Todos sabemos que ese debate tuvo fines distractivos para poder sacar de la agenda diaria la cuestión económica que, paradojalmente, tuvo su punto culminante justo cuando se aprobaba en la Cámara de Diputados la despenalización del aborto.
Cuando el gobierno promovió el debate -debemos suponer que más allá de los pensamientos personales sobre la cuestión-, lo hizo porque puso en crisis su penalización, caso contrario la cosa no tendría el más mínimo sentido.
El gobierno de Macri en ese sentido fue audaz ya que CFK no solo se había pronunciado en contra del aborto -que en mi opinión nada tiene que ver con su despenalización-, sino que además no se animó a promover el debate consecuente.
Con esto quiero decir que el gobierno, por el solo hecho de abrir el debate, ya se había anotado un triunfo político, que quedó de manifiesto cuando dejó en libertad a sus legisladores para que dicidieran su voto de acuerdo a su conciencia. Esto significa que el gobierno pensó, con razón, que era una cuestión muy complicada y que la penalización existente debía ser reconsiderada.
El gobierno, a su vez, falló en no proponer una política o una base de discusión, tal como que no existe un “derecho para abortar” lo que es independiente de su penalización; los límites dentro de los cuales debería ser admitido el aborto, si se trata de una decisión personalísima de la mujer o de la pareja que concibió; si los hospitales públicos deberían atender solicitudes de aborto de modo indiscriminado o bajo ciertas condiciones, por ejemplo, únicamente un primer y único aborto, alternativas posibles a la decisión de abortar.
Lo cierto es que lo que debió ser ponderado como un éxito del gobierno -el debate ocurrido el pasado 13/06 y la votación del proyecto aprobado-, se convirtió en una suerte de derrota, saliendo triunfante la oposición, pese a que el oficialismo se habría ocupado hasta último momento de obtener votos afirmativos al proyecto y, muy probablemente, si hubiera existido una votación empatada, el voto del presidente de la Cámara, esta vez hubiera sido positivo.
Difícil de entender.
Pero Mauricio Macri también falló fiero en la gestión, pese que habría conformado el mejor equipo de gobierno de los últimos 50 años, tal como se jacta en declamar.
La gestión económica es un fracaso absoluto y tardíamente se imputa a la herencia dejada por el gobierno K que fue, Duran Barba por medio, recibida sin beneficio de inventario.
Sin embargo, con gran demora en el Memorándum de Políticas Económicas y Financieras se hace mención al gasto público excesivo y sobredimensionado del 42% del PBI, recibido al asumir el gobierno en diciembre de 2015.
Con cierto aire de irresponsabilidad se califican a los hechos de abril y mayo como consecuencia de la sequía que afectó la producción agraria lo que impactó en un menor ingreso de dólares a lo previsto, el incremento del precio mundial de la energía y el endurecimiento de las condiciones globales
Es cierto lo de la sequía, pero en economías agrarias, tal como la Argentina, estos son fenómenos que ocurren periódicamente y, obviamente, debería existir un colchón para compensar las pérdidas y sus efectos en la economía del país. La verdad es que no pareceríamos un país agrario.
El precio de la energía, en verdad del petróleo, se sabe que es volátil y muy sensible a cualquier tipo de conflicto, pero en la Argentina también tuvieron consecuencia negativas los últimos años del gobierno K que nos convirtió en importadores netos de energía cuando con el gas teníamos capacidad exportadora y en electricidad estábamos en un equilibrio razonable de abastecimiento pero se deterioró la generación y provisión por la pésima política tarifaria.
Por último, creo que era lógico suponer que las tasas de interés comenzarían a crecer ya que las condiciones generales de la economía mundial habían comenzado a mejorar y estaba desapareciendo el escenario de crisis global financiera. Tampoco se previó un escenario para el supuesto que Donald Trump ganara las elecciones de USA en el 2016.
Es obvio que en ese Memorándum no se hace referencia alguna a que por mala praxis el Banco Central gastó mas de US$ 12.000 millones, para financiar un proceso devaluatorio de casi el 35% en poco más de 40 días, lo que ocurrió porque se usó el dólar como ancla inflacionario, hasta que la presión la hizo explotar. Resultado: devaluación del 35% y no sabemos si es un límite, e inflación probable del 28% a 30% para el 2018, con suerte.
Sin embargo el propio presidente del Banco Central que firma el Memorándum, fue renunciado junto con varios directores por su pobre gestión. Su reemplazo -Luis Caputo- tampoco genera mayores expectativas ya que no tiene experiencia como “banquero”.
Por si todo esto fuera poco, Argentina no pudo con Islandia y el empate ya hace presumir que este Mundial de Fútbol tampoco servirá para festejar.
Esta vez a Mauricio Macri no le sale ni el penal del final…