Y en ello, la política no está ausente. Mientras se transcurre por la feria, se multiplican las quejas y los enojos con el presidente Mauricio Macri. Y por allí, de fondo, alguien nos grita “Aguante Cristina”. Es lógico. Es en esa zona donde más se asienta el apoyo a la ex Presidente. Nadie toma en cuenta que las revelaciones de la corrupción en tiempos K en definitiva le ha quitado gran parte de su futuro.
La resignación y la esperanza de hacer un buen fin de semana se mezclan por igual. Por momentos, caminar se hace imposible por la cantidad de gente y la necesidad de esquivar los puestos improvisados con mantas. Son ellos los “locales” más precarios donde se ofrecen canillas viejas, repuestos de celulares y hasta libros. Todo sirve para transitar el momento. La informalidad es la mayor característica del lugar. Pero el Estado poco puede hacer. Removerlos de allí sería un inconveniente aún mayor. La situación social está en el límite y muchos de lo que se rebuscan el día no tendrían otra cosa para hacer.
Los testimonios se acumulan. Desde quienes hace años juntan de la basura para vender y están aquellos que se quedaron sin trabajo hace poco y buscan este sitio para “zafar” por momentos. Todos conviven, aunque no están exentas las tensiones por lograr la mejor ubicación. Reina el hermetismo y la desconfianza para brindar información de quien o quienes manejan todo ello.
Es el conurbano profundo. Allí donde no llegan las encuestas ni los focus group. Pero existen. Piensan y votan. Y lo más llamativo que la grieta instalada en la Argentina se observa con claridad magistral. No existen otros político que no sean Macri y Cristina. Segundo afuera. El “Shopping de los Pobres” en el barrio Sol y Verde, de José C. Paz, no es el único. Se replican en otros distritos. Radiografía de una situación que lejos de aminorar, ha tomado carrera veloz en los últimos tiempos.