Y su explicación en aquel momento de que "nunca fui propietario ni accionista de Noctua ni de Princess, sino asesor, administrador, fiduciario y/o manager" lo compromete.
Apenas un par de meses después de asumir en Finanzas cerró con algunos de los fondos buitres que reclamaban a Argentina el pago total de aquellos bonos de la deuda un acuerdo para que desistieran de continuar con el juicio en el tribunal de Nueva York y permitieran reanudar el financiamiento bancario al país que había sido interrumpido durante la gestión kirchnerista.
Hubo otros fondos que continuaron con las acciones legales, lo mismo que minoristas de los títulos que no aceptaron la propuesta oficial y continuaron en la vía judicial, con lo que el default se pagó en gran parte y aún no termina de levantarse.
Además de los magros resultados macroeconómicos de la administración macrista, los incumplimientos en que sigue incurriendo en los pagos posteriores a ese arreglo parcial, aun con sentencias, inciden en la cautela de las calificadoras de riesgo para subirle la nota a Argentina.
Competitividad financiera
De este modo, el costo del financiamiento de los déficits trillizos (fiscal, comercial y de inversiones), para el que se necesita tomar deuda cada año por US$ 30.000 millones, presiona más por el riesgo incluido en la tasa que por la volatilidad que campea en los mercados tras el endurecimiento de la política monetaria en Estados Unidos, que aducen los negociadores.
Si se pudiera hacer una extrapolación ¿cuál será la “sobretasa” internacional inmanente a la anómala situación que compromete al ministro de Finanzas?
¿Cuál será su grado de credibilidad para convencer a los tenedores de bonos que ajustan por PBI, pendientes de pago desde 2014, de que sigan en el negocio sin hacer juicio a pesar de que ni el año anterior ni éste el indicador llega a los 3 puntos fijados como disparador automático para su cancelación? Hay unos US$4.500 millones en juego.
A diferencia de cuando negociaba con los acreedores sin ser funcionario y con una ley cerrojo que impedía alterar cualquier condición de las pactadas en los canjes de deuda, esta vez aparece comprometido ante la Justicia, sin que se pueda aventurar si su destino será la gloria o Devoto.
En ese sentido, Caputo aprovechó en estos días su estancia por Nueva York para encontrarse en las oficinas de la casa de inversiones JP Morgan con representantes de los fondos de inversión y reiterarles, por un lado, la solvencia de la política económica argentina y, por otro, dejar flotando la posibilidad de una retirada prematura por este año del mercado exterior de capitales, inclusive cuando le faltan todavía reunir US$ 14.000 millones, de acuerdo con el programa financiero original.
La advertencia implica que esa suma deberá ser cubierta con endeudamiento interno y el primer test en ese aspecto será la recepción que tendrá esta semana la colocación de Letras del Tesoro en dólares, la que presenta como novedad respecto de lo que se vino haciendo en los últimos dos años, que sale abierta sin monto ni tasa, a fin de medir qué ofrece la plaza interna y comparar con las condiciones exteriores resultantes del aumento en la volatilidad de tasas en Estados Unidos y el riesgo argentino.
La incógnita sobre cuál será la respuesta doméstica por Letras del Tesoro en dólares a 182 días, que antes tenían una tasa en torno del 2,80%, y otra a 342 días, que rendía cerca del 3,10%, quedará develada entre el martes a las 10.00 y el miércoles a las 15.00. En la indicación de precio habrá un tramo competitivo y un tramo no competitivo.
Junto a estas dos emisiones se licitará una 3ra de Letras del Tesoro en pesos a 182 días capitalizable mensualmente a la tasa nominal mensual de 2,06% .
Una de las cuestiones a dilucidar con los inversores internos sería el riesgo cambiario, tema no menor del que, además del traslado a inflación, no estuvo ajena la decisión del gobierno de intervenir para estabilizar la cotización.
En la primera semana de flotación “confusa”, como la calificó el ex titular del Banco Central, Martín Redrado, fueron sacrificados u$s 385 millones de las reservas para contener una disparada del dólar.
Nada más que el viernes, la autoridad monetaria desembolsó u$s 212,5 millones -el mayor nivel de ventas en relación a las tres jornadas previas en donde había intervenido- para que el billete terminara la jornada con una pérdida de 14 centavos.
La reanudación desde agosto pasado de la participación cambiaria significó el lunes la venta de u$s 30 millones, otros u$s 20 el miércoles y u$s 123 millones el jueves.
La lluvia de dólares, pero con viento hacia afuera, no cesó casi nunca desde que asumió el presidente Mauricio Macri y lleva sumados alrededor de u$s 4.800 millones.