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El cuarto amarillo de la Casa Rosada vs. el Círculo Rojo

Se pregunta el autor: "(...) La duda ¿en 2019 se votará por espanto…? Que parece ser hoy la mejor chance del gobierno. El péndulo es al fin de cuentas el negocio de “todos, todas o como se debe decir, de todes”. (...)".

 

La cuestión argentina parecería que es económica y mientras asi lo consideremos seguiremos con los dilemas de siempre que son imposibles de resolver.

En esa línea el famoso “Misterio del cuarto amarillo” nos sirve de referencia que bien podría llamarse el “Misterio de Cambiemos” y la pregunta sería más bien cómo se sale de este perverso y hermético péndulo que oscila entre un populismo selectivo y un populismo progre. Quizás la explicación sea la misma del policial de Gaston Leroux, la cuestión está en el cuarto amarillo de la Casa Rosada. En fin una cuestión de colores.

El “populismo selectivo”, hoy Kirchnerismo de buenos modales (José Luis Espert dixit), se asocia con el liberalismo, sea en su vertiente añeja o “neo”. El “populismo progre” o "partido de masas” se asocia con el “peronismo” que también tuvo su larga noventista versión liberal populista, lo que parecería un oximorón incomprensible.

Lo cierto que uno y otros conforman nuestro círculo vicioso, ya que como lo apuntó Andres Malamud, “Será preciso agradecerle al ajuste neoliberal de los noventa por haber creado las condiciones para que la izquierda estuviera en el sitio correcto en el momento oportuno”. Ambos extremos se necesitan porque son la causa del otro y el negocio partidario de todos o mejor dicho de “todes elles”.

A la luz de los hechos somos absolutamente incapaces de salir de la lógica “populista-peronista” que nos acosa como el verdadero péndulo político o bien como anotó Sergio Berensztein el perverso juego entre “reguladores y regulados” que no es más que un juego entre el “cuarto amarillo” y el “círculo rojo”. Las idas y vuelta sobre el precio de las energía es una muestra de lo bartoleras que son algunas políticas que no logran pasar del gris oscuro. Ayer un precio libre, hoy otro controlado. Otra vez los colores.

Juan Perón al explicar el mercado político decía que hay diferentes y variadas ofertas “pero todos somos peronistas” y “Cambiemos” no deja de ser una versión sofisticada, por cierto elitista, del “ser peronista” con muchos más vicios que virtudes.

“Cambiemos” se comporta mucho mas como “movimiento”, con una jefatura vertical y discrecional que como coalición y mucho menos como alianza política.

El “movimiento” como expresión política es absoluto, posee la “verdad”, acepta compartirla con quienes la acatan, pero rechaza no ya a los que le niegan la posesión de la verdad sino a los que se limitan a la mera crítica. Tal como todo ser omnipotente menoscaban el diálogo y el ejercicio de la persuasión.

Como todo movimiento tiene una jefatura que en “Cambiemos” es el presidente Mauricio Macri y el PRO su sello identificativo. Su vocación más que participar en el mercado electoral, es la de apoderarse del mismo mediante el sistema de la reelección y permanecer en el poder como consecuencia de una suerte de mandato providencial hasta que en un tiempo lejano, las velas dejen de arder.

“Cambiemos funciona como los llamados contratos de adhesión que se suscriben sin haber participado en su confección, incluso cediendo la capacidad de pensar “al mejor equipo de los últimos 50 años”, expresión equiparable por lo disparatada a la de “década ganada”.

“Cambiemos” no es ni más ni menos que otra forma de expresión, si se quiere más refinada o snob, de nuestra cultura política que no deja de ser antiestética y grosera.

Por esta suerte de “soberbia sin causa” vicio común del argentino medio, el gobierno tropieza con las mismas cuestiones y muestra las mismas incapacidades para resolverlas ya que siempre su punto de arranque es su soberbia.

El gobierno ha continuado abusando del déficit fiscal, adoptó la inflación como parte del sistema impositivo, no pudo valorizar a nuestra moneda, continuó gastando más de lo que producimos, mantiene un sistema reglamentarista tramposo que nos lleva a establecer los 180 días obligatorios de clases, pero se nos aclara que media jornada de clases equivale a una jornada integra (art.3 Ley 25.864) sic, de donde en definitiva los 180 días podrían ser solo 90; hemos creado, distribuido y manteniendo derechos y privilegios que no se pueden financiar que paradójicamente son la causa del 30% de pobreza y el 30% de marginalidad o economía negra.

En fin…

Nuestros dilemas económico financieros son siempre los mismos uno de ellos “devaluación o tasa”, otro “como crecer en el desorden” y un tercero podría ser y no menos importante “cómo financiarnos”.

Sin embargo este gobierno optó por endeudarse, hoy a un ritmo de US$ 213 millones por día, según dio cuenta el portal “Infobae” con información proveniente del INdEC, para financiar gasto y la implacable corrida cambiaria patrocinada por el propio Banco Central. Campaña que tuvo un costo de más de US$ 10.000 millones…

Asi se pretendió combatir la inflación con un dólar bajo y tasas altas que enfriarían la economía, técnica que ya fracasó cada vez que se puso en práctica. Conclusión obvia ninguna meta de inflación se pudo cumplir, ni antes ni ahora lo que hubiera llevado a una de mis tías abuelas (q.e.p.d.) a decir “Para bien no, pueden para mal se esfuerzan”.

Esto se hizo también por caridad para evitarnos a los argentinos el dolor de reducir el gasto. Acá cabria decir “el camino al infierno, está sembrado de las mejores intenciones”.

Es sabido, la presión sobre las variables es molestia para hoy y dolor para mañana. La carta de intención que será difícil cumplir, remitida al FMI es un anticipo del tardío invierno que debimos pasar cuando se asumió el gobierno el 10 de diciembre de 2015.

Asi, como era previsible, un día el gobierno se encontró en el medio de un invernal infierno sin entender porque estaba allí, siendo buena gente, siendo honestos y sabios, haciendo lo mejor de los últimos años y teniendo el patrimonio de la verdad y siendo ponderados en el exterior.(¿?¿?)

Es difícil no emocionarse ante tremenda fatalidad.

Pasa que la cuestión argentina es cultural y al insistir con procedimientos erróneos y mala praxis, potenciamos el poder de los vicios que nos infestan como sociedad.

La cosa es la política y es la política la que debió evitar resolver los falsos dilemas para ir a la médula de las cuestiones.

El gobierno de Macri no supo aprovechar la fugaz experiencia del Plan Austral que le sirvió al gobierno del Dr. Alfonsín para hacer un muy buen papel en las primeras elecciones de medio término que debió enfrentar en 1985.

Ese plan estuvo muy bien elaborado, bien expuesto pero se lo devoró lo que llamaría la cultura del gasto público que ya venía desde el primer gobierno de Juan Domingo Perón.

Tampoco aprovechó la experiencia de la convertibilidad en lo bueno y lo malo que tuvo. Lo bueno fue que insinuó un cambio en la administracion de la cosa pública y genero por unos años una saludable apariencia de estabilidad. Lo malo fue que el gobierno de Carlos Menem no supo o no quiso construir una red de seguridad que amortiguara el costo social del necesario cambio cultural aun pendiente.

La conclusión sería que la sociedad responde cuando se la sabe convocar, cuando cree que será convocada que es un poco la explicación del triunfo de “Cambiemos” en 2015, con ingenuidad creímos como el título del libro de Juan Carlos De Pablo que esta vez sería diferente y no fue…

La duda ¿en 2019 se votará por espanto…? Que parece ser hoy la mejor chance del gobierno. El péndulo es al fin de cuentas el negocio de “todos, todas o como se debe decir, de todes”.

En la Casa Rosada está el “cuarto amarillo” de la política, en la habitación de al lado el “círculo rojo” que conoce su misterio y nunca lo divulgará, mientras que afuera verdes y celestes discuten sobre la vida y la eutanasia, el aborto es una forma de eutanasia, como si estuvieran traficando en las famosas “saladitas” y el gobierno se oculta y pierde en un invernal y descolorido tono de gris.

Cabe una sola conclusión, los argentinos como sociedad, somos además daltónicos…

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