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La craneoteca de los soberbios (el equipo de Macri)

Wimpi (Arthur García Núñez), había nacido en Salto, Uruguay. Comenzó en Radio Carve, en 1936, donde descubrió y promovió a Juan Carlos Mareco, "Pinocho". En 1940 se radicó en Ciudad de Buenos Aires, donde colaboró con Noticias Gráficas, Clarín y Radio El Mundo, donde fue libretista de José Ángel Iglesias Sánchez o Pepe Iglesias (El Zorro). De paso, hay que recordar al actor Mariano Bauzá, peronista que se enfrentó a Aldo Cammarota, y con Tincho Zabala creó el grupo Los Bohemios. En 1954 desembarcaron en Radio Belgrano, para hacer "La Craneoteca de los Genios", creado por Tito Martínez del Box, con libretos de Wimpy, junto a Tincho Zabala, Raquel Simari, Bordignón Olarra y como conductor Jorge Paz. ¿A qué viene todo esto? Aquí va:

 

 

“…Tienen un problema no explican los temas…no explican las acciones del gobierno… la gente no sabe las cosa que hace…hay cosas que no conviene hablar…no saben lo que está pasando en la sociedad…estamos en el límite de la tolerancia social… No creo que puedan solos…requieren de un gran acuerdo una gran convocatoria a los sectores del trabajo y de la empresa…”
Senador nacional Miguel Ángel Pichetto


'La Craneoteca de los Genios' fue un programa de radio cuyos libretos escribía el inolvidable “Wimpi” (Arthur García Núñez) que se trasmitía en la década del '50 y que trataba de tres muy cultos y versados profesores (el profesor "Fortolongone", "Orson López" y "Safo Mendieta") que eran presentados como tales, y luego se les proponían temas, bajo la forma de preguntas, supuestamente complicadas, sobre lo que debían opinar y responder.

Pues bien, cuando los prestigiosos docentes tenían que responder lo hacían conversando entre ellos en forma muy divertida y siempre recurriendo al absurdo, hasta que al finalizar el bloque jamás le encontraban respuesta a preguntas tan complejas como “¿De qué color era el caballo blanco de San Martín?”.

Debo decir, sin plagiar a Luis Novaresio, que luego de escuchar el muy buen discurso del senador nacional Miguel Ángel Pichetto durante el debate ocurrido en el Senado de la Nación sobre el proyecto de ley sobre las tarifas de servicios públicos, me vino a la memoria aquel programa que sirve de título a la presente, y una vez más la ficción es superada por la realidad.

En verdad, más de una vez el Presidente se refirió a su gente como integrantes del mejor equipo de los últimos 50 años. Pero si los debiera medir, tal como dicen los Evangelios (y sin haber hecho viaje alguno al Vaticano) por sus frutos, vería que el famoso “Wimpi” se hubiera quedado corto ya que es obvio que este equipo tampoco supo responder a preguntas elementales como la del “caballo blanco de San Martín”.

Es probable que este equipo, que sólo sabe hacer culto de “su satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas (virtudes y saberes, agregaría) con menosprecio de los demás”, acepción de la palabra “Soberbia”, según la RAE, sea el más soberbio de los últimos 50 años.

Un simple hecho lo corrobora: hasta ahora no han sabido responder a esta elemental pregunta que se hizo Eduardo Fidanza: Una sociedad con un tercio de pobres y altas expectativas de progreso, ¿puede afrontar un ajuste de gastos que tal vez demandará años sin otra consigna que volverse racional, en una época en que es difícil convencer con la razón?

Fue Pichetto quien, en un tono amistoso -no por ello menos filoso y certero- enumeró los vicios y miserias del “macrismo”. Digámoslo sin hipocresía alguna, sus socios son más bien “extras” y, a modo de epílogo a toda orquesta, les exhibió las falacias del Presupuesto 2018 que el gobierno presentó para el ejercicio de este año, pulverizado por el propio Jefe de Gabinete de Ministros el 28/12/2017.

Al margen de ello, semanas después el miedo de la corrida cambiaria que comenzó a fines de abril, creo que el día 25, les hizo errar en sus desesperadas reacciones que tuvieron un doble costo, pérdida de US$ 10.000 millones y una devaluación de casi el 30%.

Tal como todo colectivo soberbio, el “equipo de lujo”, demostró también su cobardía política que le impide negociar sobre intereses cuando el único argumento que poseen, es su injustificada y providencial soberbia.

Y, como dijo Ignacio Zuleta, sólo saben negociar cuando se trata de repartir dinero.

Una vez en Madrid conversaba sobre política con un periodista que conocí en un evento social y recuerdo que ponderé la calidad literaria de los escritos y discursos de José Antonio Primo de Rivera, y mi interlocutor me respondió con afecto: “Habrán sido muy buenos, estoy de acuerdo, era un tipo inteligente, pero terminó fusilado a los 36 años. Con eso te quiero decir que a la política no se llega por medio de la literatura ni el buen discurso, ni por la imagen, se termina mal”.

Sólo se llega, agregó, cuando se logra empatía con la gente, es decir, tal como lo plantea Fidanza, no se llega por la razón ni por la racionalidad y mucho menos por la soberbia que genera rechazo por sí misma.

Una prueba de soberbia -y pelotudez- son estos considerandos del Decreto N°499 con el que se instrumentó el veto al proyecto de ley N°27.443, conocido como “ley de las tarifas”:

“…Que el HONORABLE CONGRESO DE LA NACIÓN sancionó la Ley N° 27.431 de Presupuesto General de la Administración Nacional para el Ejercicio 2018, y allí específicamente se tuvo en cuenta para su formulación el esquema tarifario en cuestión, oportunamente fijado por el PODER EJECUTIVO NACIONAL, que luego durante el transcurso del año se implementaría. Que por la citada ley, el PODER LEGISLATIVO aprobó los recursos y gastos para el año 2018, avalando con ello, el programa adoptado por el PODER EJECUTIVO en materia tarifaria para ese año, en una muestra cabal de diálogo institucional responsable entre los dos poderes políticos del Estado”.

Cabe preguntarse de qué sirve un Presupuesto que no embocó ningún objetivo. La inflación de este año estará más cerca del 30% -si Macri aprende a hacer bien la señal de la cruz-, que del 25%, el tipo de cambio superará en 50% al previsto y ahora, para conquistar al Fondo Monetario Internacional y terminar de enamorar a Christine Lagarde, deberán bajar aun más el déficit fiscal "primario” -otro invento para demostrar que se administra mejor, cuando, tal como lo mencionamos más arriba-, se rifaron US$ 10.000 millones que terminaron alimentando la corrida.

Además, una ley posterior modifica o deroga a la anterior en cuanto se le opone, sentido común propio de la GCU (gente como uno).

Pichetto también les dijo “solos no pueden”, y es cierto: no se los puede dejar solos cuando quienes acompañan apenas piensan en sus egos, tal como 'Lilita', o en “patéticas miserabilidades” como los radicales, pero los que criticamos somos descalificados por pertenecer a la vieja política (sic).

Lo cierto es que con la nueva política terminamos en el FMI, que para estos muchachos viene a ser como un montepío, en el que “el mejor equipo de los últimos 50 años” empeñó soberbiamente, su soberbia sin causa.

Ni la craneoteca de los genios de Wimpi lo hubiera hecho tan grotesco y divertido, lástima uno… -tal como suele decir Rolando Hanglin-, que siempre termina poniendo...

Lo dijo bien Pichetto, a modo de amigable y sano consejo: “aprendan a negociar”…

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