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Trump y sus muchos frentes

Donald Trump pone a prueba a la sociedad estadounidense: bonanza economía vs. política escandalosa y, por momentos, imbancable. Radicado en USA, el autor, quien conoce de periodismo, economía y tiene formación política,presenta el intríngulis.

A Donald Trump le está pasando lo mismo que a sus contrincantes de la primaria republicana en 2016: él cuestiona a sus críticos pero no les responde. Cuando el The New York Times publica una inusual columna anónima de un agente del gobierno que trabaja en la Casa Blanca, identificándose como parte de la “resistencia” a los impulsos irracionales del Presidente, Trump contesta en Twitter llamándolo “traidor”.

Pero para ser traidor hay que revelar algo verdadero, así que la respuesta, aunque no haya sido su intención, huele a que el Presidente no se sorprende del contenido sino de que sea revelado. Lo mismo hace con el diario en sí, que dice que subsiste porque él llegó a la Presidencia.

Un aspecto que vale la pena desentrañar del artículo de este “agente de la resistencia” es que el The New York Times lo haya publicado de esa manera y no como reportaje. Pareciera que el diario, llevado por su enfrentamiento con Trump, no se animara a agregar palabra.

En paralelo, la Administración se encuentra con el libro de Bob Woodward, cuyo contenido está muy anticipado y no hace más que complementar lo de aquel artículo del NYT, mostrando a un Presidente que tiene que ser contenido para no cometer enormes errores por su impulsividad.

Las idas y venidas del Presidente no son un gran secreto. Se ven cuando se reúne con Vladímir Putin e ignora el informe preparado por el Departamento de Estado sobre cómo conducir la reunión y la conferencia de prensa, pero un par de horas después vuelve sobre sus pasos y lanza objeciones contra el hombre fuerte de Rusia.

El problema es que las nuevas revelaciones le dan otro valor a lo que ya conocíamos, que no encaja para nada con la visión idílica de Donald Trump que algunos de sus entusiastas quieren mostrar, de que él habla para confundir, que es un hábil negociador y que de entrada tiene todo tan claro que no logramos entender. Al final, el animal que caminaba como un pato, era un pato; y el confundido parece ser el propio Trump.

Ahora bien, frente a esto, sus defensores esgrimen con razón que la economía estadounidense se encuentra en un momento brillante. Las cifras de desempleo se encuentran en un piso histórico. En agosto se mantuvo en el 3,9%, creándose 200.000 puestos de trabajo en el mes y los salarios promedio se incrementaron, según el indicador, en US$ 0,10 la hora en el mismo período. Con eso se ubica en US$ 27,16 y acumula un incremento del 2,9% en el año. (La inflación interanual a julio alcanzó a 2,3%).

Si esto es pura magia trumpista es algo que se podría discutir, pero es indudable que la reforma impositiva tiene muchísimo que ver con eso y que los rivales demócratas no se suben a esa victoria y la rivalizan.

Sin embargo, esa reforma impositiva era la gran causa común del Partido Republicano antes de que Trump llegara a la política a sorprenderla, mientras que sus obsesiones como el muro en la frontera con México, las deportaciones de inmigrantes no autorizados y las barreras comerciales, están en mayor medida en el terreno de las amenazas. Esa es la ecuación que hay que comparar con los resultados.

Todo eso lleva a un año electoral donde la política va para un lado y la economía para el otro. A su vez, los candidatos demócratas para las elecciones, teniendo el campo despejado para ubicarse en el centro y cosechar todo el descontento que las actitudes de Trump generan, se tiran cada vez más a la izquierda y se animan a pronunciar una palabra que asusta en los Estados Unidos: socialismo.

No es que no sea un país permeable a la planificación centralizada de la economía, porque el propio Trump representa eso y aún así se lo considera muy tirado a la derecha; es que la palabra en sí mismo el término que ahora muchos demócratas llevan con orgullo es un Rubicón y su uso coloca a la discusión ideológica en un plano muy literal que agita los ánimos.

Todavía le queda al Presidente el problema con 'la trama Rusa', de la que no hay más que pinceladas por ahora insuficientes de parte de la investigación del fiscal Robert Mueller. De nuevo, otro terreno en que Trump, con sus reacciones, abona más la imaginación de los estadounidenses que los hechos conocidos.

Hay un fantasma dando vueltas por ahí, un equivalente al macrista “círculo rojo”, que es el “deep state”, el Estado profundo. Lo que sin ánimo conspirativo llamaríamos la burocracia, cuyo poder fue tan bien descripto una vez por Jonathan Lynn en el libro “Sí Ministro”, pero que en términos de relato trumpista es un gran conglomerado de agentes que no quieren que Trump lleve a cabo el “drenaje del pantano”, del que todavía no vemos más que estas investigaciones y revelaciones que rodean al Presidente, que no parecen tener una conexión con una gran reforma amenazante para esa burocracia.

El resultado que este conflicto entre la economía y la política y también el periodismo, puesto en la picota como “opositor”, pueda tener en las elecciones de noviembre es totalmente incierto. Las predicciones hay que dejarlas para los astrólogos, aunque elijan llamarse “politólogos”, es preferible esperar y ver.

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