El proyecto propuesto por el PT consiste en impedir que un mismo grupo controle directamente más que cinco estaciones, algo que es considerado cuasimonopolio, además de prohibir a los políticos de ser dueños de estaciones de radio y televisión.
¿Y por qué motivo la Rede Globo, que usufructa frecuencias que obtuvo por concesión pública, tiene miedo que ese proyecto sea aprobado? En Brasil, muchas estaciones son controladas por políticos, y gran parte de ellas son afiliadas a la Globo.
La trama de estaciones afiliadas a cargo de líderes territoriales locales, le permitió al fundador, Roberto Marinho, desde el 26 de abril de 1965, convertir un canal que transmitía en VHF en el estado de Guanabara, en una red de alcance nacional e influencia decisiva.
El ejemplo más clásico es del ex presidente Fernando Collor de Mello. Su familia es dueña del mayor conglomerado de medios en las regiones norte y noreste del país, contando con un periódico impreso, tres estaciones de radio, un portal online, una consultora de encuestas y una estación de televisión, siendo esta última afiliada a la Red Globo. Collor de Mello llegó al poder impulsado por la Globo, que sin embargo fracasó en impedir el impeachment al hoy día senador.
En la Constitución Brasileña, el artículo 220, §5° determina: “Los medios de comunicación social no pueden, directa o indirectamente, ser objeto de monopolio u oligopolio”. Pero, aparentemente, la ley no es cumplida en el país.
La Rede Globo, por un buen tiempo, intentó ocultar el apoyo que le concedió a la dictadura que comenzó en 1964 y concluyó en 1985. Marinho fue no sólo un beneficiario sino un coprotagonista de un período en que había ausencia de libertad de expresión, restricción de la democracia representativa, dura persecución política y represión a quienes cuestionaban aquella experiencia que, en verdad, fue cívico-militar. Al fin, Organizações Globo se declaró arrepentida de su apoyo, a causa de los crímenes ocurridos en los 21 años de 'mano dura'. Esta autocrítica sólo llegó en 2013, 28 años después del final de la dictadura.
En el interín, ocurrió una escandalosa ofensiva de Globo contra Leonel de Moura Brizola, fundador del Partido Democrático Laborista (PDT), al cual estuvo afiliada Dilma Rousseff hasta el año 2000.
Globo no le perdonaba a Brizola su rol de discípulo político de Getúlio Vargas, y de cuñado y principal consejero del expresidente João Goulart. Brizola aceptó el desafío y ganó: fue dos veces gobernador de Rio de Janeiro (1983 a 1987; 1991 a 1994) aunque jamás apareció en la pantalla ni en los micrófonos de Globo.
El encono de Globo luego se dirigió contra Luiz Inácio Lula da Silva, cuyo ascenso se intentó detener.
En 1989, Lula y Fernando Collor disputaban el segundo turno de la elección presidencial. En el debate -en aquella época grabado previamente, no fue en vivo-, la Globo editó el contenido para que Collor saliera como vencedor. Y él fue el Presidente de Brasil.
Collor renunció al cargo dos años después como consecuencia de las acusaciones de corrupción y por la presión popular, en gran medida agitada por el creciente Partido dos Trabalhadores, que pedía su impeachment. Esta compleja trama mediática consta en el documental británico 'Beyond Citizen Kane', pero nunca interesó a la Justicia brasileña.
No hay duda alguna que en un balotaje entre el PT (de Lula da Silva y/o Fernando Haddad) contra cualquier otro candidato, la Globo irá contra el Partido dos Trabalhadores.
Actualmente, su noticiero central, Jornal Nacional, principal contenido de actualidad de Brasil, realiza la cobertura de los principales candidatos a la Presidencia del país, menos la de Lula da Silva ni Fernando Haddad.