Pero, a diferencia del marco anterior, que se concentraba en crear expectativas a futuro, este nuevo 'frame' parece tener un objetivo distinto: mostrar al Presidente pensando en su legado, en el día después de su gobierno.
Más allá de que pueda pasar efectivamente con el futuro político de Mauricio Macri, se ve al gobierno concentrado en construir la supervivencia de Cambiemos a mediano plazo, y en tener a mano resortes argumentativos y narrativos que fundamenten esa supervivencia.
No es casual que, de repente, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta se muestran como figuras con un determinado nivel de independencia ante Mauricio Macri. Cambiemos quiere consolidarse como un actor político central en la política argentina, independientemente de cual sea el porvenir del mandato presidencial.
Tienen el volumen político para hacerlo. Dos elecciones nacionales exitosas les han creado un increíble caudal de cargos electivos, figuras emergentes a nivel local y proyección en muchas provincias.
El cambio discursivo visto en los últimos días es un gran globo de prueba para este objetivo. Tuvo un único destinatario: su propia base electoral. El gobierno se muestra preocupado por evitar su dispersión y lograr contenerla en un momento crítico, aun a riesgo de perder potencia en los segmentos que le permitieron ganar las últimas elecciones.
Todos los estudios que circulan muestran que la base más consolidada del gobierno ronda en torno al 20% a 25% de la población, escalable quizás a un 30% con algo de viento a favor. Es la base que les permitió llegar al ballotage en 2015.
La gran pregunta que circula es si podrán mantener fidelizado ese segmento con una economía que no ayuda. Si el horizonte que dibujan las palabras será suficiente para contener las expectativas que se agotan y el creciente descontento.