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Mauricio Macri, el significado de la popularidad

Los silbidos al Presidente reciben diversas interpretaciones. En verdad no resulta muy difícil de entender cuando el Presidente desciende en su popularidad, hay decepción en casi todos los sectores medios, que deben pagar mucho más que en el pasado por los servicios públicos y los alimentos, y enojo en los sectores bajos donde, además, Cristina Fernández de Kirchner conserva cierta popularidad. Por último, hay picardías entre personas que hablan el mismo código (los habitantes del fútbol, por ejemplo). De todos modos, buscando otra explicación a lo que ocurre, el autor realiza algunas apreciaciones:

La Real Academia Española tiene varias acepciones para la palabra “popular”. Una de ellas es lo perteneciente a la parte menos favorecida del pueblo. Otra a lo que está al alcance de la gente de menos recursos. Y una última que me parece importante: “Que es estimado o al menos conocido por el público en general.”

Viene a cuento esta referencia al diccionario, por la preocupación que generó y genera al gobierno esta suerte de ola de insultos o agravios que comenzaron en algunas canchas de futbol y se han ido extendiendo por una mala o supuesta mala calidad de los servicios públicos, por ejemplo cortes de luz, demoras en el metro, etc. Fui testigo la semana pasada, creo que fue el jueves 22/02 a la media mañana, de una reacción mínima, pero reacción al menos, de un grupo de gente que esperaba desde hacía más de 10 minutos el servicio del tren subterráneo hacia Catedral en la estación Facultad de Medicina y que se habría repetido en Callao, según noticias periodísticas.

A su vez, la “popularidad” tiene que ver con la “aceptación y aplauso que alguien tienen en el pueblo”.

Estos conceptos son políticos y, en definitiva, de allí viene la preocupación por los resultados de los diversos tipos de encuestas que miden “la aceptación y aplauso del gobierno o de políticos por parte del pueblo”.

Con relación a la "popularidad", agregaría que también tiene que ver con el rechazo y el agravio como muestra de disconformidad. Podríamos hablar de estimaciones positivas y negativas.

Cristina Fernandez de Kirchner, por ejemplo, no se puede negar que es popular y que es estimada y rechazada a la vez por parte del pueblo.

La popularidad se expresa, en mi opinión, por la aceptación y el rechazo, y es obvio que no puede reunir ese vértice de afectos opuestos quien no es conocido.

Hugo Moyano seria un caso de “popularidad” por el rechazo que genera.

No creo que pueda existir unanimidad en la estimación o el rechazo lo importante en todo caso es la proporción.

No cabe duda alguna que Mauricio Macri es "popular". Él es conocido por el pueblo en general y su estimación, “popularidad” varía entre el afecto y el rechazo.

En ese sentido, la diferencia con María Eugenia Vidal es sideral. La “Maru” es popular y el afecto supera largamente al rechazo y, de lo contrario, que lo digan Aníbal Fernandez, CFK y todo ese séquito que intenta volver al peronismo desde Unidad Ciudadana, con un único fin electoral. En cuanto “popularidad”, Maria E. Vidal gana lejos ya que sabe generar afectos o, si se prefiere, aceptación.

En general, el gobierno nacional, Macri y sus ministros, no tienen buena “popularidad”. No han logrado establecer relación con la gente, carecen de “sensibilidad”, diría. No tiene ese “don” que tuvieron, por dar algunos ejemplos, Juan Perón, Evita Duarte, Raúl Alfonsín, Carlos Menem, CFK y ahora la gobernadora María Eugenia Vidal.

En ese sentido, Macri y Arturo Frondizi no lograron encontrarse con la gente. Más de una vez recuerdo aquel 1 de mayo de 1958 cuando Frondizi habló en Plaza de Mayo luego de prestar su juramento como Presidente y haber obtenido creo más de 4 millones de votos pero se notaba esa suerte de divorcio afectivo con la gente. Había una melancólica lejanía, que se repite ahora con Macri. Marcelo Sanchez Sorondo fue el periodista que mejor describió aquel acto.

Un caso especial es el de 'Lilita' Carrio, cuya popularidad viene intacta desde cuando obtuvo más de dos millones de votos, luego cayó al 2% y finalmente mas del 50% en la última elección. Tal como vemos. tener popularidad no significa tener buenos o malos resultados electorales.

A Macri la gente lo ve y lo pondera por eficiencias ya que se presenta como un buen gerente, por tanto se le reprocha todo lo que funciona mal: desde el servicio de metro hasta malos arbitrajes en el fútbol, pasando por cortes de luz y por todo aquello que aparenta amenazar derechos y beneficios.

La gente como tal, siempre generaliza -o generalizamos- según las creencias o convicciones de su (nuestro) grupo social que puede ser circunstancial o real. Serían los llamados 'fenómenos de cognición cultural', que se darían en esas dos dimensiones diferentes.

En ambos casos cuando alguien toma la iniciativa tendemos a identificarnos.

En los grupos circunstanciales como puede ser una cancha de fútbol o ante un hecho como la demora del metro o un corte en el suministro de energía, el agravio o el insulto son meramente temporales, es como un fenómeno casero de catarsis colectivo, como suelen ser las conversaciones en un taxi.

En los grupos sociales reales entendidos como “clase”, por ejemplo “los pobres”, “los desocupados”, “los villeros”, “los ricos” o “las diversas clases medias” que componen nuestra sociedad se comparten verdades de conveniencia o de circunstancia que en filosofía se llaman “verdades contingentes” y, a veces, corresponde agraviar, y otras aplaudir, para estar más comprometido o más alejado de uno u otro grupo social.

Más de una vez el agravio es un modo de buscar la relación y podría significar hasta una queja legítima porque la persona en quien confiamos, pensamos que se queda a mitad de camino. O, asimismo, puede expresar el temor al fracaso del gobierno como aquel paradójico personaje, Innocent Smith, de G. K. Chesterton en su novela (¿?) “El hombre vivo” que ponía en riesgo lo que pretendía salvar.

Se agravia para alentar, para despertar.

El caso de Maria Eugenia Vidal es el opuesto, se expresa afecto para que continúe, para que no se desaliente.

Tanto Mauricio Macri como María Eugenia Vidal conforman la vanguardia de “Cambiemos”. Lo que ambos deben leer en esos “fenómenos de cognición cultural” que esconden muy seguramente a miles de votantes de “Cambiemos” es muy simple: ¿cuál de ellos tiene el “don” para liderar este momento de la Argentina que se definirá en 2019?

El gran servicio de Mauricio Macri sería decir “no” a su postulación para 2019.

En ese caso, él tendría que agradecer los agravios e insultos ya que convertiría en alianza esta frágil coalición electoral llamada "Cambiemos" -en 2019 uno de los partidos del balotaje-.

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