Cristina Fernandez de Kirchner, por ejemplo, no se puede negar que es popular y que es estimada y rechazada a la vez por parte del pueblo.
La popularidad se expresa, en mi opinión, por la aceptación y el rechazo, y es obvio que no puede reunir ese vértice de afectos opuestos quien no es conocido.
Hugo Moyano seria un caso de “popularidad” por el rechazo que genera.
No creo que pueda existir unanimidad en la estimación o el rechazo lo importante en todo caso es la proporción.
No cabe duda alguna que Mauricio Macri es "popular". Él es conocido por el pueblo en general y su estimación, “popularidad” varía entre el afecto y el rechazo.
En ese sentido, la diferencia con María Eugenia Vidal es sideral. La “Maru” es popular y el afecto supera largamente al rechazo y, de lo contrario, que lo digan Aníbal Fernandez, CFK y todo ese séquito que intenta volver al peronismo desde Unidad Ciudadana, con un único fin electoral. En cuanto “popularidad”, Maria E. Vidal gana lejos ya que sabe generar afectos o, si se prefiere, aceptación.
En general, el gobierno nacional, Macri y sus ministros, no tienen buena “popularidad”. No han logrado establecer relación con la gente, carecen de “sensibilidad”, diría. No tiene ese “don” que tuvieron, por dar algunos ejemplos, Juan Perón, Evita Duarte, Raúl Alfonsín, Carlos Menem, CFK y ahora la gobernadora María Eugenia Vidal.
En ese sentido, Macri y Arturo Frondizi no lograron encontrarse con la gente. Más de una vez recuerdo aquel 1 de mayo de 1958 cuando Frondizi habló en Plaza de Mayo luego de prestar su juramento como Presidente y haber obtenido creo más de 4 millones de votos pero se notaba esa suerte de divorcio afectivo con la gente. Había una melancólica lejanía, que se repite ahora con Macri. Marcelo Sanchez Sorondo fue el periodista que mejor describió aquel acto.
Un caso especial es el de 'Lilita' Carrio, cuya popularidad viene intacta desde cuando obtuvo más de dos millones de votos, luego cayó al 2% y finalmente mas del 50% en la última elección. Tal como vemos. tener popularidad no significa tener buenos o malos resultados electorales.
A Macri la gente lo ve y lo pondera por eficiencias ya que se presenta como un buen gerente, por tanto se le reprocha todo lo que funciona mal: desde el servicio de metro hasta malos arbitrajes en el fútbol, pasando por cortes de luz y por todo aquello que aparenta amenazar derechos y beneficios.
La gente como tal, siempre generaliza -o generalizamos- según las creencias o convicciones de su (nuestro) grupo social que puede ser circunstancial o real. Serían los llamados 'fenómenos de cognición cultural', que se darían en esas dos dimensiones diferentes.
En ambos casos cuando alguien toma la iniciativa tendemos a identificarnos.
En los grupos circunstanciales como puede ser una cancha de fútbol o ante un hecho como la demora del metro o un corte en el suministro de energía, el agravio o el insulto son meramente temporales, es como un fenómeno casero de catarsis colectivo, como suelen ser las conversaciones en un taxi.
En los grupos sociales reales entendidos como “clase”, por ejemplo “los pobres”, “los desocupados”, “los villeros”, “los ricos” o “las diversas clases medias” que componen nuestra sociedad se comparten verdades de conveniencia o de circunstancia que en filosofía se llaman “verdades contingentes” y, a veces, corresponde agraviar, y otras aplaudir, para estar más comprometido o más alejado de uno u otro grupo social.
Más de una vez el agravio es un modo de buscar la relación y podría significar hasta una queja legítima porque la persona en quien confiamos, pensamos que se queda a mitad de camino. O, asimismo, puede expresar el temor al fracaso del gobierno como aquel paradójico personaje, Innocent Smith, de G. K. Chesterton en su novela (¿?) “El hombre vivo” que ponía en riesgo lo que pretendía salvar.
Se agravia para alentar, para despertar.
El caso de Maria Eugenia Vidal es el opuesto, se expresa afecto para que continúe, para que no se desaliente.
Tanto Mauricio Macri como María Eugenia Vidal conforman la vanguardia de “Cambiemos”. Lo que ambos deben leer en esos “fenómenos de cognición cultural” que esconden muy seguramente a miles de votantes de “Cambiemos” es muy simple: ¿cuál de ellos tiene el “don” para liderar este momento de la Argentina que se definirá en 2019?
El gran servicio de Mauricio Macri sería decir “no” a su postulación para 2019.
En ese caso, él tendría que agradecer los agravios e insultos ya que convertiría en alianza esta frágil coalición electoral llamada "Cambiemos" -en 2019 uno de los partidos del balotaje-.