Fundamentó con cuentas: las fuentes superan las necesidades por US$2.500 millones y la necesidad de dólares para los próximos 18 meses sube hasta los US$ 14.350 millones en el escenario intermedio y hasta los US$24.350 millones en el pesimista.
Y detalló:
Pagos de intereses: US$ 9.500 millones.
LETES: US$ 6.700 millones.
REPO: US$ 3.200 millones.
Amortización deuda pública: US$ 4.800 millones.
Total necesidades de dólares: US$ 24.300 millones.
Por el lado de las fuentes de financiamiento en dólares, siempre siguiendo el planteo oficial:
FMI: US$ 11.700 millones.
Organismos Internacionales (neto): US$ 1.300 millones.
REPO: US$ 4.000 millones.
LETES: US$ 6.700 millones.
Refinanciación deuda pública: US$ 3.000 millones.
Total financiamiento en dólares: US$ 26.700 millones.
Andrés Asiain calculó en una columna publicada en Ámbito Financiero que “las necesidades de divisas hasta el 2019 son unos u$s 61.500 millones, compuestos por los US$ 7.500 millones que demanda el sector público y los US$ 54.000 millones que requiere el sector privado”.
El riesgo-país por las nubes y la aspiradora de capitales que prendió la Reserva Federal en USA dificultan tapar los agujeros, y para nada ayuda la incesante fuga de divisas desde Argentina al exterior.
Un artículo que firma Jorge G. Herrera en Ámbito publica un cuadro demoledor: en los más de 2 años y medio de Administración Macri salieron por las fronteras unos US$52.000 millones,el monto de un crédito stand by a 3 años completo del FMI.
Se iban casi US$10.000 millones con el dólar atrasado a $15 en el 1er año de luna de miel de los mercados con Gobierno de Cambiemos, y con el dólar a $31 la huída se duplicó a US$20.000 millones en lo que va de 2018.
No hay tasa de interés que sea atractiva para evitar que la moneda nacional continúe devaluándose, se dolaricen los portafolios y emigren las divisas. Se repite, corregida y aumentada, la fuga de capitales por la crisis financiera mundial de 2008, que había superado los US$20.000 millones, y los US$21.500 millones como respuesta al cepo cambiario instituido a fines de 2011 por el recién reelegido gobierno de CFK.
Las reglas de juego
No hay grietas ideológicas que valgan cuando se arbitran intereses materiales. El grupo de Ceos y ex operadores de fondos internacionales que integran el equipo de Mauricio Macri deberían saber que la estabilidad de las reglas de juego y la confianza que despierte un gobierno gozan a los ojos de los inversores de una ponderación equivalente a las proyecciones macroeconómicas.
Con la nueva gestión arribaron al país más de US$104.400 millones, contabiliza Herrera: más del 61% correspondieron a colocaciones de deuda pública nacional, otro 11% deuda provincial, 11% deuda privada y 12% de "hot money".
Los mercados estaban dulces cuando Macri liberó los cepos y pagó bonos defaulteados en 2002 que no entraron en los canjes ofrecidos por el kirchnerismo. Y desde ahí se montó un velódromo en torno del rojo de u$s32.300 millones en la cuenta corriente heredado, que se inició con un superávit comercial de u$s12.700 millones que hoy provocaría suspiros, mientras paralelamente afrontaba una carga de intereses de casi US$22.000 millones, un gasto en turismo emisivo de US$22.500 millones y en servicios reales por US$23.600 millones.
Encima con un atesoramiento de US$41.800 millones. Como saldo, las reservas del BCRA habían crecido en US$30.300 millones.
El 28 de diciembre de 2017 el encanto se rompió cuando desde la Jefatura de Gabinete decidieron cambiar unilateralmente las reglas del trade carry, y después se encadenaron contingencias externas, como el repliegue de capitales promovido por la Fed, el aumento mundial del crudo, la guerra comercial entre USA y China, la crisis de la lira turca, con los avatares climáticos internos que castigaron, principalmente, la cosecha de soja, más recurrentes errores de gestión (mala praxis, según un hombre de la casa como el economista Carlos Melconián) que derivaron en una inflación que ya anda por el 35% anual y un dólar que parece ser indómito, causas y efectos al mismo tiempo de una espiral sin fondo.
Las divisas no faltan únicamente por la insuficiencia crediticia de la coyuntura, sino porque el drenaje contínuo no cesa y egresa más de lo que puede ingresar.