Y aunque hay personas que tienen este hábito, es necesario estar conscientes de los efectos negativos que pueden surgir: no haberlos padecido antes no significa que seamos inmunes a ellos.
Consecuencias para el aparato digestivo
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Agua fría durante las comidas: Esto puede provocar severos dolores de estómago. Especialmente, cuando entra en contacto con alimentos que tienen a expandirse, aumentando el volumen del estómago, que puede precisamente acabar hinchándose. Además, los alimentos grasos tienden también a solidificarse al ser mezclados con agua fría, lo que dificulta el proceso de digestión.
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Beber agua fría después de las comidas: Esto puede traer consecuencias más graves que la anterior, ya que cambiamos la temperatura del órgano justo en el momento en el que se inicia la digestión. El proceso se puede así ralentizar y complicar causando, en algunos casos, reflujo gastroesofágico.
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Hábito recurrente en verano: Los problemas que causa beber agua fría pueden, incluso, aumentar en verano ya que al tender a consumir más cantidad de agua en este estado se diluyen los ácidos del estómago con la consiguiente ralentización de las funciones digestivas.
Agua fría, sinónimo de deshidratación
Agua tibia con limón
Lo sé, parece halado de los cabellos y una contradicción increíble. Pero lo cierto es que la temperatura demasiado baja del agua puede llevar a la deshidratación.
Todo se debe a que su absorción es más difícil para el organismo.
Ojo, no estamos hablando de deshidrataciones extremas, pero sí se pueden manifestar algunos problemas como cansansio, falta de concentración, irritabilidad y nerviosismo.
Otras preocupaciones a considerar
- Desaconsejada para personas con dientes y encías sensibles.
- Causa irritación en la garganta y otros problemas respiratorios.
- Vuelve la mucosa nasal más viscosa.
- Puede altera las frecuencias cardíacas y relentizar el corazón.