Con esto me atrevo a afirmar que la elección de 2019, no pasará tanto por saber comunicarse con la gente sino porque la gente advierta que hay
un gobierno que comenzó a resolverle problemas que provocan vergüenza ajena por su ya larga existencia y descalifican a los últimos gobiernos de la Provincia de Buenos Aires.
El panorama electoral ya no dependerá tanto de la publicidad y propaganda política, sino de hechos concretos que a la vez recalificarán a la "política" y a los políticos.
La "Maru" picó en punta porque con ese "don" que le dio Dios, es quizás la única política que puede exhibir que está "en las cosas" trasmitiendo ese dolor de no poder resolver todo en una sola gestión, pero que su continuidad es necesaria para poder iniciar ese proceso de "cambio" nacional, del que Mauricio Macri y su gente, solo atinaron a diseñar la "piedra fundamental", lo que para los argentinos tiene el trágico recuerdo de promesas o también "buenas intenciones" incumplidas.
El gobierno nacional, del modo más ingenuo y sincero, eso no puede negarse, confesó su fracaso en la candente "cuestión" de la inflación, en cierto modo dijeron a coro, "no pudimos" contrariando ese popular eslogan del "sí se puede".
El gradualismo no existe como método político, ya que la realidad no lo tiene en cuenta; de lo que se trata, que es cosa muy diferente, es de proponer prioridades, lo que en buen castellano significa saber adjudicar los recursos escasos con que cuenta el país.
Pues bien, la prioridad esencial es la de acabar con la inflación, padre y madre del ya crónico fracaso, decadencia o estancamiento argentino de los últimos 70 años.
Resolver ese problema no es fácil, ya que hay que estar dispuesto a tomar decisiones que causarán dolor en otros, esas miles de personas que votan y que no conocemos, que en un principio creerán que el gobierno está integrado por robots o gente insensible, y no faltarán "opositores" que reclamarán contra un supuesto ajuste, comportándose como malos curanderos de antaño.
Pero, tal como enseñó Nicolás Maquiavelo, el fin impone medios y si no se está dispuesto a usarlos no se puede pretender gobernar un país.
El gradualismo significa para el gobierno eludir día a día la resolución de los problemas que debe enfrentar, y cuando la gente advierte que el bien no se hace y el mal se aplica de a poco, se cultivan las más impensadas de las reacciones irracionales, y Venezuela debe ser un ejemplo a tener en cuenta.
Paradójicamente "sí se puede" pero es más fácil poder estar igual o peor que mejorar; llegamos al punto que se acabaron los "gurú", sean de acá o de allá, vivos o muertos.