Modestas pretensiones
América Latina está por debajo del promedio con US$ 35.000 anuales por persona, cuando en algunas zonas como Nueva Zelanda, la suma sube a US$ 125.000 anuales per cápita.
Pero en este punto del análisis de la compulsa aparece una inflexión: una cifra superior, que se acerque a los US$ 95.000, podría convertirse en negativa, ya que ganar más de esos valores por año puede significar un dolor de cabeza, porque "puede aparecer la insatisfacción material o tender a comparaciones con estratos superiores en los que se sale perdiendo", advierte el informe.
"Cuanto más se tiene, más se aumenta el nivel de vida, acostumbrándose uno a un nivel de vida que obliga a mantener el nivel de ingresos", agrega el estudio, a la par de que alerta que existe la preocupación constante de cómo generar siempre esos volúmenes de dinero.
Son cifras promedio que varían según el continente. En regiones como Europa occidental, Norteamérica o el este de Asia, los ciudadanos necesitan más ingresos para lograr su estabilidad emocional, en parte porque el costo de vida es más elevado y porque suelen ser más exigentes.
Así, mientras que en América Latina el piso está en los US$ 35.000, casi se cuadruplica en Australia o Nueva Zelanda, llegando a un promedio de US$ 125.000 anuales, con diferencias según el género y el nivel educativo.
En el mundo es más barato que los hombres estén satisfechos con sus vidas (el promedio US$ 89.000) que las mujeres (US$ 99.000), al que el informe sitúa como un público más consumista.
También es el caso de personas con menos estudios (u$s70.000) que las personas con educación superior (US$ 113.000), ya que éstas tienen mayores pretensiones.
En algunos países de la región, como Argentina, Brasil, Colombia, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile, el salario mínimo promedio para el 2018 será de aproximadamente US$ 355, que anualizado daría unos US$ 4.250, apenas una décima parte del nivel de bienestar cuantificado para América Latina.