Así y todo, el semestre cerró con un crecimiento del 7,8%, pero con la salvedad de que la actividad traspuso el umbral de la recesión, golpeado por la corrida cambiaria, las supertasas y la desaceleración de obras públicas.
BAE Negocios recogió en la jornada anual del Observatorio Pyme una creciente inquietud ante el panorama cerrado que tienen por delante, con un consumo interno deteriorado y sin resto de competitividad para ir por nuevos mercados para las exportaciones.
Mascullan aún definiciones del ministro de Producción, Dante Sica, quien si bien descartó que en la Argentina haya sectores inviables -como su antecesor Francisco Cabrera deslizara desaprensivamente- sí diferenció entre empresas viables y otras inviables, lo cual introduce el síndrome de ruleta rusa.
El zapato no apretó por igual al sector fabril, según consta en el registro de utilización de su capacidad instalada de mayo último. Por encima del nivel general se ubican las industrias metálicas básicas (acero y aluminio), con un 82%, y productos del tabaco con 79,5%.
Atrás vienen la refinación del petróleo, 77,5%; insumos para la construcción 72,9%, papel y cartón 70,5% y sustancias y productos químicos 65,6%.
Claramente, estuvieron principalmente impulsadas por la demanda proveniente de las obras de infraestructura, que se encuentran al filo de la tijera fiscal.
Por debajo del promedio general de aprovechamiento de la capacidad instalada aparecen la producción de caucho y plástico, 62,4%; edición e impresión, 62,1%, y alimentos y bebidas, 61,5%.
Consumidores en retirada
No es casual que la industria que viene a media máquina sea la directamente vinculada al consumo interno, como la textil y la automotriz, aunque también afecte a una intermedia como metalmecánica.
Mientras la carrera precios-salarios venía un poco más pareja aunque la economía acumulaba atraso cambiario, la importación en esos rubros sacaba ventaja sobre la producción nacional en el marco de una competencia que los impuestos y altos costos internos, frente a un dólar barato, tornaban muy desigual.
Pero entre la devaluación y el shock financiero aplicado por el gobierno para intentar frenar la corrida pegaron de lleno en el consumo, y por ende tanto en la producción doméstica así como en la importación.
Lo explicó el titular de ADEFA, Luis Fernando Peláez Gamboa, al destacar que las ventas de autos se vieron directamente afectadas por el aumento de las tasas, ya que la mitad -ponderó- se materializa mediante la utilización de alguna herramienta de financiación.
En el patentamiento de vehículos, si bien prevalecen los importados, se vio fielmente reflejado cómo pegó en la industria nacional el retroceso general en fue que las plantas despacharon a las redes de concesionarios 26,9% menos automotores que en mayo, quebrando por primera vez una racha positiva que se había enhebrado desde el levantamiento del cepo cambiario, apenas asumió la Administración Macri.
Mucho tuvo que ver en el comportamiento contractivo que los precios fueron dejando atrás el poder adquisitivo del salario, por más que la medición de los regidos por convenios laborales mostrara lo contrario: hoy se necesitan 13 remuneraciones medias para llegar al valor de lista de un modesto 0 Km y mucho más si se paga en cuotas.
El ingreso de la economía real en la estanflación sería la antesala de turbulencias laborales, cuya secuencia conocida es baja salarial, suspensiones y despidos, compulsivos o mediante acuerdos voluntarios.
Dentro de la UIA ya se hablaba de un fin de año con 90.000 puestos de trabajo perdidos en 3 años de gestión de Cambiemos, pero a la luz de los nuevos sucesos la barrera de los 100.000 "está a la vuelta de la esquina", según publicó BAE Negocios.