Sobre la gobernanza en un momento muy crítico del gobierno

“Todos los ciudadanos quieren participar, opinar de todo. Eso no significa que estén dispuestos a estudiar documentos, ni a leer papeles que explican cualquier cosa… Es bueno estimular mecanismos que canalicen ese deseo de participación. Por lo demás, en la medida en que más personas comunes se incorporan al manejo del Estado, tienen menos espacio las actitudes de los delirantes que organizan marchas, piquetes, salen a la calle con armas, enmascarados, y tratan de acabar con la democracia. Un desafío de los nuevos tiempos es encontrar formas de canalizar la protesta”.
Jaime Durán Barba
Me parece importante el párrafo transcripto pero parte de una base errónea, no se trata tanto de canalizar la protesta, sino más bien la participación de la gente en la toma de decisiones.
Sin embargo hay otra cuestión que tiene que ver con lo que llamamos “capitalismo” que también debe reformarse o adecuarse a la altura del tiempo presente.
En ese sentido creo que el “sistema representativo, democrático republicano y capitalista”, puede seguir siendo el menos malo si se comprende que debe avanzar en dirección hacia la socialización, facilitando la participación de la gente en los procesos de toma de decisiones. Tomo la expresión “socialización” como sinónimo de “participación organizada”.
El concepto de gobernanza tiene dos direcciones: una la gobernanza política o pública y la otra la gobernanza social o privada.
Sin embargo el concepto de “gobernanza” es único e indivisible.
Diría, simplificando, que la gobernanza es un proceso para la elaboración y toma de decisiones.
Hasta no hace mucho el concepto de “gobernar” estaba íntimamente asociado con las acciones de “mando y obediencia”. Asi lo entendía Ortega y Gasset y para él una de las causas de la crisis que comenzaba advertir en la década del '30 era la falta de voluntad y capacidad para ejercer el mando: "He aquí el mecanismo elemental creador de toda sociedad: la ejemplaridad de unos pocos se articula en la docilidad de otros muchos. El resultado es que el ejemplo cunde y que los inferiores se perfeccionan en el sentido de los mejores".
Pues bien, este mecanismo del que habla Ortega, sigue siendo cierto pero en este tiempo resulta insuficiente ya que “la docilidad de otros muchos” exige actualizar los significados de “mando y obediencia”.
Hoy, el mando y la disciplina social no se imponen como tales, podríamos decir que han perdido “formalidad” y exigen más substancia, la gente solo obedece cuando es persuadida y además pide ser partícipe de ese proceso de persuasión.
Podríamos decir que hoy, los conceptos de mando y obediencia se relacionas más íntimamente con lo que se llama legitimidad de ejercicio que legitimidad de origen, ésta pierde importancia, no es suficiente con ganar elecciones. Ganar una o más elecciones ya no genera respeto ni fidelidad partidaria.
El gobierno de Mauricio Macri, luego de ganar las elecciones de medio término –octubre 2017- quedó, tal como en el cuento, desnudo ante la ciudadanía. Afloraron sus mediocridades y miserias humanas.
La gente advierte, con hechos objetivos, que el gobierno carece del nivel de idoneidad que se autoatribuye o que buenamente cree tener.
El 28/12/2017 -día de los Santos Inocentes- el gobierno sorprendió por su ingenuidad y soberbia estupidez (N. de la R.: con la aprobación del Presupuesto 2018 y una reforma tributaria en el Senado llegó la flexibilización de las metas de inflación). Ese hecho hubiera sido más real si por lo menos hubieran ocurrido renuncias o remociones, pero sólo sirvió para esconder deseos de revancha tal como lo fue la venta alocada de poco más de US$ 7.000 millones en 40 días y la tasa de interés de referencia al 40%. Estos meses han sido una colección preciosa de errores elementales con groseros costos para los contribuyentes. El gobierno no solo carece de estrategia sino de tácticas, como dijimos hace un tiempo, obra a tientas.
Y al FMI también fue a tientas como pidiendo una limosna para este pobre e incomprendido Presidente.
Pasa que Mauricio Macri tiene el concepto tradicional del mando, es de origen calabrés, cree ser uno de los mejores junto a la gente con la que gobierna, por lo tanto la gente lo debería obedecer, tenerle confianza y creer que nos lleva por el rumbo correcto.
Pero pasa que en la vida diaria, ocurre lo contrario, la gente lo empieza a contradecir, lo discute, el caso de las tarifas mas allá de las intenciones sesgadas que pudiera tener la oposición, es ejemplificativo, siendo absolutamente insuficiente y hasta irrisorio que Macri intente explicar con lógica, el costo que tiene no solo la obtención de la energía sino la prestación de todo servicio público.
Hoy la nueva forma del mando y la obediencia es lo que llamamos gobernanza. Ni mando suave ni mando duro. Mando consensuado. Esta es la nueva política.
El primer paso se debería instrumentar en la vida privada impulsando las reformas que faciliten la participación de la gente en el sistema capitalista.
Sabemos que el capital se organiza según las diferentes formas que ofrece el Derecho.
Pero la forma genérica es la empresa, mas allá que tenga formas societarias o exclusivamente personales. La empresa es, en definitiva, tal como dice la RAE, una unidad de organización destinada a realizar actividades comerciales, y lo afirmo en su sentido más amplio, para obtener un lucro.
Pues bien, el capital es aportado por una o más personas que buscan una justa retribución, y por ese motivo tienen poderes políticos dentro de la empresa para tomar decisiones.
La empresa tienen también personal asalariado que ofrece su trabajo a cambio de un pago de dinero periódico. Es el aporte económico que hacemos trabajando.
Pues bien, el tiempo actual exige que ese personal se convierta por el solo hecho de ser trabajador en accionista, uso la expresión también en un sentido amplio, de la empresa y pueda participar, en igualdad de condiciones, con los que llamaría socios “capitalistas ”, en su gobierno.
Es obvio que la participación genera responsabilidad ya que la gente en su conjunto estará obligada a decidir sobre cuestiones que le afectan de modo mucho más directo y también les agudizará su dimensión política para tener una mejor idea de lo que se debe y puede exigir a los gobiernos.
Esta sería una forma de instrumentar la “gobernanza social o privada”.
En simultáneo, el Estado debe crear canales de participación de la gente en la toma de decisiones en aquellas cuestiones que hacen al bien común.
En este momento existe el sistema demagógico e inútil de las audiencias públicas, no vinculantes (sic); otra soberana estupidez.
La cuestión sería en mejorar el sistema exigiendo ciertas calidades profesionales para participar con voz en las audiencias públicas y precisar que las decisiones que se tomen deberán ponderar y tener en cuenta en sus fundamentos, los temas debatidos y en su caso explicar porque se aceptan o rechazan los fundamentos expuestos por los particulares.
Con estos dos pequeños ejemplos creo que hemos descripto más que definir el concepto de gobernanza.
En definitiva se trata de un sistema de interacción participativa entre gobernantes y gobernados en lo público y en lo privado.
El sistema seria "democrático, representativo, participativo y republicano."
Una aclaración baladí.
Esto no pretende crear un sistema utópico, sin conflictos, injusticias o pobreza cero.
La gobernanza es un simple medio para administrar el conflicto permanente que es vivir en sociedad.
El gobierno se ha declarado en crisis, el peor error seria creer que el problema es el financiamiento de aquí a diciembre de 2019, tal como indirectamente lo dijo Luis “Papelito” Caputo en un programa de TN.
El problema, ingeniero Mauricio Macri, es político y Ud. y su gente facilitó que la oposición muestre un cierto nivel de unidad y el tema ya dejó de ser “echar a Cristina” que hasta octubre de 2017 fue factor de legitimidad, sino “echar a Macri” en diciembre de 2019.
La gente puede estar equivocada, pero si no la escucha, el equivocado será Ud.