Sur para contentar a Kim Jong-un.
Aparentemente, Trump ha mentido respecto a la interferencia de la Rusia de Putin a favor suyo en contra de Clinton. Paul Manafort, ex director de campaña del presidente ya está en la cárcel (por fraude fiscal que encubría financiación ilegal para la campaña de Trump); The Fixer, el abogado de toda la vida de Trump, se autoinculpó para no ir a la cárcel por haber pagado en campaña electoral con fondos electorales (ilegal) a tres mujeres, para comprar su silencio, ya que habían –supuestamente– mantenido relaciones íntimas con Trump, de las que éste no tuvo conocimiento, sostiene el presidente.
Michael Cohen, el abogado de Trump, lo ha visto tan crudo que ha preferido decir “algo” a ir a la cárcel, máxime cuando ve que el presidente no devuelve la lealtad que exige a sus subordinados. Al fiscal general del estado, Jeff Sessions, Trump le denomina “retrasado mental” y se ríe de su acento sureño; todo porque está siendo honrado y deja que la justicia y la investigación de Mueller sigan su curso.
El comportamiento y las decisiones de Donald Trump inéditas en un presidente de un país civilizado, donde reinan el imperio de la ley y la división de poderes, amén de querer quitar a los republicanos sus mayorías en Cámara de Representantes y Senado para bloquear la agenda legislativa del presidente, está llevando a los demócratas a querer ejecutar un impeachment. Para ello, necesitan mayoría en el Congreso, por lo que todo depende del resultado electoral de noviembre.
Los medios, en su mayoría progresistas, hablan de “una ola azul" (demócrata); las encuestas dan mayoría a los republicanos en ambas cámaras. Máxime cuando la economía va bien, hay optimismo económico en los hogares y, sobre todo, frente a la frugalidad de Obama, que no quiso sacar pecho de la bonanza económica que él generó, Trump, el sempiterno vendedor, se encarga de repetir mil veces al día “que gracias a mí la economía explota y América es grande otra vez”…
Mientras, docenas de libros como el de Woodward dan razón de una Casa Blanca aún más rara y enrarecida que la de Nixon y, por el momento, los mineros de Minnesota tendrán que esperar para volver a tener trabajo y celebrar con “los millonarios de Wall Street y de Silicon Valley” que “America is great again”.