En agosto de 1975, ya teniente general Videla, lo nombró Jefe del Estado Mayor. El 31/07/1978, Videla lo ascendió a Teniente General y lo hizo Comandante en Jefe del Ejército, en su reemplazo. Así, Viola ingresó a la Junta Militar en reemplazo de Videla, quien continuaba como Presidente hasta cumplir su mandato de 5 años.
Las tensiones entre Videla y Massera habían sido enormes, y el Ejército acusaba a la Armada por varios atentados que habían ocurrido contra integrantes del equipo económico, y otras personas cercanas al Ejecutivo Nacional.
Viola era un personaje curioso, cuyos silencios ponderaba Rosendo Fraga (quien competía con Ricardo Yofre por quién influía más sobre los periodistas políticos. Yofre del lado de Videla y enemistado con Massera, y Fraga buscando atributos en Viola. Joaquín Morales Solá, por entonces columnista político de Clarín, le encontró uno muy curioso: los silencios. El problema era que no eran silencios resultado de la reflexión sino de la ignorancia, pero es tema para otra historia).
Los militares, en conjunto, habían cometido el mismo error que Juan Carlos Onganía en la Revolución Argentina: afirmar que no tenían plazos ni límites ni compasión sino objetivos, tampoco muy nítidos.
Y cometieron diversos excesos (decreto-ley N° 21.256/76): detener personas en forma ilegal, desplazar a la Corte Suprema de Justicia de la Nación y a todos los gobernadores, designar 'de facto' un falso parlamento (Comisión de Asesoramiento Legislativo) y suponer que los 'blindaba' tener el apoyo de la Sociedad Rural Argentina y la Asociación de Bancos, los diarios La Nación y Clarín, Mariano Grondona y Bernardo Neustadt, Mirtha Legrand, 'Chiche' Gelblung y la revista Gente, Mercedes Benz y Ford Motor, entre otros. Nada de todo eso era sólido, todo volátil.
Videla representaba las 'palomas', la 'línea blanda' del Ejército, que podía afrontar una restringida apertura democrática. Los 'halcones' eran conducidos por los ampulosos e irracionales Luciano Benjamín Menéndez y Ramón Genaro Díaz Bessone.
General Viola se despide del periodismo 1979
En tanto, Massera tenía un proyecto político propio muy cercano a un peronismo fascista. Agosti no existía.
La Junta Militar estableció que el Presidente sería un militar y por un plazo máximo de 5 años.
La Junta se reservó -una victoria pírrica de Massera- la atribución de remover y designar otro Presidente cuando quisiera.
El 28/12/1978, Videla designó su sucesor en el Ejército a Viola, otro integrante de la 'línea blanda', quien también imaginaba una progresiva apertura democrática, más popular que la que imaginaban los 'videlistas'. Era casi indiscutible que el jefe del Ejército heredaría la Presidencia de la Nación.
Viola asumió la Presidencia su efímero mandato el 29/03/1981. Su sucesor en el Ejército fue Galtieri, designado teniente general el 28/12/1979.
Entrevista a Viola, designado Presidente, 1981
El 28/12/1979 la Junta Militar quedó integrada por Leopoldo Fortunato Galtieri, el almirante Jorge Isaac Anaya, y el brigadier general Basilio Arturo Ignacio Lami Dozo.
Durante la gestión Viola, Galtieri cobró protagonismo, en especial por vincularse a personajes del gobierno republicano estadounidense, que lo convenció de participar de asistir a militares y paramilitares centroamericanos que libraban guerras civiles anticomunistas. Galtieri llegó a ingresar a la Casa Blanca en días de Ronald Reagan.
Este vínculo confundió a un personaje primario como Galtieri, creyendo que su vínculo con USA forzaría la neutralidad estadounidense en el futuro conflicto con los británicos en Malvinas.
La promoción de Galtieri fue el acto de defunción del gobierno futuro de Viola, lo que formalmente ocurrió el 11/12/1981, cuando Galtieri fue Presidente, ya declarada por la Junta la incapacidad de Viola para ejercer funciones.
Jóvenes entrevistan a Galtieri, 1980
El 'violismo' intentó sobrevivir a través del ministro del Interior, general Horacio Tomás Liendo, pero tuvo vuelo corto. La Junta designó Presidente interino al vicealmirante Carlos Alberto Lacoste, quien estuvo entre el 11/12/1981 y el 22/12/1981.
Entonces llegó Galtieri, reivindicando la 'línea dura' del Ejército, opuesto a cualquier apertura democrática, dispuesto a audacias ilimitadas tales como la guerra en el Atlántico Sur para convocar al nacionalismo argentino a estrechar filas detrás del ya declinante 'Proceso'.