Es su sello distintivo o el ADN de sus propios TOC de soberbia.
De modo sorpresivo, el gobierno dominado por un susto irracional, más cercano al pánico político, decidió en su soberbia soledad pedir dinero al FMI, pese a que tenía reservas por US$ 50.000 millones. No se puede negar que a la vez sentían su fracaso gerencial que le costó al país más del u$s diez mil millones para financiar una devaluación del 30%, suma que en el mundo de los CEOS habrían sido suficientes para justificar cualquier despido incluyendo un juicio por mala praxis.
Fue tal su desesperación que hicieron mérito del secreto que cobijó ese angustioso SOS financiero hasta que lo anunció el Presidente tal como si se tratara de una decisión sobrenatural.
Lo cierto es que fue suficiente un mero problema cambiario que se debió administrar desde la mesa de dinero del Banco Central, para alimentar la neurosis propia de sus “TOC” que le hizo creer al gobierno que se enfrentaban a una crisis sorpresiva, de alta complejidad técnica y de trascendencia histórica que los convertiría más que en James Bond en divertidos agentes 86, supervisados por la defensora de la República Lilita, devenida en la “99”.
“Solos no pueden y juntos será difícil”, les dijo Miguel Ángel Pichetto, pero no para que se junten con el FMI, sino con la propia tropa para lograr coherencia interna, para luego entablar una negociación con una oposición mayoritaria en el Congreso que comienza a (¿) tener fe (?) en el 2019 y que este crédito del FMI los condicionará para bien o para mal, según como continúe esta historia, ya que tendría un alcance de tres años.
Lo cierto es que ahora se habla de un Gran Acuerdo Nacional (GAN) o de la gran negociación para confeccionar el Presupuesto del próximo año, íntimamente conectado con la carta de intención al FMI. Parece muy ingenuo pretender lograr consensos para ajustar el gasto, en un año electoral y al final de un periodo de gobierno, cuando todos estarán pensando en los votos.
De lo que podemos estar seguro es que estas negociaciones serán muy mezquinas dado que ni oficialismo ni oposición se pondrán de acuerdo en que significa administrar racionalmente recursos muy escasos prestados.
Días pasados Alieto Guadagni explicaba que en Argentina los sueldos docentes comparativamente son bajos, pese a tener un buen presupuesto del 6% del PBI. Pero eso ocurre porque tenemos 12 alumnos por cargo docente cuando la media es de 20/22, caso Chile, Reino Unido Francia y Colombia, Rusia tiene 18. Entre 2013/2015 en las escuelas primarias públicas cayeron 12% la cantidad de alumnos y los cargos docentes aumentaron un 19%. El gobierno debería explicar estas anomalías asi como tantas otras como los abusos en las licencias y comenzar a remediarlas. Algo de eso está intentando el gobierno de Maria Eugenia Vidal, pero lo hace con intermitencias y por tanto rápidamente quedan en el olvido.
Esto no se arreglará en días, pero debe haber un comienzo, disposición para enfrentar los conflictos y derrumbar la mitología en la que la mayoría de los gremios docentes sustentan y justifican sus privilegios y abusos. Tal como se ve, no se trata de hacer grandes reformas sino de comenzar por ordenar el sistema administrativo educativo. Una vez resuelto o de modo simultáneo habrá que ver la cuestión de los contenidos, pero no tiene sentido comenzar por estos cuando el exceso de cargos docentes y su muy floja idoneidad desperdician el gasto educativo.
Otra cuestión es la Universitaria. Nuestras Universidades tienen exceso de estudiantes, con relación a la graduación comparando con Chile, Brasil, Colombia y México. De una buena vez habrá que plantear la limitación del ingreso universitario irrestricto que no es una conquista sino un vicio cultural y, cuando menos, instaurar el sistema uruguayo a los estudiantes extranjeros que tienen que tener una radicación mínima de 3 años o ser hijos de exiliados para poder ingresar.
Vemos que cuando se habla de “recortar el gasto” como pareciera ser la misión encomendada a 'Nico' (para los amigos íntimos) y Nicolás (para los no tan íntimos), me refiero a Dujovne, no se trata de vender autos o suprimir el café y sus alfajores dietéticos, sino de hacer buen uso de los recursos ya que si tenemos “estudiantes universitarios” que solo aprueban una materia por cuatrimestre, está claro que estamos desperdiciando dinero en el injusto mantenimiento del estudiantado crónico. Lo mismo ocurre con la desproporción entre alumnos y cargos docentes y su escaso nivel de idoneidad.
En estas supuestas conquistas que no dejan de ser formas de “corrupción” y de injustos privilegios que en definitiva financian vicios sociales, se esfuman recursos económicos que nos llevan a los groseros índices de pobreza de la Argentina.
Estos deberían ser los condicionamientos que deberían detallarse en la “carta de intención”.
En mi fugaz paso por una dependencia del gobierno propuse ir a los gremios y cámaras empresarias a explicar la necesidad de cambiar políticas públicas exponiendo las razones y comprendiendo las resistencias que generan todo cambio, facilitando una necesaria y quizás cruenta transición. Lograr pequeños acuerdos sectoriales en vez de un imposible gran acuerdo que por ahora en la Argentina parecería misión imposible.
Parecería que en los últimos años las propuestas de “grandes acuerdos nacionales” fueron la fórmula para ocultar las propias falencias y sus manifiestas incapacidades.
En sus soledades de “Cambiemos”, unos son víctimas de su soberbia, otros de su egolatría y la UCR de sus fracasos nacionales, cada uno con sus neurosis y sus TOC…por ello le temen al peronismo porque es gregario, más cuando se acerca 2019 que creían perdido…y sobre todo desprejuiciado.
Dejaremos para otra nota este cuento del nuevo FMI “bueno” inventado por el pánico del gobierno.